Diario de Castilla y León
opi dentro

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PUES ya tenemos una nueva linde en Castilla y León, donde somos muy de lindes y cuando la cogemos no la soltamos. Y no hace falta muchos argumentos, basta con que uno eche a andar por la linde para que de repente comiencen a seguirle otros varios. Y, ojo, que no se trata de llamar tonto a  nadie, para eso me habría resultado más fácil tirar de aquello que decía el maestro de mi pueblo, que de enseñar no tenía ni idea pero que a correr y a dichos no había dios que le ganara, que «un tonto hace un ciento, si le dan lugar y tiempo».

Pues eso que ahora en esta Comunidad parece que lo que importa, lo que trae a mal traer y lo que preocupa a los políticos y otros colectivos es que se reabra el tren de la Ruta de la Plata. Sí, ese que se cerraba hace ahora 38 años y que, no se engañen, pasado este tiempo nadie echa ya en falta en ninguno de los pueblos, ciudades, localidades..., llámenle ustedes como quieran, por las que discurría. Lo echaron en falta en su momento, cuando se decidía su cierre, pero nadie entonces salía a manifestarse. Ahora, al tambor que tocan desde Europa donde a alguna mente de estos que no han visto más allá de las ventanas de su despacho en Bruselas, donde les caen buenas morteradas por proponer cualquier cosa que se les ocurra, se le vino a la cabeza un día el proponer la reapertura de la Ruta de la Plata dentro del Corredor Atlántico. Y ahí andan los políticos de aquí, de todos los colores, diciéndole al Gobierno que la reabra. Así, como quien abre la puerta de su casa. Y el Ejecutivo va y se gastará casi 900.000 euros en hacer un estudio que venga a determinar si es posible reabrirla o no.

La pregunta aquí no es si es posible o no reabrirla. Con dinero, ese que sale del bolsillo de todos los ciudadanos, claro que la Junta ya ha dicho que ella no pone un euro pese a que la exige, todo es posible. La pregunta aquí es si se necesita o no.  Y, claramente, el tren de la Ruta de la Plata ya no es necesario porque para cuando quieran volverlo a poner en marcha, eso sí después de gastarse una millonada, sólo transitará por pueblos vacíos. Los mismos que los políticos, por cierto del gobierno del ínclito Felipe González, comenzaron a vaciar allá por el año 1985 cuando clausuraban la línea. Querer reabrirla ahora es ridículo y un esperpento.

Casi tanto como el que acaba de montar la ministra de Sanidad, Mónica García, con el asunto de la obligatoriedad de las  mascarillas en los centros sanitarios. Dos semanas ha durado esa prohibición en Castilla y León, que miraba con lupa desde el minuto uno la incidencia de la gripe para que en cuanto bajara un solo caso levantar la prohibición. Pues ya ha sucedido y la mascarilla vuelve a ser sólo recomendable en la Comunidad, pese a que su incidencia continúa siendo de las más altas del país, pero como ha bajado mínimamente en dos semanas, pues adiós a la prohibición. Un  esperpento este ahora sí, ahora no, señora ministra.

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