PIEDRA DE TOQUE
La hora del pez payaso
No sé ustedes, pero servidor no cabe en el pellejo caduco que Dios le ha regalado en este otoño. De tanto estirarlo, me parezco al acordeón más grande del mundo, ubicado en Villanueva–La Guajira: un feudo colombiano exclusivo para flautistas de las farc. Todo esto para decirles que hoy –esta noche– algunos tendremos sesión continua de estiramiento acordeónico. Hoy dormiremos una hora más: a las tres serán las dos. La orgía que pienso correrme no puedo revelarla por consejo médico. Pero el aviso es más viejo que un goterón. Lo aprendí del Corbacho: «bien está el pie en la pierna». Y tan bien, como que fuera de ella todo es reúma insoportable, gota hijoputesca.
Este colocón se lo debemos a Sánchez y a la UE, nuestros enemigos más leales. En cuanto piensan que algo pueda perjudicar al cliente, lo adoptan, lo magnifican, y lo declaran decreto ley por imperativo de la agenda 2030: acoquina flotilla. El decreto de la hora es el más benévolo de todos: sólo afecta a la salud de los viejos, niños, enfermos crónicos, insomnes a golpe de botellón, y a los perros y a los gatos que no cuentan.
En cuanto a la opinión de Sánchez –ahora rechaza el cambio horario–, ya no sirve para nada. Es un apestado crónico tocado por la divina corrupción. Da igual que se sume o no a la protesta ciudadana. El cambio de hora es para Pedro folklore taconista. Es la hora del pez payaso: puro colorido, movimiento chiriviresco, pimpinela escarlata que vive de las anémonas a cambio de espantar a los críticos del eco negocio. Política del coral de oro –el más usados en joyería, y que tanto estiman Ábalos y Koldo– para evitar la contaminación bacteriana del océano con chistorras que no tienen hora fija, pues todo es fritanga oceánica.