Diario de Castilla y León

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UFF, QUÉ RESPIRO!, Virgen de Fuentes bendita, patrona de mi pueblo. ¡Menos mal que el tirano Sánchez no la tiene. Me refiero a la bomba nuclear, que es lo único que le falta como dominio TLD –Top Level Domain– para salirse de madre en todos los órdenes: comerciales, políticos, informativos, morales, lucrativos, y la madre que lo parió. Pero antes de nada, ciñámonos, a lo que dijo su excelencia el TLD –o el Todo Lo Domino– para que no me llamen facha o manipulador. Esto dijo el martes 8 a la hora del desayuno continental: «España, como saben, no tiene bombas nucleares, tampoco tiene portaaviones ni grandes reservas de petróleo. Nosotros solos no podemos detener la ofensiva israelí. Pero eso no significa que no vayamos a dejar de intentarlo».

Cierto. Sánchez no tiene bombas nucleares ni portaaviones ni petróleo. Por no tener, ni siquiera tiene ejército, sino una ONG al servicio de la ONU para misiones de paz tan comprometidas como la de esos funcionarios, que planificaron con los terroristas de Hamás el masivo asesinato del 7 octubre del 2023, que se saldó con 1400 muertes, y con 252 secuestrados para chantajear a la nación israelí durante 2 años más. Por eso dice el TLD –Todo Lo Domino– que él solo –la encarnación absoluta de una España en bancarrota– no puede «detener la ofensiva israelí». Ah, pero añade una coletilla –la de Perogrullo, que a la mano cerrada llamaba puño–, que ha dejado al personal de piedra con esta puntuación: «pero esto no significa que no vaya a dejar de intentarlo».

¿Cómo? Con la retórica de un tirano que navega entre la hipocresía y el disimulo cual Pedro por su casa, como refleja Jorge Guillén en La potencia de Pérez, ese gran poema que define con exactitud poética a las tiranías del siglo XX. Ahora en el XXI, y no por capricho del destino, ese poder depredador se identifica plenamente con la potencia de SáncHEZ. Comienza con el mismo planteamiento reductor e incendiario «que excluye a muchedumbres de adversarios/ presos o bajo tierra:/ no votan, no perturban. ¡Patria unánime¡». Demostrar aquí, una vez más, que SánchEZ es un tirano de Perogrullo, es tan patente que resulta cansino e inútil. Hasta Europa, que desde el rapto de las sabinas no hace más que dormitar en cueros, se ha dado cuenta en estos días.

La hipocresía es la gran baza de toda tiranía. Se la saca de la manga para hacer ganchillo con mango ergonómico –aguja de aluminio que usaba mi abuela para tejer sin lentes–, pero sin importar el orden y la cantidad de puntadas. La hipocresía en Sánchez es su virtud más sincera para tricotar corrupciones: señala lo que no tiene, pero con una convicción como si tuviera la bomba atómica, portaviones, y ejércitos en los que nunca Hamás se pone el sol. De aquí al disimulo –la otra gran virtud sanchista– hay un paso. Es algo que denunciaba Cervantes en su Viaje del Parnaso, con permiso de Amenábar, el moro de la morería, que acaba de convertirle en un homosexual porque le sale del pirulí: «el disimulo a veces sirve de aumento a las demás virtudes».

En el tirano Sánchez ese a veces cervantino es una mera licencia, un enganche, pues la hipocresía y el disimulo se dan siempre en él como la manifestación jubilosa que señalaba Guillén en su Pérez más SáncHEZ que nunca: «El Jefe/ no, nunca se equivoca». Acierta incluso en la hipocresía y el disimulo, que son su máscara a la medida, el guante blanco que se ajusta a los hostiones de su política con delicadeza perfecta, con sagrante y con sagrada. Tan es así, que lo ha convertido en un fenómeno hipostático: une su naturaleza corrupta al de su verbo de sauna irrespirable en un mismo vaho. ¿No lo creen? Continuamente nos da lecciones de hipostasía fantástica difíciles de imaginar y más aún de digerir: «somos el Gobierno más limpio de la democracia».

Por esto mismo, no se tomen a broma lo de la bomba atómica, y menos su delirante declaración institucional: «Nosotros solos no podemos detener la ofensiva israelí. Pero eso no significa que no vayamos a dejar de intentarlo». Desde el lunes 8, hasta ayer domingo 14, no ha hecho otra cosa que activar una explosión atómica y antijudía, de limpieza de sangre, por todos los rincones del dominio sanchista: en el Consejo de Ministros, en el Congreso de los Diputados, en las televisiones, y en la Vuelta ciclista a España. Actitud bélica del TLD –Todo Lo Domino– que recuerda las prédicas de Vicente Ferrer en 1412, que acabaron en matanzas de judíos, y en la negación de todo cristianismo humanista y del derecho más elemental de gentes.

Si SáncHEZ tuviera la bomba atómica, podríamos imaginar «la edad de oro» que inauguraría como émulo del Pérez guilleniano: un «¡Jubilo de camisas! Pueblo sano»; una correría de flotillas surcando los mares camino de Gaza para aniquilar al pueblo judío, y en prevención, claro está, de un ataque judaico a España, según el comunista Enrique Santiago; una interminable Vuelta ciclista a España de corruptelas blindadas en donde el juez Pedraz no vea delitos de odio, y en donde el Frankenstein rubrique lo que realmente importa ahora mismo: la SancHEZ como «la total justicia», que escribe el poeta de Valladolid; y lo más importante de todo: crear un paraíso político en donde la disidencia no exista por ley universal porque siempre es culpable: «Apunten, fuego».

Conclusión, que estamos en las mismas, y perdón por la monserga de todos los lunes. ¡Qué impotencia! Yo no tengo ni quiero bombas atómicas, ni ficciones ni trastornos esquizoides. Siento el nudo corredizo en la garganta, y sólo me queda un clamor libertario que deje al tirano en su Auschwitz, en sus crímenes, y en sus robos de velero bergantín: delenda este tyrannia.

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