Diario de Castilla y León

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SE SUELE DECIR que las comparaciones siempre son odiosas, pero lo que estamos viviendo en la actualidad política, no es una comparación «singular» en ese trato político que dispensa el Gobierno central hacia ciertos territorios, sino un abuso o usurpación de nuestra equidad territorial, bajo el paraguas de un nuevo termino justificable del todo cabe; SIN-GU-LA-RI-DAD.

Viva la singularidad de nuestros ciudadanos y de nuestros territorios.

Viva la equidad territorial, viva el consenso social, viva la solidaridad entre territorios, y viva la fortaleza de negociación del que más tiene sobre el que menos opciones posee.

Esto es un Estado democrático en su pura esencia, o por el contrario, algo nos hemos dejado por el camino del cual acabamos de darnos cuenta, que ni tenemos consenso social, ni equidad territorial, ni solidaridad entre los territorios, y lo peor de todo, los que menos tenemos no poseemos ese derecho a negociar sino a recoger las migajas que nos dejan los más fuertes en su banquete político, social y económico.

Los lectores saben perfectamente que en cualquier negociación si una de las partes tiene por santo y seña, el todo cabe, conlleva que no hay fin, ni límite coherente en sus peticiones, convirtiéndose dichas solicitudes más bien en un puro y escalofriante oportunismo, chantaje y egoísmo, que en una solicitud impulsada por pura necesidad.

El problema no radica sobre quien lo intenta o lo ejercita, sino en quien lo permite, o cómo lo permite, porque la diversidad es riqueza para todos, pero abusar de la diversidad es chantaje.

Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.

Montesquieu

¿Qué diferencia tiene un catalán en ese derecho a su singularidad, frente a la singularidad de los sanabreses, medinenses o zamoranos?

¿Acaso estas dos zonas rurales y la ciudad del Duero, una ciudad con muchas dificultades para conseguir un crecimiento e igualmente singulares, o más, en su esencia, en su historia, en sus dificultades y en el trato dispensado tanto por la Administración central como autonómica, no tienen ese derecho?

¿Acaso la sociedad catalana que reclama un especial trato económico (perdón, singularidad) desde el paraguas del Estado (en el que estamos todos los territorios) pero solo para su territorio, tiene más singularidad que las necesidades de nuestros ciudadanos de las tres localidades a los cuales se les ha suprimido sin diálogo, sin consenso, ni reuniones al efecto, el tren que utilizaban los trabajadores, estudiantes y la ciudadanía en general?

Llámenme loco, pero quizás el concepto de singularidad en Castilla y León en el contexto de «sus trenes», es sustituir la Alta Velocidad por un Media Distancia ( en una zona rural), mientras en Cataluña es, aumentar el material rodante, dotar de aumento presupuestario e independencia en la gestión de una infraestructura pública, pero eso sí, antes pasando por caja.

Apelamos a la singularidad de Sanabria, Medina, Zamora y Segovia para recuperar las frecuencias suprimidas, y reclamar el aumento de los servicios y horarios que sean necesarios para los ciudadanos y para el territorio.

Abramos el melón para todos y aprovechemos el mismo mecanismo político.

Aprovechemos el mismo argumentario territorial. Aprovechemos la misma justificación social.

Y aprovechemos nuestro derecho a ser igualmente singular, como lo son otros territorios, pero eso sí, sin llegar asumir: ‘Lo mío es mío, y lo tuyo, también’.

La SIN-GU-LA-RI-DAD es como el pulpo; Aceptamos animal de compañía, pulpo.

La justicia es el hábito de dar a cada quien lo suyo.

Domicilio Ulpiano.

Carlos Perfecto es presidente de la Asociación de Usuarios de Alta Velocidad de Castilla y León.

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