Diario de Castilla y León

Editorial

Las Cortes de Castilla y León precisan un proceso de regeneración urgente

Eduardo Margareto ICAL

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EL DESCRÉDITO y deterioro en el que se han instalado las Cortes de Castilla y León tiene su medida en el escándalo de la opacidad del uso de sus coches oficiales. Al presidente, Carlos Pollán, no le quedó más remedio ayer que admitir lo que no hace tanto negaba, que los vehículos están sometidos a un sistema de control de sus trayectos y horarios, tal y como desveló este periódico. Esta es la parte del descrédito de la institución, intentar mantener una mentira y una falsedad no se sabe con qué motivo. La pregunta empieza a ser atronadora: ¿Qué esconden las Cortes, y especialmente los miembros de la Mesa, máximo órgano parlamentario, para que lleven meses instalados en excusas, bulos, mentiras y oscurantismos sobre el uso de los coches? Los famosos cuatro BMWs contratados a una empresa asturiana a disposición de cuatro de los seis miembros de la Mesa. Y la pregunta es cuál es el motivo por el que el PSOE sí ha encontrado alianza con PP y VOX para contribuir a ocultar el asunto. El Grupo Mixto todavía está esperando respuesta a su pregunta sobre el uso de los coches.

Ya está acreditado que uno de los miembros de la Mesa, el socialista Diego Moreno, usaba el BMW para asuntos de partido que nada tienen que ver con su representatividad parlamentaria, que es el único uso permitido para esos vehículos. La pregunta también es ¿por qué no se investiga, se da cuenta y se sanciona esa conducta? Todo esto es fruto del chiringuito en que hace muchos años se convirtió la Mesa de las Cortes, con el bipartidismo que tanto repudia Pollán en sus arengas políticas. Con el tripartito, primero de Ciudadanos y ahora de VOX, nada ha cambiado.

Pollán intenta ahora, a la desesperada, quitar el foco de este escándalo que sacude a las Cortes con una propuesta unilateral sobre las incompatibilidades, algo que no está regulado en el Parlamento. De poco va a servir una normativa de incompatibilidades si no existe transparencia que arroje luz sobre las actividades de los políticos. De igual forma que ocurre con los coches oficiales, cuya transparencia existe en la Junta de Castilla y León desde hace más de una década, pero todavía no se sabe cuándo se va a poner en marcha en las Cortes, pese a los intentos por tapar el escándalo con un supuesto nuevo control. El control ya existía. Lo que no existe es el conocimiento del uso de los vehículos. Son los Falcon de Castilla y León, los de las Cortes, el secreto mejor guardado de esta comunidad, que nadie puede conocer, por decisión cómplice de VOX, PP y PSOE, que para estos asuntos sí saben organizarse entre ellos. Peor, imposible. Las Cortes necesitan un proceso de regeneración inmediata, compatible con la dignidad política.

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