Cantinflas, el estercolero del PSOE

Asoman las ratas. Ya lo avisamos. No se saltan del barco. Se quedan. Encaramadas a la Mesa de Cortes para ponérselo más difícil a Carlos Martínez, que con llegar a la cita autonómica ya habrá cometido una heroicidad, a la vista de la sarna que le asedia. Saltó Tudanca, primero. Y luego, bien sincronizado, metió el cuezo Diego Moreno (Cantinflas) para decir lo que vino a decir el otro, que Cerdán era un señor gordo, del que no tenían noticias, que se sentaba en la segunda fila del hemiciclo y al que sólo conocía Pedro Sánchez y cuatro desarrapados. Y que todos han sido víctimas del Cerdanismo. Las ratas suelen salir a contar desdichas de las que nunca se quejaron en los tiempos buenos, cuando eran aparato y colegueaban, ladinos y subyugados, con ese señor gordo que ya no se sienta en la segunda fila. Claro que Moreno, como Tudanca, el que le tutela, saben que a quien hacen daño no es al que nadie conocía hasta que se lo presentó la UCO a todos. Saben que al que minan es a Carlos Martínez, que es el que tiene que el palo que ahora tiene que aguantar la vela de todos ellos. Bonita forma de retribuir la lealtad por arrendarlo a uno en el Senado y al otro dejarlo de prestado en la Mesa de Cortes, a cien mil cada uno al año. Lo que ocurre es que Moreno, tan indignado y victimizado por Cerdán, juega con fuego, porque al final a alguno se le agotará la paciencia, dentro del seno del partido con el que no comparte nada, y acabará piando sus andanzas y gozos en la fallida moción de censura de Tudanca, el más fallido de los políticos conocidos. Coetáneas andanzas las de Cantinflas de las de Koldo y Ábalos, cuando rompieron todos a chingar como burras. Unos por catálogo y otros por escaño. Y esta es la parte más vergonzosa y repugnante de este estercolero destapado por la UCO, ver a los cochinos intentar asearse rebozándose en una charca de purines para salpicar al de al lado. Y Moreno no se lava ni con todo el agua del pantano de Riaño.