Diario de Castilla y León

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MAL ASUNTO. El soterramiento de Valladolid ya es de facto un asunto espinoso y decepcionante: políticos contumaces contra ciudadanos concienciados. De momento, las tensiones están equilibradas. Los políticos del Ministerio de Transportes se han atrincherado: no habrá soterramiento en Valladolid. A su favor el foro y el fuero, la gallina y el huevo, y sobre todo el dinero que no es suyo pero como si lo fuera. Su voluntad es repartir dádivas quedándose con el rescaño, las migas y la quincalla. Normal.

En el otro extremo, un Ayuntamiento –que ganó la alcaldía y el gobierno de la ciudad reivindicando el soterramiento–, y cuyo concejal de Urbanismo nos salió el miércoles con estas declaraciones jocosas, futbolísticas y mentecatas: «Si el plazo para que el soterramiento de Valladolid sea realidad es de 17 0 19 años, me parece un plazo muy pequeño. Y si el precio es de 1.500 millones, y ya sabemos que es el coste máximo, también me parece aceptable».

Qué frivolidad la suya, señor Zarandona. Si usted no pone una tilde en el cerito entre 17 ó 19, le concede a Sánchez 17019 años de plazo para que acometa la obra del soterramiento en Valladolid, y le proporciona la alegría del siglo. Pero nos deja a los vallisoletanos cara a Cuenca y en el puro cachondeo de nuestro José Zorrilla en su Tenorio: «Largo el plazo me ponéis». Dimita ya. Menos mal que la Plataforma de Vecinos por el Soterramiento, que lidera entre otros Cecilio Vadillo, ya no cree en plazos ni en presupuestos. Se ha plantado con una serie de manifestaciones en Valladolid, en Madrid, y donde sea. ¿Bastará con las manifestaciones? ¿O habrá que llegar al corte de las vías para que lo que es justo y factible en otras ciudades sea en Valladolid una integración democrática, equitativa y ciudadana? Mal asunto.

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