TIERRA ADENTRO
Verano azul
YA NO SON los veranos como los de antaño. Empezaban antes del 21 de junio y duraban más en tiempo de relajo, ocio y sin clases. Quitando un par de “nublos”, el sol salía hasta la Virgen de agosto. A partir de aquí, frío en el rostro. Y esto no lo para ni el cambio climático. Al menos en suelo terracampino. Curioso este manto mariano que sigue marcando nuestro calendario vital. Algún día habrá que analizar el sustrato sociológico de las romerías, los patronos, las vírgenes y las fiestas marianas con sus novenarios que hace que, incomprensiblemente, en tiempos de evidente sequía cristiana, nunca le falte a la santa y al santo hombros y brazos para llevar las andas. Cada vez más chicas en esa tarea, otrora de mozos. Si no fuera por ellas, el mundo rural y las tradiciones populares, cultura vernácula, se habrían extinguido. Qué pena que esta reflexión no entre en las teorías de mujerismo zurdo. Ya no quedan hombres. Ni quintos de los de antes. Y con respecto al nublo, hoy es noticia de primera página cuando el pedrisco destroza la cosecha y el río famélico se solivianta y se sale de la linde. Manda huevos que baja seco todo el año, sin cangrejos, ni pollas de agua y de pronto se encabrita sin venir a cuento. Que cada cual ponga el nombre del arroyo de su pueblo o el riachuelo que se ajuste a estas coordenadas de sorpresa atmosférica. Antaño, el campanero avisaba con aquellos toques de campana, bendito badajo que escribía en bronce aquello de “Tente nublo, tente tú, que Dios puede más que tú”. Alguien en el pueblo apuntaba “pues ya podía Dios impedirlo”. Cuestión de fe. Cada vez que contemplo el cuadro del pintor ribereño Paco Arranz, titulado “El pedrisco” se me congela el alma. Aquel hombre, aquel campesino que abre sus brazos y mira hacia el cielo iracundo porque la tormenta acaba de quitarle el pan a los suyos. Ahora tenemos que andar detrás y llorarles a los de Agroseguro que, junto a la CHD (Confederación Hidrográfica del Duero) o de la cuenca que toque, “aguafundistas todos” son entes siderales por encima del bien y del mal, del agua y del granizo. Del congreso y del senado y si me apuran, hasta de la OTAN y el Vaticano. Tendrá que ser así. Siempre lo fue. Ya se lamentaba antaño el regeneracionista Julio Senador en su “Castilla en escombros”. Por cierto, habrá que leer más al costista* (*Wikipedia) de Cervillejo de la Cruz. Pero eso, para después del verano, de este tiempo “trampantojo” donde todo es bicicleta y piscina en los pueblos y paz en las ciudades, con o sin carril bici. Y euforia y encabronamiento en las estaciones de tren y los concurridos aeropuertos. Aún así, nos merecíamos unas vacaciones. Antes de las elecciones en este verano azul.