La mitad de los trabajadores de las campañas agrícolas ya son inmigrantes
La falta de relevo generacional, el problema de la despoblación y las dificultades para encontrar trabajadores locales han convertido la mano de obra extranjera en una pieza imprescindible para sostener el campo de Castilla y León

Dos personas recogen uva durante la vendimia en una pasada campaña, en la bodega Heredad de Urueña.
La transformación del campo de Castilla y León no solo puede medirse en hectáreas cultivadas, avances tecnológicos o volumen de producción. También se aprecia en quién trabaja la tierra y cuida el ganado. La estructura laboral del sector agrario ha experimentado un cambio silencioso pero profundo durante los últimos años, hasta el punto de que los trabajadores extranjeros representan ya más de la mitad de los asalariados de la agricultura y la ganadería de la Comunidad. Detrás de esta evolución aparecen factores como el envejecimiento demográfico, la falta de relevo generacional y las dificultades crecientes para encontrar mano de obra local.
El fenómeno está estrechamente ligado a la evolución demográfica de Castilla y León. La región es una de las más envejecidas de España y también una de las más afectadas por la pérdida de población. Numerosos municipios han visto reducirse de forma constante el número de habitantes en edad de trabajar, mientras que muchos jóvenes han optado por desarrollar su carrera profesional en otros sectores o fuera de los pueblos donde crecieron. Esta circunstancia ha estrechado el mercado laboral disponible para la agricultura y la ganadería.
La despoblación ha tenido consecuencias directas sobre el sector primario. Durante décadas, muchas explotaciones encontraron trabajadores entre vecinos de la propia comarca o familiares de agricultores y ganaderos. Sin embargo, esa reserva de mano de obra se ha reducido considerablemente. El resultado es que cada vez resulta más complicado encontrar personas dispuestas a asumir tareas que exigen esfuerzo físico, disponibilidad horaria y, en muchos casos, residencia en pequeños municipios alejados de los principales núcleos urbanos.
La agricultura y la ganadería continúan desempeñando un papel fundamental en la economía regional. Castilla y León mantiene una de las mayores superficies agrarias de España y lidera la producción de numerosos cultivos y producciones ganaderas. A ello se suma una potente industria agroalimentaria que depende en buena medida del trabajo desarrollado previamente en las explotaciones. Garantizar la disponibilidad de trabajadores se ha convertido, por tanto, en una cuestión estratégica para el conjunto de la economía rural.
Las cifras que maneja el propio sector permiten entender la magnitud del cambio. Según explica el presidente de Asaja Castilla y León, Donaciano Dujo, la Comunidad cuenta con alrededor de 60.000 afiliados agrarios. De ellos, entre 36.000 y 37.000 son agricultores y ganaderos por cuenta propia, mientras que entre 24.000 y 28.000 corresponden a trabajadores asalariados empleados en explotaciones agrícolas y ganaderas. Es dentro de este último grupo donde la presencia de trabajadores extranjeros resulta significativa.
«De estos 25.000 por cuenta ajena, ya más del 50% son inmigrantes, gente que no ha nacido en España», asegura Dujo. La afirmación resume la profunda transformación que ha experimentado el mercado laboral agrario de Castilla y León y pone de manifiesto la creciente dependencia de la mano de obra extranjera. Para muchas explotaciones, especialmente aquellas que requieren un elevado número de trabajadores, encontrar personal se ha convertido en una preocupación permanente.
Desde COAG, su coordinador regional, Lorenzo Rivera, maneja estimaciones similares e incluso superiores en determinadas actividades. «El 50 % y en algunos casos el 70 %, sobre todo en las temporadas de recogida de campañas de fruta y de hortalizas», corresponde a trabajadores extranjeros, explica. Según señala, el peso de esta mano de obra resulta especialmente elevado en las campañas agrícolas más intensivas, donde la necesidad de personal se concentra en periodos relativamente cortos de tiempo.
REcolección
La vendimia constituye uno de los ejemplos más evidentes de esta realidad. Cada año, miles de trabajadores participan en la recogida de uva en las principales zonas vitivinícolas de Castilla y León. Aunque la mecanización ha avanzado en muchas explotaciones, la recolección manual continúa siendo imprescindible en numerosas parcelas. La disponibilidad de cuadrillas especializadas condiciona en muchos casos la planificación de las bodegas y de los propios viticultores.
Rivera advierte de que la escasez de trabajadores ya está afectando incluso a la organización de las campañas. «Si no tienes la cuadrilla, ya no puedes decir que quieres vendimiar un día concreto porque la bodega te lo pide. Tendrás que vendimiar cuando la cuadrilla te viene», explica. Una situación que, según señala, puede tener consecuencias sobre la calidad de la cosecha cuando la recogida se retrasa respecto al momento óptimo de maduración.
La recogida de fruta, hortalizas y patata presenta dificultades similares. Aunque la tecnología ha reducido las necesidades de mano de obra en algunas tareas, muchas explotaciones siguen dependiendo de trabajadores para completar procesos que requieren rapidez y precisión. En determinadas campañas, la disponibilidad de personal resulta tan importante como las condiciones meteorológicas o el estado de los cultivos.
«Ahora mismo sin ellos sería imposible recoger muchas de las cosechas de frutas y hortalizas que tenemos en Castilla y León», afirma Rivera. El responsable regional de COAG considera que la situación ha dejado de ser coyuntural para convertirse en una característica permanente del sector. «Es un problema estructural que venimos arrastrando desde hace muchos años y que cada vez se agrava más», añade.
La ganadería afronta una problemática diferente, aunque igualmente compleja. Mientras que buena parte de la agricultura concentra sus necesidades laborales en determinadas épocas del año, las explotaciones ganaderas requieren trabajadores de forma permanente. El cuidado de los animales, los ordeños diarios o la gestión de las instalaciones exigen una presencia constante que no puede interrumpirse por la falta de personal.
El coordinador regional de UCCL, Jesús Manuel González Palacín, considera que esta situación constituye uno de los principales desafíos para el sector. «Hace falta encontrar gente para trabajar en el campo tanto en la agricultura como en la ganadería», afirma. A su juicio, las dificultades para cubrir vacantes afectan ya a numerosas explotaciones y limitan sus posibilidades de crecimiento.
La preocupación es compartida por buena parte de los profesionales agrarios. «La mano de obra en el campo es un problemón», resume González Palacín. Según explica, existen explotaciones que estarían dispuestas a ampliar su actividad, incorporar nuevas líneas de producción o aumentar su dimensión, pero que no pueden hacerlo por la imposibilidad de encontrar trabajadores suficientes para asumir las nuevas tareas.
efectivos
La falta de personal afecta especialmente a aquellas actividades que requieren continuidad y especialización. Las explotaciones modernas demandan trabajadores capaces de manejar maquinaria avanzada, utilizar herramientas digitales o adaptarse a sistemas productivos cada vez más tecnificados. La formación se ha convertido en un factor determinante para mejorar la competitividad y garantizar el funcionamiento de muchas empresas agrarias.
«No tenemos mano de obra cualificada ni permanente y eso es un problema para el sector agrícola y ganadero», advierte Donaciano Dujo. El presidente de ASAJA considera que uno de los grandes retos consiste precisamente en atraer y retener trabajadores que puedan desarrollar una carrera profesional estable dentro del sector.
Las organizaciones agrarias coinciden en señalar que la escasez de mano de obra no responde únicamente a cuestiones salariales. Durante una reciente comparecencia ante la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales del Parlamento Europeo, representantes del sector defendieron que las explotaciones están realizando un esfuerzo creciente para ofrecer condiciones competitivas y atraer trabajadores.
Según expuso UCCL en ese encuentro, los salarios agrarios se sitúan actualmente entre un 10 % y un 12 % por encima del salario mínimo legal, precisamente debido a las dificultades para cubrir determinados puestos de trabajo. La organización sostuvo además que la falta de trabajadores constituye un problema compartido por numerosos países europeos y reclamó medidas específicas para responder a esta situación.
Otro de los aspectos que preocupan al sector es la burocracia asociada a los procesos de contratación. Agricultores y ganaderos reclaman procedimientos más ágiles para facilitar la incorporación de trabajadores extranjeros dentro de la legalidad. Las organizaciones consideran que muchas explotaciones, especialmente las de menor tamaño, encuentran dificultades para afrontar trámites complejos que exigen tiempo y recursos administrativos.
En este sentido, UCCL defendió ante las instituciones europeas la necesidad de adaptar las normas laborales a las características específicas del trabajo agrario. «Estamos completamente a favor del cumplimiento de las normas, pero necesitamos unas normas que se adecúen a nuestra realidad y no que nos superen de papeles y de trabas», trasladó la organización durante su intervención.
La procedencia de los trabajadores refleja también la evolución de los flujos migratorios de los últimos años. Marruecos continúa siendo uno de los principales países de origen de la mano de obra empleada en el campo castellano y leonés, aunque el peso de los trabajadores procedentes de América Latina ha aumentado de manera significativa. Muchos agricultores valoran especialmente la estabilidad de estos trabajadores y su disposición a permanecer durante periodos prolongados en las explotaciones.
origen
«Fundamentalmente marroquíes y también de América Latina», explica Lorenzo Rivera al referirse a la composición de las cuadrillas que actualmente trabajan en la Comunidad. Una percepción compartida por Dujo, quien señala que los trabajadores extranjeros se han convertido en una parte imprescindible del funcionamiento ordinario de numerosas explotaciones agrícolas y ganaderas.
La llegada de estos trabajadores tiene además efectos que trascienden el ámbito estrictamente laboral. En algunos municipios rurales, la instalación de familias inmigrantes ha contribuido a mantener abiertos servicios básicos, sostener matrículas escolares y ocupar viviendas que llevaban años vacías. Aunque no resuelve por sí sola los problemas demográficos de Castilla y León, sí representa una oportunidad para aportar nuevos habitantes a territorios que llevan décadas perdiendo población.
Las Opas consideran que esta realidad seguirá marcando el futuro del sector durante los próximos años. La falta de relevo generacional y la competencia de otros sectores por atraer trabajadores hacen difícil imaginar una reducción de la dependencia respecto a la mano de obra extranjera. Por el contrario, todo apunta a que su papel continuará siendo decisivo para garantizar la actividad de miles de explotaciones.
«Desgraciadamente, no hay mano de obra española que quiera hacer las tareas agrícolas, o no hay la suficiente», resume Donaciano Dujo. Una afirmación que sintetiza el diagnóstico compartido por las principales organizaciones agrarias de la Comunidad y que refleja el desafío al que se enfrenta el sector en un contexto de transformación demográfica y laboral.
Detrás de buena parte de las cosechas que cada año salen de Castilla y León, detrás de la producción ganadera que alimenta una potente industria agroalimentaria y detrás de la actividad económica que sostiene a numerosos municipios rurales, trabajan miles de personas llegadas desde otros países. Su aportación ha dejado de ser complementaria para convertirse en una de las columnas sobre las que se sostiene el campo de Castilla y león.