Diario de Castilla y León

Editorial

Los malos datos de paro y la política mediocre y triste en territorio vigoroso

E.M.

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LA SUBIDA del desempleo, por los motivos que sea, es tan mala como bueno es su descenso. En noviembre Castilla y León anota la segunda peor subida a nivel nacional, con los parados por encima, nuevamente, de los cien mil. Es cierto que es un dato mejor que hace un año en un análisis de la temporalidad. Pero bajar de esa barrera histórica de los cien mil desempleados, que ya se consiguió durante cuatro meses en verano, debe ser un reto para todos, especialmente para los empresarios que son los verdaderos creadores de empleo. Las administraciones, todas, tienen que poner las condiciones favorables y las menores trabas para que el empleo, que es el verdadero motor económico social, recupere la senda ascendente cuanto antes. En cualquier caso, las tasas de desempleo en Castilla y León, no siendo de los primero puestos, se sitúan por encima de la media nacional.

El sector servicios es el que capitaliza la caída en el mes de noviembre y lastra la creación de empleo. Algo que tiene mucho que ver con la estacionalidad, como en el mes precedente lo fue la agricultura. Precisamente esa debilidad de la estacionalidad es la que deben ayudar a combatir las políticas públicas, con acciones destinadas a fortalecer esos sectores en los meses de más debilidad. Sectores como el del turismo o el del comercio, que repuntarán en diciembre, sin ningún género de duda. En cualquier caso sigue siendo decepcionante comprobar como la mediocre política que no nos merecemos celebra que crezca el desempleo con el único ánimo de intentar hacer mella al adversario. Pero en cualquier caso y pese a los malos datos de subida del desempleo el tan cacareado apocalipsis sigue sin llegar, afortunadamente para todos, a Castilla y León. Y no llegará, porque las previsiones económicas no auguran ninguna borrasca temible en el horizonte. En cualquier caso, cada cual es libre de coger el rábano de las estadísticas por las hojas o por donde le salga de la angustia electoral.

Los buenos datos del empleo no son obra de un gobierno ni de los gobiernos. Son obra de la buena marcha de la economía y especialmente de esa clase heroica que ahora se llama emprendedores y que son empresarios de toda la vida. Pero empresarios de los de verdad, de los que crean riqueza y con ella puestos de trabajo, no de los que pregonan desde organizaciones pese a no tener ni empresa.

De los agoreros, poco más hay que decir, se retratan solos, con esa traición del subconsciente, deseosa de que las cosas vayan mal a ver si a ellos les van mejor en las urnas. Política mediocre y política triste en un territorio fuerte y vigoroso.

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