Tierra Adentro
Carla
Hace tiempo me pasó un sucedido y pudo ser el detonante de un sueño acariciado en los últimos años de cara a un futuro no muy lejano. Escribir y contar historias sin punto final. Hasta exprimirlas del todo. Podría pensarse que será lo mismo que llevo haciendo un cuarto de siglo, pues mis garbanzos llegan hasta la fecha gracias a lo que escribo en textos, reportajes, informes, entrevistas, columnas, guiones y escaletas de radio y tele. Pero no. Esto es literatura de campo de batalla, de barbecho, escribir con independencia y sin lindes, sin someterme al enfoque de la noticia y titular. Yo hablo de la otra literatura, la de los clásicos, me refiero a la poesía que “endecasílaba” sus versos y a los relatos con tiempo de matar y resucitar tres veces a la chica. En fin, llegará. Y ahora, al grano y a destripar el titular que dedico a Carla. Es una novela que los hombres y, sobre todo, las mujeres del vino deberíamos leer: La vida de Carla. Por muchos motivos, porque el escenario, la trama, el desenlace y la historia que cuenta trascurre en nuestra Ribera del Duero y la “prota” es una mujer con un par de polifenoles. Hay amor, estados fenológicos, vendimias, podas, desamor, tragedia, vida, muerte, dolor y melancolía. Y vino. Ante todo, un relato bien contado que descarna la superación de la mujer en la viña del Duero. Han pasado muchos años y, mira tú, me la encuentro en la Feria del Libro con su trilogía y sus nueve ediciones. Bien, volvamos al inicio. Al sucedido. Madre dice que me disperso, pero que me lo perdona porque no pierdo el hilo. Por ahora. Fue en otoño. Un domingo al salir de misa. Había mercadillo en la plaza. Al pasar por uno de ellos, me hizo gracia que un puesto de libros se encontrase entre el de la ropa interior, las muñequitas de lana y el de los cacharros de cocina. Me detuve y pregunté a la joven que sonreía entre los titulares. “¿De qué editorial son?”, pregunté. “Son míos”. “¿Los has escrito tú?”. “Sí, claro”, me dijo. Aluciné. Me fui fascinado por esa chica y sus libros. Volví por la tarde y ejercí mi oficio. Quién era, qué escribía, por qué, cuándo, dónde... “Me llamo Mayra, vivo en Tudela de Duero, soy ingeniera agrónoma, pero desde los catorce años me dedico a la literatura, he publicado algunas novelas y cuentos, yo sola me lo hago todo. Escribo, edito, vendo y vivo”. Guau. Qué historia. Y cuando me iba, me espetó: “Este libro, La vida de Carla, te va a gustar, tiene mucho que ver con las mujeres con fuerza y, además, corre el vino del Duero por todas las páginas”. Hace un par de días volví a verla detrás de sus libros en la feria. Radiante. Triunfadora. Mi novelista del Duero. Qué emoción. Allí estaba sin bajar la guardia y con su nueva novela: Los susurros del mar. Se llama Mayra Estévez García, es novelista y nos dedicó a los del Duero la vida de Carla. Gracias.