Diario de Castilla y León

GANADERÍA ALTERNATIVA

Castilla y León redefine la ganadería en plena evolución del campo

Nuevas explotaciones ligadas a especies exóticas emergen en distintos puntos de la región mientras el sector debate su viabilidad y capacidad para generar actividad en los entornos rurales

Tres bisontes de la Reserva de Bisontes San Cebrián de Mudá , en la provincia de Palencia

Tres bisontes de la Reserva de Bisontes San Cebrián de Mudá , en la provincia de PalenciaE.M.

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El modelo ganadero de Castilla y León lleva décadas apoyándose sobre tres grandes pilares: vacuno, ovino y porcino. Son las producciones que vertebran gran parte de la economía agraria regional y las que sostienen buena parte del territorio rural. Sin embargo, paralelamente a las explotaciones tradicionales, comienzan a abrirse paso proyectos ligados a especies y modelos poco habituales dentro del campo castellanoleonés. Bisontes, caballos salvajes, razas bovinas minoritarias y explotaciones orientadas a la conservación genética forman parte de una nueva vía que mezcla manejo extensivo, biodiversidad, aprovechamiento forestal y diferenciación productiva. El fenómeno sigue siendo minoritario y está lejos todavía de representar una alternativa masiva dentro del sector, pero en distintas provincias de la comunidad han comenzado a surgir explotaciones, reservas y centros de interpretación que buscan desarrollar otro tipo de ganadería. Algunas iniciativas están ligadas a la conservación animal; otras, a la gestión del monte; y otras, a nuevas fórmulas de actividad económica en territorios afectados por la despoblación y la desaparición progresiva de explotaciones tradicionales.

Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en San Cebrián de Mudá, en la Montaña Palentina. Allí, la Reserva de Bisontes nació hace más de dos décadas vinculada al cierre de la minería del carbón y a la búsqueda de nuevas actividades para el municipio. «El proyecto de los bisontes nace a consecuencia del cierre de la mina del carbón que teníamos en el año 90», explica Amparo González, responsable de la reserva. La iniciativa se desarrolló inicialmente mediante fondos mineros destinados a generar proyectos de viabilidad en pequeñas localidades afectadas por el cierre de explotaciones.

La idea buscaba introducir una actividad distinta dentro de un territorio marcado por la pérdida de población y de actividad ganadera tradicional. «Cada vez va a haber menos ganaderías tradicionales y se va a tener que ir apostando por ganaderías o actividades totalmente alternativas», señala González. El proyecto apostó por el bisonte europeo como una forma de aprovechar grandes superficies de monte mediante manejo extensivo y, al mismo tiempo, generar un elemento diferencial dentro del medio rural. «Era un animal que pasta y desbroza nuestros montes para darle un uso también a nuestros bosques», resume.

La explotación ocupa actualmente más de 220 hectáreas divididas en varias parcelas. El objetivo, según explica, era demostrar que podían desarrollarse modelos distintos a la ganadería convencional en zonas con baja densidad de población y fuerte abandono rural. La introducción de bisontes no estuvo exenta de polémica desde el principio. La especie está considerada actualmente alóctona en España y eso condiciona completamente su regulación y manejo. «Inicialmente hubo mucha controversia», recuerda González. «Había mucha gente que estaba en contra». Parte del rechazo procedía del desconocimiento sobre el comportamiento del animal y su impacto sobre el territorio. «Creían que iba a traer todas las enfermedades posibles del mundo».

FALTA DE PRECEDENTES

La incertidumbre afectó tanto a sectores ganaderos como a colectivos ecologistas y vinculados a la conservación del medio natural. «Los problemas iniciales fueron desde ganaderos, ecologistas y gente de conservación del territorio». La falta de precedentes en España hacía que existieran muchas dudas sobre cómo gestionar este tipo de explotaciones.

Con el paso de los años, el modelo se ha extendido a otros territorios. Actualmente existen explotaciones y reservas con bisontes en distintos puntos de Castilla y León y otras comunidades autónomas. «En España ya habremos sobrepasado los cien bisontes», afirma González. En Castilla y León existen experiencias en Burgos, León o Segovia además de la palentina.

Pero las nuevas fórmulas ganaderas no se limitan únicamente a especies exóticas o semisalvajes. En Valladolid ha surgido también otro proyecto singular ligado a la conservación de razas bovinas autóctonas. Se trata de Bos Taurozos, ubicado en los Montes Torozos, entre Urueña y La Santa Espina. El complejo se presenta como el primer parque temático y centro de interpretación dedicado exclusivamente a las razas bovinas de la Península Ibérica. Su objetivo combina divulgación, conservación genética y valorización del patrimonio ganadero tradicional.

«Hemos representado una finca de 17 hectáreas donde hemos simulado la Península Ibérica y los ríos más importantes», explica Carlos del Amo, impulsor del proyecto. «Los ríos son los caminos que dan acceso para ver las diferentes razas». A través de esos recorridos, el visitante puede conocer más de treinta razas autóctonas procedentes de distintos territorios de la peninsula ibérica, en España y Portugal.

El recinto reúne actualmente 32 razas autóctonas, entre ellas sayaguesas, alistanas-sanabresas, tudancas, serranas, moruchas o berrendas. El proyecto nació inicialmente ligado a la producción cárnica y al análisis de las características genéticas de distintas razas bovinas tradicionales. «Empecé a analizar qué terneras infiltraban más grasa y cuáles menos», explica Del Amo sobre el origen de la iniciativa. «Veía que los turancos, los alistanos y otras razas del país infiltraban de manera diferente».

Ese interés por las particularidades genéticas y productivas de las razas minoritarias acabó derivando en un proyecto mucho más amplio. «Llegó un punto en el que dije: «¿Por qué no estructuramos esto de tal manera que puedas contar una historia y explicar la historia de la Península Ibérica a través de los animales autóctonos?», señala.

INNOVACIÓN

Bos Taurozos representa además otra de las tendencias emergentes dentro del sector: la recuperación de razas tradicionales amenazadas por la intensificación ganadera y la sustitución progresiva por variedades de mayor rendimiento industrial. Muchas de estas razas han estado históricamente adaptadas a sistemas extensivos y a territorios concretos, manteniendo durante siglos un papel clave en el paisaje rural.

La explotación funciona también bajo un modelo distinto al de una ganadería convencional. «No es una ganadería tradicional como tal, sino una explotación que se nutre del turismo», resume Del Amo. La actividad combina visitas, divulgación, conservación animal y comercialización de productos ligados al sector gourmet.

Aun así, el desarrollo de este tipo de iniciativas no ha estado exento de dificultades económicas y personales. «Ha sido muy duro, algo que no recomendaría a nadie porque es complejo», reconoce Del Amo. «Desde que lo estructuras hasta que realmente sale adelante, te quieres morir». El empresario asegura que el proyecto ha atravesado numerosos momentos de incertidumbre y frustración durante sus primeros años de desarrollo. «Tan duro como bonito», resume.

Pese a ello, el crecimiento del proyecto ha sido importante en los últimos años. «Era una empresa en la que trabajábamos seis personas y ahora hay momentos en los que somos dieciocho». A ello se suma el empleo indirecto ligado al transporte, mantenimiento y servicios asociados a la actividad.

El auge de estas explotaciones coincide además con un momento de fuerte transformación dentro del sector agrario y ganadero regional. La pérdida de explotaciones tradicionales, el envejecimiento profesional y el abandono de superficie agraria han abierto el debate sobre nuevos usos del territorio y nuevas fórmulas de rentabilidad vinculadas al medio rural.

«No hay ganaderos, no hay vacas», resume Amparo González sobre la situación de muchas zonas rurales de montaña. En este contexto, algunas especies alternativas empiezan a verse como herramientas complementarias para mantener actividad económica y gestionar superficie forestal.

La prevención de incendios es uno de los argumentos que más se repiten alrededor de estos modelos. «El año pasado fue muy malo en incendios en Castilla y León», recuerda González. El consumo de vegetación y la limpieza natural del monte aparecen como algunas de las ventajas asociadas a estos animales. Tanto los bisontes como determinadas razas bovinas autóctonas son capaces de consumir matorral, vegetación leñosa y pastos de difícil aprovechamiento, contribuyendo a reducir la carga vegetal acumulada.

Aun así, el propio sector insiste en que estas explotaciones no representan una solución generalizada para el campo castellanoleonés. Los costes de implantación siguen siendo elevados, la regulación continúa siendo limitada y el manejo exige conocimientos específicos. En el caso del bisonte, además, la legislación obliga actualmente a mantener los animales cercados debido a su consideración administrativa como especie no autóctona.

La inversión inicial tampoco es menor. «Todo el mundo que piense que meter bisontes es el negocio redondo lleva un chasco», advierte González. Cada ejemplar puede alcanzar precios de varios miles de euros y los costes de mantenimiento, adaptación de terrenos y control sanitario siguen siendo elevados. Junto al bisonte, la reserva palentina trabaja también con otra de las especies más singulares presentes actualmente en Castilla y León: el caballo de Przewalski, considerado uno de los caballos salvajes más antiguos del mundo y ligado a programas internacionales de conservación genética. «Solo quedan unos pocos, no llega a dos mil en todo el mundo», explica González.

La explotación cuenta actualmente con ejemplares puros y mestizos nacidos del cruce con caballo losino, raza autóctona burgalesa. El interés por este tipo de especies responde también a una estrategia de diferenciación dentro del medio rural. Aunque su peso productivo sigue siendo reducido, generan interés alrededor de nuevas formas de gestión extensiva, turismo rural y conservación animal.

RECUPERACIÓN

En paralelo, proyectos como Bos Taurozos reflejan otro camino distinto; el de la recuperación de razas tradicionales vinculadas históricamente a la Península y a la cultura ganadera ibérica. Ambos modelos comparten, sin embargo, un mismo trasfondo: la búsqueda de nuevas fórmulas económicas para territorios afectados por la despoblación y el retroceso de la ganadería convencional.

Un escenario en el que bisontes, caballos salvajes, razas bovinas minoritarias y nuevas fórmulas extensivas intentan encontrar espacio dentro de un medio rural marcado por la pérdida progresiva de actividad tradicional. A esta transformación del sector se suma además un cambio progresivo en la percepción social de la ganadería extensiva. Durante décadas, buena parte del modelo productivo se centró en aumentar el rendimiento y reducir costes mediante explotaciones intensivas y razas altamente seleccionadas. Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a crecer un mercado que valora elementos como la trazabilidad, el bienestar animal, la sostenibilidad ambiental y el mantenimiento de ecosistemas rurales. En ese contexto, muchas de estas explotaciones alternativas intentan encontrar un hueco diferenciándose precisamente a través de la singularidad de sus animales y de su vinculación con el territorio.

Carlos del Amo considera que parte del interés creciente por este tipo de proyectos responde también a un cambio en el consumidor. «La gente empieza a valorar otras cosas más allá del precio», explica. Según señala, las razas autóctonas permiten trabajar con carnes orientadas a nichos gastronómicos concretos y vinculadas a producciones limitadas. «Ahora mismo están abocadas al sector gourmet», afirma sobre parte de las líneas de comercialización asociadas a Bos Taurozos.

La ganadería alternativa muy lejos de sustituir el peso de las explotaciones tradicionales. Sin embargo, estos proyectos reflejan cómo parte del sector comienza a explorar nuevas fórmulas para mantener actividad económica, conservar biodiversidad y generar oportunidades en un medio rural cada vez más envejecido y despoblado. Un escenario en el que conservación, turismo y producción ganadera empiezan a entrelazarse en busca de nuevas vías de supervivencia.

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