Diario de Castilla y León

Creado:

Actualizado:

POR LO VISTO en Alemania ya se han empezado a dar cuenta de que la utilización del lenguaje inclusivo no sirve para nada. Sirve, en tal caso, para conformar a los que desde determinados estamentos y fundaciones tienen que justificar por qué cobran una abultada nómina todos los meses y que las subvenciones llueven como si vivieran la eterna primavera. El lenguaje inclusivo es, en definitiva, excluyente porque evita dar por sentado lo que siempre se representó como pauta general. Y sirve, si acaso, para tapar complejos de algunos y dar cobertura a otros que no tenían nada que rascar. El lenguaje inclusivo atenta contra el lenguaje con el que nos hemos comunicado desde hace miles de años. Los grandes autores y las grandes obras literarias no hubieran sido lo mismo con tantos elementos vacíos que no ofrecen ningún tipo de cobertura. Precisamente la grandeza de la novela de Lázaro de Tormes se deriva del ahorro de palabras y de la intuición que el autor ofreció al idioma castellano para que quedase claro y muy bien explicado todo cuanto pretendía contar. Pero hoy la política aspira a ser diferenciadora hasta en eso y a los que hablamos el idioma castellano nos pretende imponer normas absurdas que no aportan nada nuevo y que pueden evocarse como meras ocurrencias que, sin duda, podría servir para que feministas de pacotilla y otros allegados sientan que hacen algo por la sociedad.

El ministro de cultura alemán Wolfram Weimer ha dado un paso definitivo y también definitorio para que los ciudadanos entendamos de un vez por todas que lo que tenemos que hacer es hablar como se habló toda la vida, porque los propios idiomas son inclusivos por naturaleza. Y por esa razón en ese país del norte de Europa se van a dejar de utilizar documentos públicos que alteren las pautas tradicionales de un idioma milenario. Y es que la humanidad ha de seguir avanzando pero nunca ha de hacerlo con memeces y ocurrencias que deslegitiman a los grandes autores que nos precedieron.

Vivimos tiempos borrascosos que pasarán de largo sin dejar huella alguna. Tiempos convulsos en los que casi todo es un sinsentido en el que los ciudadanos tienen que seguir las sendas que marca esa ideología sesgada e interesada que solamente pretende seguirnos gobernando, incluso en contra de los intereses del propio Estado que gobierna y de la gran mayoría de los ciudadanos que lo habitan.

Comunicar es así de simple. Cuantas menos palabras utilicemos para hacerlo, tanto mejor. Porque en ese abismo intemporal de los idiomas que se hablan en La Tierra está implícita la capacidad que los seres humanos tenemos para poder sintetizar. Decir lo que nos apetece a los que intentan imponer sus miserables modos comunicativos.

tracking