El dinámico mercado laboral luce músculo y brío en Castilla y León

Otro día amargo, el de ayer, para los jinetes políticos del apocalipsis. Castilla y León es una locomotora en la creación de empleo. Traducido al lenguaje político no asoman las siete plagas pronosticadas por el tudanquismo, atrincherado una década en un delirio de ataques contra Castilla y León. Discurso victimista e insultante que parece haber modificado su sucesor, Carlos Martínez, menos dado a tremendismos que nunca llegan.
Castilla y León ha bajado el paro un 12% el úlitmo año. La tasa se sitúa en la comunidad en el 8,46%, a orillas de lo que se considera pleno empleo técnico y dos puntos menos que la media nacional. Estos son los hechos y son irrefutables. Los hechos que confirman que en los tiempos de bonanza laboral Castilla y León ruge con fuerza. Igual que en los de crisis sufre menos que otros territorios. Y esto, esencialmente, es mérito de las empresas y de los emprendedores. Pero también es mérito del modelo de diálogo social que convierte a Castilla y León en un territorio de certidumbres y credibilidad.
La buena marcha del empleo es el mejor síntoma de una economía sana. De esa economía cotidiana y real. Si la gente tiene trabajo, dispone de una oportunidad para labrar un proyecto de vida en un territorio. Esa es la base esencialmente de todo. Es cierto que hay serios contratiempos como el del encarecimiento de la vivienda y las dificultades para acceder a ellas, especialmente por parte de la población joven. Son esos problemas que se ven llegar por el horizonte, pero que la política no suele afrontar hasta que la tormenta descarga encima. Encima de la población.
Pero también es verdad que la realidad laboral de la comunidad tiene un importante sustento en la política. En la política que se practica desde el ejecutivo autonómico que dirige Alfonso Fernández Mañueco, que a decir de la clase empresarial genera confianza suficiente para afrontar inversiones y ambiciones, que son las que luego se traducen en puestos de trabajo. El empleo luce músculo y brío en Castilla y León, con caídas del paro deslumbrantes en la serie histórica. Y esa es la mejor noticia para Castilla y León. El resto, discursos viciados de ideología que no supera la mediocridad política en la que llevan lustros instalados. Conclusión:por su salud política, e incluso ideológica, lo mejor es que los abonados al apocalipsis semanal abandonen el intento, porque se traduce en que el ciudadano está más que harto de que hablen mal del territorio que labran y construyen a diario con su esfuerzo. Hablar mal de Castilla y León no supone esfuerzo alguno, si no el tudanquismo no lo haría.