TIERRA ADENTRO
El día de las violetas
No todos se percataron. Pero fuimos muchos los que celebramos un día muy especial. Ocurrió el domingo. Amaneció con aromas de violeta por doquier. Pétalos morados volaron al viento en los sueños del último romántico. A algunas les llegó, como todos los nueve de noviembre y como siempre sin tarjeta, un ramito de violetas. A estas alturas del texto estáis todos y todas tarareando a nuestra Cecilia, la que nos dejó para siempre su corazón morado dentro de un ramito de violetas. Cecilia, la que quiso mucho y descubrió nuestro Joaquín Díaz. Hay muchas fechas que me sostienen vivo en la agenda. Una de ellas es la del 9 de noviembre. Aunque florezcan en primavera y no sean dóciles flores domésticas. Y, como aseguran las ultimas floristas, ese día se piden flores moradas y violetas en tiesto ante la ausencia de ramitos. Es curioso que el ramito haya trascendido tanto a la copla, a la canción, al cine, a la literatura y en especial a un gesto de amor. “Aunque su marido era el mismo demonio.” Y, es que la violeta está llena simbolismo, de aromas, de bonitas palabras y de unas tonalidades que son obligadas en la paleta de colores. Son notas violáceas en el aroma de los vinos, en los perfumes. Sus añiles, morados, granates… Color violeta. Desconozco el organismo, institución supranacional o comarcal, sanedrín o tribunal supremo que se encarga de dictaminar y sentenciar los “días de…” cosas, animales, hechos, oficios, colectivos y a veces estrambótico y largo listado de gilipolleces… No pienso consultar la wiki y ni la IA, ni tantas y tantas sabias plataformas virtuales. Como se vaya la luz, van a salir y saltar analfabetos como ranas y caracoles después de llover. A cañón. A capela y, como mucho, la Espasa. Pero, como la tengo enladrillada por una mampostería de miles de libros a muchos kilómetros, olvidada al rigor del frío y a merced de los roedores, pues, tiro pa’lante sin mirar atrás. Después de esta exposición le doy la vuelta al día después y entro a matar. Cómo cambia uno de un renglón a otro. Así es la vida. Es la moda cambiar de color, de calor y de cara. ¡Tendrá que ser así!, como dicen los terracampinos cuando no se puede luchar contra el nublo. Menos mal que, al menos, nos queda soñar con el día de las violetas. Vamos a ello. Hay canciones que no se olvidan. Son melodías que se quedan para siempre en la memoria, letras que se incrustan en el recuerdo triste, en la pena, en la sonrisa feliz en un tiempo pasado. Y es que nos hemos pasado la vida cantando. En misa, en la revolución, en la romería, con la cuadrilla de amigos, en la bodega y en la mesa familiar. A todos ellos y ellas que somos legión, os propongo que el día nueve de noviembre sea declarado el Día de las Violetas. Va por ti, Cecilia.