Diario de Castilla y León

Editorial

Las Cortes o cómo existir cada día más alejados del sentir ciudadano

Rubén Cacho ICAL

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LA TRAGEDIA del fuego que hemos padecido este agosto, sin precedentes y todavía con un buen trecho de campaña por recorrer, no se resuelve con pactos de estado ni de comunidad. Y lo primero que hay que hacer es resolver esa tragedia con la agilidad de las ayudas prometidas para los damnificados. Hay gente que se ha quedado sin casas y casi sin medios de vida, porque los castaños o las abejas, por ejemplo, son medios de vida y proyectos laborales en muchos de esos lugares. Como lo es el turismo, con todo lo que mueve y arrastra a su alrededor, que se verá ahuyentado por paisajes carbonizados y el miedo a que la tragedia se repita. Porque se repetirá por más medios que se apliquen siempre que haya un desalmado o un inconsciente dispuestos a prender fuego de forma voluntaria o involuntaria.

Tras las llamas, lo primero que tiene que atajar y atacar la política son las soluciones a esa gente que ha perdido tanto. Lo segundo es un plan lo más eficaz y acorde para la reforestación de los montes y la recuperación del paisaje, pero también de los pastos.

Los planes de estado o autonómicos contra la emergencia climática, que es el eufemismo con el que los cínicos llaman ahora a esta gran tragedia de los incendios, requiere una altura de miras y madurez de la que carece la política actual, más ajustada a no perder las cuotas de poder o de oposición que mantiene, para que todo cambie, pero todo siga igual.

Los pactos no deben ser autonómicos. Deben ser nacionales. Los incendios no entienden de fronteras. Por eso es absurdo alcanzar acuerdos en Castilla y León que luego no concilian con Galicia, Asturias, Cantabria o Extremadura, por poner como ejemplo algunas de las regiones que nos rodean, que son muchas.

El último pleno de las Cortes, con el que la oposición pretendía provocar un desgaste al partido del Gobierno de la Junta, a menos de siete meses de las elecciones, les salió rana. Fundamentalmente porque lo que se digiere y disputa en ese hemiciclo está cada día más alejado de las exigencias y realidades en las que están involucrados los ciudadanos de Castilla y León. Resultó lamentable asistir a una sesión, que además nos cuesta dinero a los ciudadanos, a la que algunos solo acudieron con su letanía de retórica y algún chiste fácil, pese a tratar sobre la tragedia de la gente, para justificar su mera existencia política. Más alejados no se puede vivir del sentir de la gente.

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