Diario de Castilla y León

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DEBIÓ SER que me porté muy bien aquel año o que las notas fueron benévolas, pero unas Navidades cuando tendría yo unos doce años además de los libros que siempre me caían y que devoraba, los Reyes Magos dejaron sobre mis zapatos un Ibertrén. Mi asombro fue infinito y no cabía en mi de gozo. Maldije tener que volver a clase al día siguiente porque pasaría horas en clase sin poder jugar con aquel trenecito que no hacía otra cosa que dar vueltas al recorrido de sus vías. Inolvidable regalo de Reyes. Me imagino que al nuevo ministro de Transportes, también le fascinarían aquellos juguetes de Ibertrén que por fuerza tuvo conocer en su infancia, aunque es algo mayor que yo. Hoy tiene a su disposición el mayor Ibertrén que existe en España que son la Renfe y Adif, la empresa que pone los trenes y la que instala las vías. Puente se está ya poniendo al día con los detalles de las infraestructuras, según nos explicó en el club de prensa del lunes de El Mundo de Castilla y León y por lo que vi, me da que lo que más le entretiene son los trenes. Le gustan como pasajero, como mandamás del Ministerio y como político. 

Tanto, que va a comprar 500 trenes en la mayor adquisición de Renfe en su historia. Ya iba siendo hora, porque da pena ver la veteranía que se gastan algunos convoys. Desde luego nada acorde a los precios, porque mucho recomendar que se viaje en tren pero para sacar el billete hay que ahorrar. Viejos y caros. En cuanto viajen dos personas ya sale más a cuenta optar por el coche. Hay que poner en marcha los trenes de bajo precio. Puente confirmó que circularán por Castilla y León, pero no llegarán a Burgos. No hasta que esté  operativa la prolongación del AVE a Vitoria, que sigue, como confirmó Puente, en el limbo de los proyectos. Además, no todo lo que necesita el transporte ferroviario es comprar trenes. Hay que invertir en señalización en las estaciones, en megafonía decente, en personal adecuadamente formado y educado. También hay que evitar que los burgaleses, palentinos o leoneses que se suben en el tren que viaja a Santiago de Compostela, que ya era viejo cuando lo cogía yo de joven, acaben en el convoy que va a Vigo porque no hay narices de señalar en condiciones en qué vagón deben montarse tras el transbordo forzoso para el trayecto por carretera entre Monforte y Lugo. Y también hay que ponerle las pilas al personal que atiende con mala cara al viajero.  Todas estas peticiones de la lista de los Reyes Magos caen sobre la mesa del despacho de Óscar Puente. Sobre lo que tendría que hacer con el tren directo entre Burgos, Aranda y Madrid, sin pasar por su querido Valladolid, ya hablaremos otro día.

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