Diario de Castilla y León

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Hay algunos números que desde siempre han llamado la atención por distintos motivos. El número pi, el 666 por ser el número de la bestia, el 7 por ser para muchos un número mágico y también, aunque por otras razones menos esotéricas, el 69. Aunque pueda ser decepcionante, en esta ocasión nos llama la atención este atractivo número por corresponderse con la cifra de millones a los que nuestra región puede aspirar en el marco del nuevo Plan de Empleo del Gobierno para entidades locales.

Quizá se trate de un objetivo carente de todo glamour erótico pero constituye una magnífica oportunidad para fomentar el empleo y la actividad económica en nuestros entornos rurales y urbanos impulsando políticas que permitan mejorar las posibilidades de empleo de los castellanos y leoneses. La importancia de este tipo de planes de empleo y la posibilidad de llegar a esa cifra de los 69 millones de euros es transcendental para las regiones que, como Castilla y León, sufren una creciente despoblación motivada, en gran parte, por el éxodo de población joven por falta de oportunidades de empleo.

El empleo es fundamental para cualquier persona en cualquier lugar de España pero lo es, especialmente, para los jóvenes de nuestra tierra que ven permanentemente frustradas sus aspiraciones a un proyecto personal y vital que les permita permanecer en Castilla y León. Por desgracia se trata de una lacra que no es exclusiva de nuestra tierra sino que, más bien al contrario, empieza a extenderse por todo el territorio nacional. El derecho a la vivienda recogido en la Constitución no es más que una pura entelequia para la inmensa mayoría de jóvenes españoles que, por mucho que trabajen, ven imposible acceder a la posibilidad de tener su propia casa. Ya no es un problema de empleo puesto que se trata de un derecho tan inalcanzable para los parados como para los empleados.

La virtualidad estadística sigue arrojando (aunque cada vez menos) datos positivos sobre crecimiento económico, empleo y afiliación a la seguridad social, pero la realidad empírica y tangible nos escupe a diario dramas personales, familiares y empresariales marcados por un índice de pobreza intolerable en nuestra sociedad y un desempleo juvenil que es ya estructural e inherente a nuestro sistema productivo. Son dramas que en nuestra región asolan el territorio rural y fulminan nuestras posibilidades de desarrollo por lo que, aunque no sea la solución, consumar ese 69 en forma de millones de euros es irrenunciable para Castilla y León.

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