Diario de Castilla y León

La venta directa busca rentabilidad para el campo de Castilla y León

Los agricultores y los ganaderos podrán comercializar parte de su producción sin la necesidad de intermediarios para tratar de ganar margen económico y reforzar así el consumo de proximidad

Trenzado de los ajos en la VI Feria del Ajo y la Artesanía en la localidad vallisoletana de Portillo

Trenzado de los ajos en la VI Feria del Ajo y la Artesanía en la localidad vallisoletana de PortilloMiriam Chacón ICAL

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Los agricultores y ganaderos de Castilla y León cuentan desde ahora con un marco regulado para vender directamente parte de sus productos al consumidor final o mediante un único intermediario, una fórmula que busca mejorar la rentabilidad de las explotaciones y reforzar el vínculo entre el campo y los consumidores. La medida responde a una demanda histórica del sector agrario, especialmente entre explotaciones familiares y profesionales que llevan años reclamando alternativas para ganar valor añadido y reducir la dependencia de grandes cadenas de distribución. El nuevo sistema permitirá comercializar alimentos de producción propia a través de canales de cercanía, favoreciendo que agricultores y ganaderos obtengan un mayor margen económico por sus productos. La regulación diferencia dos modalidades: la venta directa entre productor y consumidor y los llamados circuitos cortos de comercialización, donde solo interviene un intermediario, como pequeños comercios, tiendas de alimentación o establecimientos hosteleros interesados en trabajar con producto local.

La actividad podrá desarrollarse desde la propia explotación agraria, en mercados y ferias tradicionales, mediante reparto a domicilio, plataformas de venta online o incluso a través de máquinas automáticas instaladas dentro o fuera de la explotación. Esta flexibilidad pretende facilitar la incorporación de explotaciones de pequeño y mediano tamaño, permitiendo adaptar la comercialización a las características de cada actividad agrícola o ganadera y a las nuevas demandas de consumo..

El sistema está dirigido a titulares de explotaciones inscritas en el Registro de Explotaciones Agrarias de Castilla y León (REACYL) que comercialicen producción propia. En el caso de productos transformados, como quesos, embutidos, vino, conservas o mermeladas, también será obligatorio figurar en el Registro de Empresas y Actividades Alimentarias de Castilla y León (REAAL), garantizando así el cumplimiento de los requisitos sanitarios y de seguridad alimentaria.

Uno de los aspectos que más valoran es la posibilidad de reforzar su posición dentro de la cadena alimentaria. Muchos productores consideran que los precios en origen continúan siendo insuficientes frente al incremento de costes que soportan las explotaciones agrarias, especialmente en sectores como cereal, horticultura o ganadería. La venta directa aparece así como una herramienta complementaria para recuperar margen económico y reducir la dependencia de intermediarios.

El modelo incorpora además un distintivo identificativo bajo el lema ‘Origen: aquí. Venta de Cercanía Castilla y León’, que deberán utilizar los productores acogidos al sistema. El objetivo es facilitar al consumidor el reconocimiento de alimentos comercializados mediante canales de proximidad y vinculados directamente a explotaciones agrarias de la Comunidad. Para buena parte del sector, esta identificación puede convertirse también en un elemento de diferenciación comercial ligado a la confianza y al origen local.

Control

La regulación fija límites máximos de comercialización para garantizar que este canal mantenga su carácter complementario y de cercanía. En el caso de los cereales podrán comercializarse hasta 30.000 kilos anuales, mientras que para legumbres el límite será de 10.000 kilos. También se autoriza la venta de hasta 30.000 kilos de fruta por especie, 10.000 kilos de hortalizas y hasta 50.000 kilos de patatas al año.

En productos transformados, el sistema permite comercializar hasta 2.500 kilos anuales de conservas vegetales, productos cárnicos o mermeladas por categoría, además de hasta 5.000 litros de vino, cerveza, vinagre o licores. También se contempla la venta de hasta 2.000 kilos de harinas y pastas. Estas cantidades están orientadas principalmente a explotaciones familiares o artesanales que buscan complementar su actividad agraria mediante la transformación y venta de productos elaborados.

El interés que despierta este modelo entre agricultores y ganaderos llega en un momento especialmente complejo para el sector primario. El incremento del coste de fertilizantes, carburantes, piensos, energía y productos fitosanitarios ha reducido notablemente la rentabilidad de muchas explotaciones, mientras persiste la incertidumbre derivada de la volatilidad de los mercados agrarios y la competencia exterior.

En provincias como Zamora, Palencia, León o Soria, donde predominan explotaciones familiares ligadas al territorio, la venta de cercanía puede convertirse en una oportunidad para mantener actividad económica y fijar población en el medio rural. Muchos jóvenes agricultores y ganaderos observan además este sistema como una posibilidad para desarrollar modelos de negocio más vinculados al consumidor final.

La iniciativa puede beneficiar especialmente a sectores como el hortícola, la apicultura, la producción quesera o determinadas elaboraciones cárnicas artesanales, actividades donde el consumidor suele valorar especialmente la calidad, el origen y el contacto directo con el productor. Productos frescos, locales y vinculados al territorio encuentran habitualmente una buena acogida en mercados de proximidad y pequeños comercios especializados.

Además del aspecto económico, agricultores y ganaderos destacan la importancia de recuperar la relación directa con el consumidor. La venta de cercanía permite explicar cómo se producen los alimentos, poner en valor el trabajo diario de las explotaciones y transmitir una imagen más cercana de la agricultura y la ganadería. En un contexto de creciente interés por la alimentación local y sostenible, muchos profesionales consideran que esta conexión puede ayudar a reforzar el reconocimiento social hacia el sector primario.

Los productores acogidos al sistema deberán cumplir las obligaciones habituales en materia de seguridad alimentaria, trazabilidad y etiquetado, además de mantener un registro básico de las operaciones realizadas y someterse a controles administrativos. Aunque parte del sector sigue reclamando una reducción de la burocracia, existe consenso en la necesidad de garantizar la calidad y seguridad de los productos comercializados mediante estos canales.

La consolidación de la venta directa y los circuitos cortos dependerá ahora de la capacidad de agricultores y ganaderos para aprovechar las nuevas oportunidades comerciales que ofrece la proximidad. El reto será combinar producción y comercialización sin incrementar excesivamente la carga administrativa, aunque buena parte del sector ve en esta fórmula una vía para reforzar la rentabilidad agraria, diversificar ingresos y acercar el campo de Castilla y León al consumidor.

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