Diario de Castilla y León

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HEMOS CONOCIDO y aplaudido los buenos datos del paro con los que comienza el verano, pero no hay nada nuevo bajo el sol. Contratación estacional para cubrir vacantes temporales. Esa es la mecánica, por mucho que se vista con otras formulaciones que enmascaran el problema de fondo, que está en el hecho de que hay sectores de nuestra economía que llevan muchísimo tiempo funcionando al límite por falta de personal. Es un problema se ha convertido en un lastre que impide avanzar y la falta crónica de personal es ya un vector imparable de pérdida de competencia. Por poner un ejemplo fácil no hay más que fijarse en la falta de relevo en todo tipo de talleres mecánicos, sean de coche, tractores o autobuses, los de reparaciones y otros similares. O en cómo muchas de las empresas de tamaño pequeño o medio del sector de la construcción optan por no crecer por la incapacidad para encontrar personal formado y con disposición a trabajar y a hacer de ese empleo su medio de vida hasta su jubilación. El relevo generacional se ha roto. En sectores como la construcción, encontrar un oficial dispuesto a asumir responsabilidades es cada vez más complicado. Formar a un aprendiz implica cruzar los dedos para que no abandone antes de consolidarse. En ciudades industriales como Burgos, donde la Formación Profesional ofrece una puerta de entrada directa al empleo, el mercado sigue necesitando personal que no aparece. La demanda existe, los clientes también, pero falta lo más básico: trabajadores. El ejemplo más significativo lo encontramos en la hostelería, que siempre fue una muy digna salida laboral para familias como la mía, resulta que ahora es demonizada por los trabajadores a la vez que, paradójicamente, no deja de ganar clientes. La visión de estos oficios ha cambiado en el imaginario colectivo, justo cuando más necesarios son. Castilla y León sigue siendo un destino que el turista escoge también por sus excelentes bares y restaurantes, pero ya casi no hay quien quiera ponerse detrás de una barra. El paro sigue fluctuando en función de las temporadas y da la sensación de que el empleo sólo se moviliza en ciertas épocas del año y en el resto no hiciera falta contar con un trabajo, porque las vacantes son una constante en ciertos sectores, como también lo es la falta de formación o la flojera de algunos aspirantes. Esos al menos lo intentan en el mundo real, lejos de las moquetas y los pasillos interminables de ciertos destinos públicos con los que sueñan multitud de futuros funcionarios. Cada día, numerosos empresarios publican ofertas de empleo sin obtener respuesta, evidenciando que lo que falla no es la economía, ni la demanda. Lo que está estropeado es el vínculo entre el trabajo que se ofrece y quienes podrían asumirlo. Mientras tanto, la política sigue girando en torno a los chorizos y los sillones. Pero fuera de la pelea partidista, en la calle, se vuelve a colgar un cartel buscando personal. Y, un día más, el teléfono no suena.

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