Diario de Castilla y León

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LA CALMA antes de la tormenta, si es que llega a llover. Entre ocurrencias, maledicencias, obediencias y reverencias avanza ya el mes de agosto y se abre ese agujero negro en el tiempo y en el espacio en el que habitan las serpientes de verano y se refugian los sospechosos habituales. Amparándose a sagrado como los espadachines de capa oscura y sombrero de ala ancha. Hay quien llega al oasis veraniego como el boxeador al que le salva la campana, arrinconado en su esquina y harto de mamporros, de izquierda y de derecha, a la mandíbula de cristal. Y hay quien se va a encerrar a la sombra, como un opositor, preparando el temario de los exámenes que se avecinan. Éstos, los más aplicados, esperan que el devenir desbocado de los acontecimientos políticos no les atropelle desprevenidos, sin dardos o sin excusas, algún un informe de la UCO que rasgue la noche como un relámpago de luz reveladora. Mientras unos viven la vida loca quizá un último verano, otros repasan el libro de vacaciones Santillana por si el generalato que decide manda tocar a rebato y hay que salir en tromba a por el enemigo. Calienta, que sales. En cuanto llegue septiembre, tanto cigarras como hormigas ya sabrán a qué atenerse. Prietas las filas, como los legionarios romanos que nos conquistaron y resulta que, al final, nos dejaron sin civilizar del todo. Para cuando se celebren las fiestas del Cristo en mi pueblo, las hostilidades estarán declaradas y las trincheras dispuestas. Ojo, mi capitán que eso es fuego amigo. Sálvese quien pueda. Sangre, sudor y hierro, el Cid cabalga. No habrá moro sin su cristiano ni cañón sin su mecha y su artillero. No haga prisioneros, su merced, que hay que darlos de comer y no hay titos para todos. Las mata hari de barrio no descansan en verano como los pirómanos, que aún tienen la suerte de que el código penal no les recete la pena que yo les impondría y que mejor no pongo por escrito. Peores brujas ardieron y eran inocentes. De magos, hechiceras y trucos sacados de la manga se poblarán las funciones matinales y vespertinas de los hemiciclos y plenarios. Se abre la temporada de ópera con los mismos sainetes de toda la vida. Florituras vocales en si sostenido, el diafragma sosteniendo la nota en el do de pecho al entonar el ‘Y tú más’. Un orfeón de peones en primer tiempo de saludo, con la rodilla preparada por si llaman a genuflexión. Y ustedes que lo vean y yo que lo cuente. Nada nuevo bajo el sol. Con tal de que no arda el monte, contagiado de tanto ardor guerrero y golpes de pecho, me conformo. Ya llegará el otoño de las vanidades y haremos cuentas. Y en invierno, si el cambio climático lo permite y sus majestades quieren, caerán las hojas como papeletas en una urna, llevadas por el viento. ¡Milana bonita!

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