EL GABINETE
El bullying: del maltrato al control social
UN niño de 13 años me contaba sorprendido, que ya le habían impartido hasta cinco veces la misma charla sobre el bullying. Con cierto sarcasmo, me preguntaba por qué no le enseñaban cosas más útiles en el colegio como primeros auxilios o supervivencia en el campo.
Otra niña de la misma edad llegó llorando, desconsolada, alegando que la estaban haciendo bullying. Su madre, furiosa, fue a hablar con la directora. Tuve la oportunidad de hablar con la joven y, tras insistir, me explicó lo sucedido. Al parecer, una compañera le había comentado que otras niñas de «otro colegio» hablaban mal de ella.
Es evidente que existen casos graves de bullying, pero también es cierto que hoy vivimos en un país paralizado por la corrección y la sensibilidad. Solo el 23% de los españoles se declararía dispuesto a defender su país, frente a un 94% de marroquíes dispuestos a morir por el suyo.
La constante moderación, la búsqueda de la tolerancia, el pensamiento Alicia, el pacifismo ingenuo y exacerbado nos ha llevando a otro extremo. Hoy parece que, si tienes creencias firmes, eres sospechoso de radicalismo o negacionismo. Lo que me decía el niño de 13 años era cierto, la ideología actual nos ha llevado a que cualquier atisbo de «fuerza» o «masculinidad» puede ser interpretado como microagresión.
El nuevo dogma del siglo XXI en Occidente es el triunfo de la víctima, –Es el nuevo héroe–, y prácticamente siempre se le otorga la razón, aunque sea sin pruebas ni testigos.
Pero debo recordar las muchas consecuencias psicológicas de la cultura de la víctima: a) el oportunismo de identificarse como víctima para obtener ventajas legales o subvenciones; b) una sociedad muy blandengue; c) un discurso dogmático que impone cómo pensar y hablar, incluso qué chistes no contar. (Y todos ustedes ya sabrán que ya no se cuentan chistes); d) adherirse al significado e instalarse en la queja no es precisamente recomendable para la salud mental, etc.
Un enorme discurso apoyado por leyes globalistas y determinadas ideologías políticas. Hasta hace muy poco, que te dieran la baja laboral era un deshonra, hoy, las bajas laborales de larga duración han aumentado un 300%. Estamos ante la cultura donde quejarse y presentarse como víctima te da la razón y muchas ventajas.