OLEAGINOSAS
El girasol despega y se superarán las 400.000 hectáreas sembradas
Una cifra histórica para Castilla y León, que hasta ahora tenía el récord en 386.515 hectáreas registrado en 2022 y el doble de hace 15 años, cuando había 199.297 hectáreas

Imagen de un campo de girasol todavía en sus inicio con la siembra
Aunque en las provincias más adelantadas de Castilla y León, como Zamora, Valladolid o Salamanca, los agricultores prácticamente han finalizado con la siembra del girasol, en Soria o Burgos todavía queda mucho por hacer, dado que las abundantes precipitaciones registradas desde finales de abril hasta mediados de mayo no han permitido entrar en las fincas. No obstante, todo apunta a que este año se superarán por primera vez las 400.000 hectáreas, convirtiéndose así en la mejor alternativa al cereal para el campo.
El sector lleva años apostando por el girasol por los menores costes de producción que requiere y porque es una buena alternativa para la rotación, pero en la campaña pasada se redujo un 20% la superficie con respecto al año anterior, primero porque al inicio de la temporada las perspectivas de los precios de los cereales eran más optimistas que en el momento de la siembra, y segundo porque las abundantes y continuas precipitaciones registradas durante la primavera impidieron entrar en las fincas, lo que llevó a muchos a optar por dejar las tierras en barbecho.
Pero este año no sólo ha influido el menor gasto en insumos, sino que también ha ayudado el precio del girasol, que ronda los 500 euros por tonelada, lo que permite dejar mejores rendimientos que el cereal. Con todo ello el agro ha aprovechado la bonanza de las lluvias y se ha decantado por el girasol, de modo que, a falta de los datos definitivos de la siembra que facilitan para solicitar las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), esta campaña promete superar las 400.000 hectáreas, marcando el récord histórico en Castilla y León. De hecho, en 25 años se ha duplicado la superficie sembrada de esta oleaginosa.
Las organizaciones agrarias coinciden en que la tierra está en muy buenas condiciones por toda la abundancia de precipitaciones del invierno, si bien insisten en que debe llover a finales de la primavera para facilitar su crecimiento y luego en septiembre, al cierre del ciclo. Y si las temperaturas no son excesivamente elevadas, mejor.
El presidente de Asaja Castilla y León, Donaciano Dujo, cree que aumentará la superficie de girasol «de manera considerable», condicionada por los altos costes de producción del cereal que están haciendo que sea imposible sembrar estos cultivos. Además, este año ha ayudado que el girasol parece que tiene mejores precios, lo que deja mejores rendimientos. Así, calcula que la superficie se incrementará en unas 100.000 hectáreas con respecto al año pasado, cuando se quedó en 298.000 hectáreas, por debajo de los cinco años anteriores. «Ahora queda esperar a que haya una buena producción y sigan acompañando los precios».
Dujo señala que «los calores excesivos de los últimos días no ayudan al desarrollo de la planta, pero confía en que se restablezca la meteorología conforme al mes de mayo y se consigan buenos rendimientos».
El girasol se ha convertido en un cultivo crucial para esta Comunidad, como una buena alternativa al cereal de invierno, con unos costes en abonos y en combustibles mucho más altos. Desde 2010 la superficie de girasol ha ido en crecimiento de manera escalonada, ya que entonces había 199.297 hectáreas. El máximo histórico se registró en 2022, con 386.515 hectáreas de girasol, una siembra impulsada por la incertidumbre generada a raíz del comienzo de la guerra de Rusia contra Ucrania, país considerado como el ‘granero de Europa’, aunque la cosecha fue pésima, con 329.488 toneladas. El año pasado se rompió la tendencia y no llegó a las 300.000 hectáreas, pero de nuevo en esta campaña se espera no sólo remontar esta cifra sino superarla con creces hasta las 400.000 hectáreas.
Lorenzo Rivera, coordinador de COAG Castilla y León, señala que en la zona de Zamora algunos agricultores incluso empezaron las tareas de la siembra del girasol a finales de abril, y gracias a las lluvias hay plantas que ya están en los 20 centímetros y «con buenas perspectivas».
Cree que en el repunte en las hectáreas también ha influido que en la época de siembra de los cereales llovió mucho y tampoco se podía entrar en las fincas, de modo que los agricultores dejaron las fincas para girasol, a lo que hay que sumar el precio, que ronda los 500 euros por tonelada, lo que resulta más atractivo para su rentabilidad «no sólo para secano, sino también para regadío, donde se ha dejado menos maíz para sembrar girasol».
En general, constata que está bien implantado. Es más, se muestra confiado en que «con una buena siembra la cosecha estaría garantizada, con unos resultados mínimos de entre 800 y 1.000 kilos por hectárea, siempre y cuando las tormentas respeten los cultivos y no haya muchas olas de calor».