PIEDRA DE TOQUE
Rechazo al soterramiento
En la entrada a la Estación de Renfe Campo Grande de Valladolid, cuelga un cartelón impactante que reza así: «Disculpen las mejoras». Es lo que vi el jueves por la tarde. Aparentemente no sabes a qué mejoras en concreto se refiere. Lo digo porque la palabra mejorar, del latín «meliorare», desde el siglo XIII –no la han inventado los señores de Renfe por mucho que se empeñen desde el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible–, significa acrecentar: que algo bueno pasa a ser mejor. De aquí estas mejoras de Renfe. Claro, que uno lo ve de sopetón y se lleva un susto de no te menees, porque las obras públicas causan siempre pánico. Y bueno, si de entrada te piden perdón, la cosa es grave porque la política te la va a meter doblada seguro. Como yo venía del hospital todo contento, por esta vez pensé lo mejor: de hora a hora que pasa, Dios mejora.
Inocente de mí. Al llegar a casa, y ponerme a leer este mi periódico, página 3, algo me hizo tilín tilín, y comprendí el quid de tanto ringorrango, de tantas disculpas por las mejoras como… como si ya nos hubiera caído el premio gordo antes de tiempo. Al parecer, Renfe ha declarado la guerra al Ayuntamiento de Valladolid por la mega Estación de trenes con un proyecto que –de entrada, ya no se llamará Campo Grande de toda la vida, sino Concha Velasco, la chica de Valladolid con una ceja kilométrica– pasa de largo de los intereses municipales como… como si se tratare de la misma cacicada de Sanabria. O sea, que van a comenzar las obras obviando los protocolos más elementales y, sobre todas las cosas, el soterramiento. Reacción inmediata del Alcalde: «Es inaudito que se adjudique la estación de trenes a espaldas de la ciudad». Sentencia renfera: por encima de mi cadáver «disculpen las mejoras».