Diario de Castilla y León

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EXISTE UNA DIFERENCIA significativa entre las dos vertientes de ese refrán que enseña que una vida es predicar y otra dar trigo. El refranero, hilo conductor de la forma de ser y estar en nuestro país, también nos dice aquello de que hablen de mi, aunque sea mal. Uniendo lo uno con lo otro se explican de forma sencilla y rápida las conclusiones del fulgurante paso de la Copa del Mundo de Danza por la ciudad de Burgos con sus miles de participantes y aún más acompañantes. Se ha predicado mucho sobre la importancia de este evento como vector de impulso de la notoriedad de Burgos como destino turístico y, sobre todo, su impacto sobre las expectativas de la ciudad de cara a la competición nacional por ser declarada Ciudad Europea de la Cultura en el año 2031. Una suerte de ensayo general de alto nivel, como en aquella ocasión en que se verificó la resistencia del viaducto del AVE más cercano a Burgos colocando docenas de camiones cargados de grava y mucho más pesados que cualquier tren. Evidentemente, para el equipo de Gobierno municipal la prueba se ha pasado con nota. No esperaba otra respuesta. Lo que sí espero es que de puertas adentro se realice un examen sincero para aprender de los errores con el fin de enmendarlos. En casos como este si merece la pena crear una comisión técnica que evalúe y proponga, alejada de más patrañas sectarias y teledirigidas de otras comisiones celebradas por la corporación municipal. Quizá el más evidente de los inconvenientes despertados por la Copa del Mundo de Danza haya sido la enorme burbuja de entusiasmo inflada por las expectativas y necesidades de éxito. Un ‘hype’, como se dice hoy día, que ha alimentado la frustración de ciertos sectores que, por otra parte, tienden al dramatismo y han dejado muestras de su vena trágica obviando que ellos también han pecado de falta de análisis previo. Cualquiera que tengamos familia y hayamos viajado un poquito sabemos que lo más práctico no son las habitaciones de hotel y las comidas diarias en restaurante en un país extranjero. Era previsible, por tanto, que los apartamentos y los supermercados absorbieran los gastos de estancia de todas estas gentes de diferentes culturas gastronómicas y que la comida rápida, que es de plástico aquí y en Islandia, triunfase. Por tanto estimar que se han gastado tanto dinero como haría un médico en un congreso de neurología es hacerse trampas al solitario. Unos y otros han tomado este evento como una gallina de los huevos de oro, que solo lo ha sido en un único sentido: la notoriedad que ha ganado Burgos en el plano internacional. Acertaba la alcaldesa al trasladar a los miles de participantes su esperanza de que se enamorasen de Burgos, volvieran en un futuro y fueran embajadores de la ciudad en sus países. Eso, con toda probabilidad, será un hecho cierto. Desear que Burgos sea un destino turístico para visitantes de alto nivel de gasto es, como dice el refrán, harina de otro costal.

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