Diario de Castilla y León

Editorial

La Junta no puede mirar para otro lado ante el infierno del Zambrana

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Entrada del centro de menores Zambrana

Entrada del centro de menores ZambranaPHOTOGENIC

El centro de menores Zambrana de Valladolid, regentado por la Consejería de Familia de la Junta de Castilla y León, se ha convertido en un infierno de violencia contra sus trabajadores. Es un hecho y es irrebatible. Así se desprende de los datos. Agresiones constantes, miedo de los cuidadores y 21 educadores de baja. Más de 800 incidentes el ejercicio pasado. Es un infierno en toda regla. Un infierno en el que lo han convertido algunos de sus internos, que se comportan como verdaderas alimañas. Y todo, a decir de sus trabajadores, por la falta de autoridad que ha implantado en el centro el nuevo director que se hizo cargo hace dos años de él y que se rige por un supuesto “buenismo” que consiste en que actos como ponerle un cúter en el cuello a un cuidador no tenga consecuencias inmediatas. Hay que recordar que el Zambrana es una especie de cárcel para menores. Acoge internos con problemas de conducta, pero también menores a los que su minoría de edad les ha salvado de estar en una cárcel, que es donde van los violadores y los asesinos cuando cumplen los 18.

El asunto se ha ido agravando ante la inoperancia no ya de la dirección del Zambrana, si no de la desidia de la Consejería de Familia y sus responsables. Es evidente que el director no puede imponer unos métodos que sólo sirven para fortalecer, con su impunidad, las actitudes violentas, dejando indefensos a los trabajadores al minar su autoridad.

En el Zambrana hay que actuar. Hay que hacerlo antes de que ocurra una desgracia y un cuidador, un educador o cualquier trabajador acabe pagando con su vida por la violencia que ejercen algunos internos, que además contagian e impulsan a otros. La violencia sólo engendra violencia. Sobre todo la consentida y no castigada y cortada de raíz. Contra la violencia, contundencia. Algunos no son niños, sólo que no tienen edad judicial. No son niños para violar o matar, por tanto no son niños.

Hay más centros de este tipo y no consta que exista una conflictividad del nivel del Zambrana. No es nuevo. Es algo que ha ido creciendo y medrando por no afrontar el problema. El Zambrana debe ser un lugar para ayudar a muchachos a reinsertarse a la sociedad, que en algunos casos ha sido tremendamente injusta con ellos. Para ayudarles, educarles, explicarles y conducirles por un camino que les permita vivir en sociedad por muy aberrantes que hayan sido sus crímenes, que los hay. Pero el Zambrana no puede ser un lugar en el que la paciencia y la desidia de la Junta sea infinita a costa de la salud y la seguridad de los servidores públicos que trabajan en este centro, que se asemeje al infierno en vida.

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