MENSAJES CRUZADOS
Dignidad de dignidades
CUANDO un bombero se negó a darle la mano al presidente de la Junta de Castilla y León, lo hizo –o eso ha trascendido– porque pretendía reprocharle a Mañueco las palabras vertidas por su consejero de Medio Ambiente... Palabras en las que el consejero habría calificado de «despilfarro» el operativo anti incendios.
El bombero, sin duda, supongo que estaría profundamente afectado por todo lo que venía sucediendo durante los últimos días, y tal desplante ha sido tomado como «gesto de dignidad». La dignidad de un brigadista que entiende que la exclusión y negación de un saludo es el castigo que merecía en ese justo momento el presidente de la Junta de Castilla y León.
El gesto es un gesto, seguramente premeditado y coordinado, que ha puesto de relieve el malestar de los bomberos o, en todo caso, de algunos de los bomberos que se han encargado de sofocar los terribles incendios que han asolado y perturbado nuestro territorio. El gesto es un matiz simbólico que enfrenta una realidad con la otra realidad que dispensa ese nerviosismo sistemático que ha truncado y destrozado el verano en muchos de nuestros pueblos. Es, quizás, el resultado de un enquistamiento y atascamiento social que ha sido pródigo y maldito.
Y así se aprovechó la coyuntura del reproche silencioso en el que se omitía un saludo y, de paso, se pedían más altas las remuneraciones –la pasta es la pasta– para esos individuos que apagaron los fuegos o, que al menos, intentaron apagarlos. Es el símil comparativo de las remuneraciones en otros territorios que, por lo visto, son mucho más generosos que Castilla y León.
Pero no entro en eso. Porque lo que pretendo es poner de relieve el gesto vehicular que ha servido para que los que escribimos en los periódicos analicemos la esencia y sus posibles resultados. Es un signo que se ofreció a través de la negación de un saludo a la autoridad competente. Un signo silencioso que ha trascendido a través de la omisión de un saludo. Los gestos son por lo tanto símbolos latentes frente a una sociedad que protesta por lo que dicen y hacen los individuos que en un momento determinado la gobiernan. Es un acto que omite y a la vez visibiliza lo que, a veces, sucede en un entorno.