Diario de Castilla y León

Félix Villalba

Ganaderos y lobos, no es simple como un cuento

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LA CONVIVENCIA del ser humano con el resto de seres vivos del planeta se ha convertido en algo fundamental. Es relativamente reciente la concienciación del hombre sobre la necesidad de proteger a las especies animales. Hace no tanto, se mataban ‘bichos’ buscando su exterminio porque por una u otra razón molestaban a la personas, desde el mosquito al elefante. Entraba dentro de una mal entendida lucha del hombre contra la naturaleza, porque lo que en otros tiempos fue una obligación para sobrevivir en un mundo hostil se convirtió, gracias a la evolución del hombre, en una batalla muy desigual y en guerras injustificadas. De Castilla y León salió un personaje relevante que contribuyó de forma importante a cambiar nuestra mirada hacia la naturaleza. Félix Rodríguez de la Fuente nos hizo ver que debíamos preservar especies que teníamos interiorizadas como enemigos irreconciliables. Como el lobo, un depredador que cumple su función como regulador de los ecosistemas y que es necesario. Se racionalizó la mirada hacia el cánido y la sociedad se concienció de la necesidad de convivir con el que hasta ese momento solo era el malo de la película, o de los cuentos. Y desde los tiempos de Rodríguez de la Fuente hasta ahora se logró mejorar notablemente esa convivencia del hombre con el lobo, a costa de que los ganaderos asumieran algunas pérdidas de animales a cambio de compensaciones económicas que no arreglan nunca todo el problema generado por un ataque de lobos. Convivir con el lobo feroz nunca es fácil. Para que nos demos cuenta los urbanitas no hay más que fijarse en el susto que provocan unos jabalíes que se cuelan en algunas ciudades, con lo que si los que rondan son lobos la cosa sería de infarto. Lo curioso es que, con muchos problemas aún pendientes y mucho camino por recorrer, se había avanzado muchísimo en esa convivencia hasta que el Gobierno central provocó un cambio en la normativa, prohibiendo la caza del lobo, que parece destinada a inclinar la balanza hacia los animales frente a los ganaderos. Desde el principio, no parecía un buen camino, porque hay lugares, como Castilla y León, donde el control de las poblaciones de lobos es necesaria si se quiere preservar también la ganadería. Porque hay que preservar las dos cosas, lobos y ganado, y huir de la posiciones extremas y minoritarias de quienes querrían exterminar cualquier alimaña o de quienes desearían que desapareciera la ganadería por ser veganos o por lo que sea. El cambio en la norma radicalizó el debate en España y ahora interviene la Unión Europea, que más o menos recomienda volver a lo que había. En unos tiempos en que se buscan árbitros, mediadores o supervisores, a ver qué pasa con esa ‘mediación’ que ha hecho Europa en relación al lobo. Hay que huir de las visiones simples, como la de los cuentos y concluir que los lobos no son los malos, pero tampoco lo son los ganaderos.

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