Diario de Castilla y León

JAVIER PÉREZ ANDRÉS

Así nos va, así nos ven

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Hace cuatro décadas nos dimos un Estatuto. Nos sacamos el carné de identidad cultural autonómico. Adquirimos la vecindad administrativa. Entramos en el padrón. Pero siempre creí que nos lo dieron caducado ya de salida. La niebla nos ha impedido ver con claridad el paisaje. Ser castellano y leonés, o sea, paisano, originario de esta región española, es una arriesgada ecuación a la hora de expresarlo. Y un reto casi imposible el definirlo. Un raro ejercicio de sinceridad sentimental. Por eso, no acertamos nunca al intentar resumirlo en un trazo o en un color. Cuando nos venimos arriba la mangamos. He ahí los intentos de jugar con la simbología marquetiniana, con el diseño creativo y con el colorín para buscar nuestro sello identitario. Nuestras marcas de la casa. Tengo la impresión de que han sido todos intentos fallidos, incluido el corazón amarillo, un reclamo muy caro que usurpó un protagonismo alimentario que no le pertenecía y que, sin riego, no da fruto, no tiene sabor. Y no estamos para gastar agua. El bochornoso episodio de este mes con esa marca de turismo ha supuesto otro nuevo borrón. Un excelente borrón. Y nunca mejor dicho. Pero es peor aún la marca de territorio que lleva años en la esquina del cartel, de la hoja oficial, de la pantalla del ordenador con sus geometrías coloreadas y que ha pasado desapercibida. Apuesto a que salgo a la calle con una foto y nadie sabe de qué va. Y pensar que hemos pagado por todo ello... Siempre he pensado que los creativos son unos cachondos. Incluidos los míos. Y que se valen de políticos sin criterio, sin cabeza y sin sentido de pertenencia para colárnosla. Así nos va. Así nos ven. Nos la cogemos con papel de fumar. Pero si tenemos la bandera cuartelada. Es más que suficiente. Lo entiende todo Cristo: un león y un castillo. Punto. Castilla y León. Punto. Gratis y con tintes nacionales. Más a más.

Todo falla porque nos falta esa puntita de sentimiento y por carecer de conocimiento sobre nuestro territorio. No es que sea un servidor un brillante pensador sobre la cosa, solo cuento en mi haber con un cuaderno de bitácora escrito hasta en los cantos y con muchos rasguños de zarzas en las piernas de andar caminos, cordeles, aceras y puertos. Pero no me negarán que lo que aquí se cuenta es de dominio público. No significa que tenga que ser así. En absoluto. Tenemos una suerte enorme de pertenecer a una comunidad de interior -con sus lindes- que es el mayor arcano cultural del Estado español. Me parece un lujo vivir en una región como la nuestra. Y una triste desgracia carecer de políticas que insistan en el conocimiento territorial. Así nos va. Así nos ven. Así, no.

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