Diario de Castilla y León

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¿Hay alguien que pueda vivir sin música? Ya sea para escuchar o pasar un buen rato, para mover el esqueleto, para trabajar o para desconectar de los problemas que nos asolan y nos preocupan cada día, la música es esencial en la vida del ser humano. Incluso para los que se apartan del mundanal ruido, monjas o monjes, la música forma parte de su ADN. ¿Quién no identifica y recuerda con nostalgia, cariño, a veces con melancolía, algunas canciones que nos retrotraen a momentos de nuestra infancia, adolescencia o juventud? Quién diga lo contrario, se ha perdido una de esas cosas de la vida que merecen la pena. No obstante, la música se ha erigido en un instrumento de educción de la personalidad. En muchas ocasiones en agente revolucionario transformador de las mentes y de las costumbres de un país o de una sociedad. Quizá el antecedente más vistoso sea el del territorio francés cuyos trovadores encubrían en sus canciones de amor mensajes esotéricos que difundían la herejía político-religiosa de los cátaros. El mecanismo consistía en enviar ideas subliminales reaccionarias a través de letras y tonadas aparentemente cándidas e inocentes. Hasta bien entrado el siglo XIX, la música incluía -y por este orden- armonía, melodía y ritmo. A mi modo de ver estas tres notas características se plasman de manera extraordinaria en las obras de Johann Sebastian Bach. Pero, poco a poco, se fue perdiendo la primera de ellas, quedando la melodía y el ritmo. Hoy, únicamente permanece el ritmo. Con carácter general, se puede decir que la mayor parte de la música que se escucha de ordinario es puro ritmo, con letras superficiales que cuentan historias nada originales. Uno de los autores intelectuales que ha promovido la deconstrucción de la música fue un miembro de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno, partidario de la liberación de los sonidos respecto a las normas, no solo de la armonía y de la tonalidad, sino de todo objetivo superior o indicador inmanente. Corre una leyenda de que las letras de las canciones de los Beatles las escribió este polifacético profesor. Se ha celebrado hace unos días, en la ciudad de Sevilla, la entrega de los premios Grammy Latinos. He de reconocer que el montaje ha sido espectacular y ha atraído a los principales cantantes del panorama musical hispanoamericano. Pero, ¿es tan buena la música que nos transmiten? Ustedes valoren.

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