Diario de Castilla y León

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Esta semana se ha montado el belén en la capital soriana adornado de polémica política. La oposición del PP denunció posibles irregularidades en la contratación del montaje y ornamentación del belén que se instala en la Plaza Mayor. Critican que se haya encargado a la empresa de un familiar del alcalde a pesar de que otra empresa sigue teniendo la obligación contractual de hacerlo. Habría una supuesta duplicidad adjudicando el contrato añadido dos años de forma directa, otros dos mediante procedimiento negociado y los dos últimos previa licitación. En todos los casos el trabajo acabó en manos de la empresa que el PP dice que es de un familiar del alcalde. Habrá que ver en qué queda todo, porque los populares han puesto a trabajar a sus abogados en el asunto por si tienen que pasar de la denuncia política a la judicial. Al margen de la cuestión concreta, lo que sorprende es la respuesta del equipo de gobierno que lidera el alcalde, Carlos Martínez Mínguez, que ahora se ha propuesto ser alcalde de Castilla y León. Se explica solo que todo es transparente para empezar a arremeter contra la oposición, hablando de miserias, de reuniones nocturnas y otras monsergas para intentar menoscabar sus actuaciones. Es curioso, porque Mínguez ejerce, o lo intenta, de oposición en Castilla y León y sus argumentos se suelen reducir a tildar de cadáver político al presidente o a insultar a consejeros llamándolos mentirosos. En lo del belén hay más argumentos. Como los había en el asunto de una quinta planta ilegal construida en un edificio soriano cuya aprobación en el pleno se paró por la labor de la oposición, que puso sobre la mesa que esa planta ya estaba construida, algo que sabía todo el mundo menos el equipo de Gobierno. Por ese trabajo de la oposición, se paralizó la legalización de algo que no era legalizable. El Ayuntamiento ordenó primero la demolición, antes de las elecciones, y la anuló el alcalde después de los comicios, comprando el argumento de que era para paneles solares. La oposición acudió a los tribunales y el varapalo para la empresa y el consistorio fue de envergadura, pero no por ello se dejó de demonizar a la oposición, como es habitual en el equipo de Martínez Mínguez. La labor de la oposición sirvió para evitar un atropello urbanístico, eso sí, gracias a los tribunales. Y eso es lo que debe hacer una oposición. Como han hecho también la de Almazán frente a la privatización del servicio del agua. Denunció el PP un pliego plagado de irregularidades, incluida su aprobación, que no pasó por el pleno. El socialista Jesús Cedazo ha suspendido la licitación, recurrida por los populares, así que no debía estar muy seguro de haberlo hecho bien. Y eso es lo que espera la ciudadanía de la oposición, que controle a quien ejerce el poder, pero parece que eso no agrada a Carlos Martínez y sus pupilos, que siempre responden con la descalificación.

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