Diario de Castilla y León

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Las barbas de tu vecino. El madrileño Xavier Colás, periodista del Mundo, cronista de riesgo, y azote de la tiranía putinesca, ya engrosa desde el miércoles la larga e infamante nómina de profesionales de la información depurados por las tiranías reinantes. El periodista fue expulsado de su casa y de sus tareas informativas bajo una severa advertencia. Menos mal que no fue detenido, o llevado directamente al pelotón de ejecución, o sometido a una sesión terapéutica de suicidio involuntario que es lo habitual en putilandia. «¿De un tirano, qué piedad?», señalaba Góngora. Pues eso: ninguna.

Atentar contra la libertad de expresión de España a Rusia –pasando por Irán, por las repúblicas bananeras de Latinoamérica, y terminado por China y Corea del Norte– se ha puesto de moda. Es de facto el acoso libidinoso y más repugnante de unos autócratas y dictadores dispuestos a liquidar como sea la libertad de los ciudadanos. Los tiranos, que no son tantos pues se cuentan con los dedos de la mano, no están dispuestos a que, por delante, por detrás y por debajo de su bota y latrocinio, crezcan las opiniones, los editoriales críticos, y los columnistas sin bozal. Sin esta alerta, la luz que nos puede llegar –advertía Jovellanos en diciembre de 1810– será siempre «escasa y tardía».

Este aliento amenazante detrás de la nunca, y esta lista ignominiosa, ha rebasado las fronteras de lo que Xavier Colás llama «Putinistán». El barullo agitador de Sánchez, y su disputa totalitaria sobre los fundamentos del Estado de Derecho, nos dice a las claras que –incluso en la Babia y en las Batuecas de Castilla y León donde nunca sucede nada–, tampoco nos libraremos del Sancheznistán que nos traerá la amnistía. Yo pongo mis barbas a remojo.

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