Diario de Castilla y León
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SON HISTORIA ya aquellos trenes nocturnos que cruzaban nuestra Comunidad de paso a otros destinos, repletos de viajeros cargados de paciencia y sueño. Recuerdo el Talgo a París, que paraba en Burgos poco antes de las cinco de la mañana y al que durante un verano, en una curiosa paradoja, le repartía yo  cruasans burgaleses para ser consumidos en el desayuno de los que viajaban a la capital mundial de ese bollo. Ese trayecto era el viaje estrella de la estación burgalesa en las madrugadas, pero también se viajaba por estas fechas hasta Miranda de Ebro para coger allí un tren que nos llevase a la costa catalana. Aunque el tren nocturno que más utilicé y del que más anécdotas guardo es el que comunicaba la estación de Burgos con Galicia. ‘Los coches de cabeza con destino La Coruña. Los coches de cola, con destino Vigo’. Aún me resuena la cantinela de la megafonía de la vieja estación informando de la composición del convoy, que tenía la mala costumbre de detenerse hasta el infinito en Venta de Baños y Monforte de Lemos. Uno se montaba antes de la medianoche y aparecía en Santiago de Compostela pasadas las siete de la mañana y por el medio podía ocurrir de todo. En cierta ocasión salí de Burgos en un tren y cinco horas después estaba en Venta de Baños, esperando totalmente solo en su enorme y fantasmagórica estación para montarme en otro tren distinto y seguir viaje. Llegue a destino 8 horas y dos transbordos después. Una de tantas peripecias. La última vez que hice el trayecto de noche me dieron una manta finita, unos tapones para los oídos y un antifaz. Cómo cambian los tiempos, pensé de aquella. Hoy, sin embargo, las comunicaciones de Miranda, Burgos, Palencia o, incluso León, con Galicia por tren son mucho más complicadas. Los horarios son escasos e ineficaces, tanto es así que si uno pretende buscar en internet combinaciones para llegar de Burgos a Santiago, te recomiendan ir a Madrid y coger el AVE a Galicia o bajarse a Medina del Campo o Segovia. Olvídense del tren directo que va desde Barcelona y pasa por Burgos, Venta de Baños y León, que sólo tiene una frecuencia y tarda seis horas y pico, porque es desesperante. Los horarios del AVE tampoco son mucho mejores y además es bastante más caro, así que ninguna solución es buena. En autobús el viaje es igualmente penoso, así que la mejor opción hoy en día es viajar en coche por la autovía Camino de Santiago y coger la A-6 en Astorga. Así nos luce el pelo cuando se nos llena la boca de lucha contra el cambio climático, descarbonización y demás pijadas. Poca lucha contra la despoblación se puede hacer cuando nos cuesta comunicar los pueblos y ciudades del norte de España. Y esto no sale en los objetivos de la Agenda 2030 ni les preocupa lo más mínimo.

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