Diario de Castilla y León

Castilla y León apuesta por la remolacha pese al calor, los costes y las amenazas sanitarias

La superficie se mantiene con cerca de 20.000 hectáreas en la Comunidad, en una campaña que avanza con buen desarrollo fenológico y de producción, aunque el sector alerta de que el calor y la disponibilidad de agua marcarán el resultado

Recepción de remolacha en la fábrica de Acor en Olmedo (Valladolid) en plena campaña de remolacha.

Recepción de remolacha en la fábrica de Acor en Olmedo (Valladolid) en plena campaña de remolacha.ICAL

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La remolacha azucarera afronta una nueva campaña en Castilla y León con un escenario de luces y sombras. El cultivo mantiene una superficie que ha resistido mejor de lo esperado después de años de retroceso, con unas 20.000 hectáreas sembradas en la Comunidad, pero continúa condicionado por los problemas estructurales que han marcado su evolución reciente: la reducción del número de fábricas, el incremento de los costes de producción, las limitaciones en materia fitosanitaria y la incertidumbre sobre el mercado del azúcar. Tanto agricultores, como organizaciones agrarias e industria coinciden en que la campaña parte con buenas perspectivas desde el punto de vista agronómico, aunque el resultado final dependerá de cómo evolucione el verano.

La superficie cultivada es uno de los primeros indicadores que reflejan la situación actual del sector. Javier Prieto, representante de ACOR, señala que «estamos alrededor de las 20.000 hectáreas en Castilla y León» y destaca que «hemos superado las previsiones». El dato supone una cierta estabilidad frente a las previsiones más pesimistas que apuntaban a una reducción más acusada del cultivo tras los últimos cambios en el mapa industrial. La permanencia de la remolacha en los regadíos castellanoleoneses demuestra que todavía existe una base de agricultores dispuestos a mantener una producción que consideran estratégica dentro de sus explotaciones.

Uno de los motivos que explica esta resistencia es el papel de la remolacha dentro de la rotación de cultivos. Héctor Llorente, agricultor vinculado a UPA, explica que algunos productores incluso han incrementado su apuesta por este cultivo. «He subido un 50 % el cultivo de la remolacha», asegura. Para Llorente, la remolacha ofrece una ventaja frente a otros cultivos porque permite conocer de antemano una parte importante de los ingresos: «Con la remolacha ya vas con un precio. Ya sabes lo que vas a cobrar».

Sin embargo, el escenario actual está muy lejos del peso que llegó a tener la remolacha en Castilla y León. Lorenzo Rivera, representante de COAG, recuerda que la Comunidad llegó a contar con «más de 70.000 u 80.000 hectáreas en los años noventa». Aquella etapa convirtió al cultivo en una actividad fundamental para muchas zonas rurales, tanto por el empleo generado en el campo como por la actividad industrial asociada. «Era un cultivo social», explica Rivera, que destaca la importancia que tuvo para muchas familias agricultoras.

La reducción de superficie está directamente relacionada con la transformación de la industria azucarera. El cierre de fábricas ha reducido la capacidad de molturación y ha modificado las zonas tradicionales de producción. Rivera advierte de que la desaparición de una instalación industrial tiene un efecto inmediato sobre el campo: «Se cierra la fábrica y detrás desaparece el cultivo». En León, una de las provincias históricamente más vinculadas a la remolacha, esta situación ha tenido un impacto especialmente relevante tras el cierre de la azucarera de La Bañeza.

A pesar de esa pérdida histórica, el sector considera que la remolacha todavía conserva capacidad para mantenerse como cultivo estratégico. La existencia de contratos, la especialización de los agricultores y el papel de cooperativas como ACOR han permitido mantener una parte importante de la superficie. Rivera recuerda que actualmente «nos quedamos con estas dos fábricas y con escasas 20.000 hectáreas», una situación que obliga al sector a buscar estabilidad.

La campaña actual llega además con un desarrollo inicial positivo. Las lluvias de primavera retrasaron algunas siembras, pero permitieron una implantación adecuada del cultivo. Javier Prieto explica que «la siembra es bien» y que, aunque fueron «un poco tardías», resultaron «mucho más adelantadas que el año anterior». Según el representante de ACOR, la mayor parte de la superficie pudo sembrarse en marzo, lo que permitió realizar «una buena sementera» y situar al cultivo en buenas condiciones de partida.

SENSACIONES

El estado fenológico de la remolacha confirma esas buenas sensaciones iniciales. «La remolacha va bien», señala Prieto, que destaca una «buena salida foliar» y un desarrollo adecuado de la planta. En la misma línea, Héctor Llorente asegura que «a día de hoy hay un campo de remolacha muy, muy, muy bueno» y que las parcelas presentan una buena nascencia. No obstante, los agricultores recuerdan que todavía queda una parte decisiva de la campaña, en la que el calor, el agua y la sanidad vegetal determinarán el rendimiento final.

La evolución del cultivo durante las próximas semanas será determinante para confirmar las expectativas de producción. La remolacha se encuentra en una fase en la que la planta necesita mantener un equilibrio entre disponibilidad de agua, temperaturas adecuadas y protección frente a enfermedades. Héctor Llorente apunta que el desarrollo actual permite mirar la campaña con cierto optimismo y considera que, si las condiciones acompañan, «este año puede haber una campaña prometedora». El agricultor leonés calcula que, con un verano favorable y un buen manejo, «creo que este año se pueden superar las 105 toneladas» expone.

Javier Prieto comparte una valoración positiva sobre la evolución del rendimiento del cultivo. El representante de ACOR recuerda que en los últimos años se ha producido una mejora progresiva de la productividad gracias a la evolución genética, la tecnificación del manejo y la mejora de los tratamientos. «Ahora rondamos las 100 toneladas», señala, después de campañas en las que las medias fueron inferiores. Según explica, uno de los factores que ha contribuido a esta mejora ha sido la evolución de las semillas y de las técnicas empleadas por los agricultores: «Debido a los tratamientos de las semillas la producción ha subido». A pesar de estas buenas perspectivas, los profesionales del sector insisten en que todavía es pronto para hacer una previsión definitiva.

Javi Pozo, agricultor de remolacha, vinculado a Asaja en León, recuerda que «todavía es muy pronto para hacer previsiones de producción porque queda mucha campaña por delante». La fase final del ciclo será clave porque la raíz concentra ahora buena parte del crecimiento y cualquier alteración meteorológica puede tener consecuencias directas.

El calor aparece como uno de los principales factores de incertidumbre. Las temperaturas elevadas favorecen el desarrollo del cultivo hasta cierto punto, pero cuando se prolongan pueden generar estrés en la planta. Pozo explica que «el calor ayuda al cultivo, pero cuando es excesivo provoca estrés en la planta y puede reducir la producción». La campaña no se decidirá únicamente por el estado actual de las parcelas, sino por la capacidad del cultivo para soportar las semanas más cálidas del verano.

MERCADO

La gestión del agua será uno de los elementos decisivos en ese periodo. Aunque este año la disponibilidad hídrica no está generando grandes problemas en muchas zonas gracias a las lluvias acumuladas, el aumento de las temperaturas ha incrementado las necesidades de riego. Javier Prieto advierte de que «estamos gastando demasiado agua» porque las condiciones actuales obligan a realizar más aportaciones que años atrás. A su juicio, la remolacha requiere ahora más recursos hídricos para alcanzar los rendimientos esperados. Llorente también destaca la importancia de ajustar el riego para evitar problemas durante el verano. La remolacha necesita agua para mantener el crecimiento, pero un exceso de humedad combinado con temperaturas altas puede generar daños. «Con mucho calor y mucho riego la raíz se puede pudrir», explica el agricultor, que insiste en que el manejo del agua debe adaptarse a las necesidades reales del cultivo. La experiencia del agricultor será clave para determinar cuándo y cuánto regar.

Además del clima, la sanidad vegetal sigue siendo uno de los grandes desafíos para los remolacheros. La reducción de herramientas disponibles para combatir determinadas plagas ha complicado la protección del cultivo. Héctor Llorente recuerda las dificultades que ha supuesto la retirada de algunos tratamientos y asegura que «ahora tenemos que hacer auténticas virguerías para que la pulguilla no nos coma las hojas». Según explica, los ataques tempranos pueden condicionar el desarrollo posterior de la planta y afectar a la producción final.

Lorenzo Rivera coincide en que la situación fitosanitaria ha cambiado de forma importante en los últimos años. Desde COAG considera que la desaparición de los neonicotinoides ha dejado al agricultor con menos margen de actuación. «Desde que se prohibieron los neonicotinoides no levantamos cabeza», afirma, al considerar que los productores han perdido herramientas eficaces para proteger el cultivo. La consecuencia, según Rivera, es un aumento de la dificultad técnica y económica para sacar adelante un cultivo competitivo.

La presión de las malas hierbas se ha convertido este año en otra de las preocupaciones que condicionan el desarrollo del cultivo. Javi Pozo explica que la situación ha evolucionado durante la campaña y que «la principal preocupación ha pasado de las enfermedades a controlar las malas hierbas». Algunas parcelas que comenzaron con un buen estado han visto cómo la aparición de hierbas puede reducir el potencial productivo. Para el agricultor leonés, el problema no solo afecta al rendimiento, sino también a la necesidad de realizar más intervenciones en un momento en el que los márgenes económicos son ajustados.

El incremento de los costes de producción es uno de los grandes obstáculos que afronta actualmente la remolacha. Fertilizantes, energía, agua y tratamientos han elevado la inversión necesaria para sacar adelante el cultivo. Pozo advierte de que «seguir las recomendaciones de tratamientos supone un coste importante para el agricultor» y que «los márgenes están tan ajustados que muchos agricultores retrasarán o reducirán los tratamientos fungicidas». Esta situación genera un dilema entre proteger adecuadamente la parcela y mantener la explotación.

La rentabilidad continúa siendo el elemento clave para decidir el futuro del cultivo. Aunque la remolacha ofrece una mayor estabilidad que otros cultivos gracias a los contratos establecidos con la industria, los agricultores consideran necesario mejorar las condiciones económicas. Javier Prieto explica que «ahora mismo el precio es 55 euros» y considera que «debería ser un poco mayor». El representante de ACOR señala que el mercado internacional del azúcar condiciona la capacidad de la industria para elevar los precios, ya que la entrada de azúcar exterior y la evolución de las cotizaciones internacionales tienen un impacto directo sobre el sector.

MERCADO

El comportamiento del mercado mundial del azúcar será determinante para la continuidad de la remolacha en Castilla y León. Prieto apunta que «hay mucho azúcar en el mercado» y que la situación está influida por factores externos, como la producción de caña de azúcar en otros países o la evolución de los costes energéticos. En este escenario, los productores reclaman que la cadena de valor permita mantener un equilibrio entre la competitividad de la industria y unos ingresos suficientes para el agricultor, especialmente en un cultivo con elevados costes técnicos y de riego.

Las ayudas públicas continúan siendo otro elemento fundamental para muchas explotaciones. Javi Pozo considera que la rentabilidad actual del cultivo depende en buena medida del apoyo institucional y advierte de las consecuencias de una posible retirada de esas medidas: «Mientras existan las ayudas, la remolacha puede mantenerse, pero sin ese apoyo lo tendría muy difícil». El agricultor leonés añade que «si desaparecieran las ayudas de la Junta, el cultivo de la remolacha podría desaparecer», una afirmación que refleja la preocupación del sector ante el aumento de los costes y la pérdida de margen económico.

Pese a las dificultades, la remolacha todavía tiene capacidad para seguir siendo un cultivo importante en Castilla y León. Javier Prieto defiende que «es un cultivo rentable» y asegura que «todavía tiene futuro», mientras que Héctor Llorente considera que, si la industria y las administraciones continúan apostando por él, «el agricultor responderá sembrándolo». La campaña actual, con una superficie más estable de lo esperado y un desarrollo inicial favorable, demuestra que existe una base productiva preparada para mantener la actividad.

El futuro de la remolacha castellanoleonesa dependerá ahora de la evolución de los próximos meses y de la capacidad del sector para superar sus principales amenazas. El calor, el agua, las malas hierbas, las enfermedades y los costes marcarán el resultado de una campaña que parte con buenas expectativas, pero que todavía debe afrontar su fase más exigente. La superficie se mantiene, el cultivo avanza con buen desarrollo y los agricultores siguen apostando por él, aunque reclaman estabilidad económica y apoyo industrial para que la remolacha continúe ocupando un lugar destacado dentro del campo de Castilla y León.

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