Diario de Castilla y León

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Poner límites, frenos, cortapisas o imponer cualquier tipo de herramienta de censura a la cultura es y ha sido uno de los mayores errores cometidos por muchas civilizaciones desde el origen de los tiempos. La Cultura con mayúsculas es una forma de entender la vida y la existencia que subyace a la personalidad de todos los pueblos y de todas las personas dotándoles de entidad e identidad.. No podemos asumir ese discurso de falso pragmatismo nihilista que trata de reducir la cultura a la mínima expresión bajo criterios de productividad que se van extendiendo en muchos sistemas educativos.

Por suerte, en Castilla y León la Cultura sigue ocupando un lugar importante en colegios y Universidades y esa sea, probablemente, una de las principales razones del éxito de nuestro modelo educativo que sigue ocupando posiciones de liderazgo a nivel nacional.

No obstante, debemos distinguir entre lo que es limitar la creatividad artística y cultural de lo que es poner ciertos límites conceptuales a lo que entendemos por cultura y, especialmente, por arte para evitar ciertas mamarrachadas con pretensiones de genialidad.

Hace unos días cerró sus puertas una nueva edición de la Feria de Arte Contemporáneo Arco con un rotundo éxito, no sólo de visitantes y expositores, sino de prestigio como espacio de expresión artística. Definir de manera categórica el concepto de Arte resulta prácticamente imposible pero durante todas las ediciones de Arco surge el debate sobre lo que debe o no debe considerarse como una obra artística. ¿Se deberían establecer ciertos límites a la hora de exponer obras cuya esencia artística resulta más que discutible?

Aunque es cierto que el debate suena un poco a retórica de cuñado o de abuelo cebolleta ¿puede considerarse un lavavajillas con caras impresas una obra de arte? ¿Dónde está el límite? Probablemente lo está en la estrategia de comunicación de los organizadores para llamar la atención y reclamar la presencia mediática con la exposición de obras más o menos polémicas o provocadoras.

Al margen de estrategias promocionales la importancia de la cultura se pone también de manifiesto en el ámbito político puesto que es indudable que el nivel cultural de los pueblos determina también la elección de sus gobernantes. No hay más que mirar al otro lado del Atlántico para sorprenderse por el nivel cultural de algunos Presidentes votados por más de 70 millones de personas. ¿No podríamos exportar sin aranceles a Estados Unidos nuestro modelo educativo? Mejor nos iría a todos.

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