Diario de Castilla y León

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EN LA FRESCURA de su juventud Eduardo Mendoza escribió, con tan solo treinta y dos años, la novela que le puso en el disparadero del mundo en 1975: la verdad sobre el caso Savolta. Es cierto que el autor no ha dejado de publicar otras obras como “Sin noticias de Gurb”, “La aventura del tocador de señoras” o, más recientemente, “Tres enigmas para la organización”. Sus obras han sido siempre bien recibidas por el público y aplaudidas por la crítica. Todas ellas le han consagrado como escritor de talla internacional que maneja el lenguaje y las tramas como pocos lo hacen. Sin embargo, la verdad sobre el caso Savolta marcó un antes y un después en su carrera literaria. En ella retrata el ambiente convulso y enrarecido por el pistolerismo en la Barcelona del primer tercio del siglo pasado. Cuenta la historia de la familia Savolta, una dinastía de industriales que se enriquecen extraordinariamente con la Gran Guerra que está asolando Europa. La llegada a la ciudad de Paul André Lepprince, un francés de origen oscuro y modales exquisitos que se introduce en las altas esferas económicas de la capital catalana, logra poco a poco acercarse a la familia Savolta y, un tiempo después, ocupa un cargo directivo de la compañía, logrando despertar la curiosidad de unos y la inquietud de otros en el peculiar entorno político y empresarial de la ciudad condal. Las situaciones y los personajes que detalla tienen un perfil casi grotesco, llenas de humor y de ironía donde el ingrediente amoroso no falta. El desarrollo y desenlace se la dejo a ustedes por si la quieren disfrutar. Han pasado cincuenta años desde que vio la luz y Eduardo Mendoza ha recibido el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025. Su discurso fue breve, sencillo, elocuente y algo sarcástico. Recordó que tuvo la suerte de criarse en un ambiente que le inculcó las virtudes del trabajo, el ahorro y el decoro, gracias a lo cual salió vago, malgastador y un poco golfo, tres cosas malas en sí, pero buenas para escribir novelas. Sin embargo, afirmó que no le gusta el mundo tal como lo ve. No es de extrañar. La sociedad occidental en la que vivimos está cambiando rápidamente, a marchas forzadas y todo lo que fue, está dejando de ser. Un cambio de época se avecina. No será ni buena ni mala, sino distinta.

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