Diario de Castilla y León

CEREAL

El maíz busca rentabilidad a contrarreloj

La campaña arranca en Castilla y León con un adelanto de la siembra favorecido por el tiempo, unas condiciones óptimas de nascencia y la garantía de agua para el riego

Plantación de maíz en Sahagún (León).

Plantación de maíz en Sahagún (León).ICAL

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El maíz encara en Castilla y León la fase final de su siembra en una campaña que, desde el punto de vista agronómico, ha arrancado con unas condiciones claramente favorables, pero que al mismo tiempo está marcada por una creciente preocupación en el plano económico. Se trata de un cultivo clave dentro del regadío de la Comunidad, especialmente en provincias como León, donde estructura buena parte de la actividad agraria, pero cuya rentabilidad está cada vez más condicionada por factores externos. La combinación de un inicio adelantado, buenas condiciones de nascencia y unos costes disparados define un escenario lleno de contrastes que preocupa al sector.

El desarrollo de la siembra ha estado marcado este año por un adelanto significativo respecto a lo habitual, favorecido por una ventana meteorológica especialmente propicia durante las primeras semanas de abril. Este comportamiento del clima permitió a los agricultores entrar antes en las parcelas, realizar labores en condiciones óptimas de tempero y avanzar con rapidez en la implantación del cultivo. Esta situación ha sido valorada de forma positiva por el sector, ya que permite ganar días de ciclo, algo fundamental en un cultivo como el maíz, donde el calendario influye directamente en la producción final.

«Normalmente se siembra a partir del 15 de abril y este año se ha adelantado casi a primeros», explica Arsenio García, representante de ASAJA en León, quien destaca que el calor registrado durante los primeros veinte días de abril ha sido determinante para acelerar los trabajos. Según señala, este adelanto no es habitual y responde a un comportamiento climático poco frecuente, que ha permitido optimizar el calendario de siembra y situar al cultivo en una fase más avanzada de lo que sería habitual en estas fechas.

Este adelanto ha tenido un impacto directo en el estado actual del cultivo, ya que una parte importante de la superficie se encuentra ya sembrada e incluso en fase de nascencia. En términos generales, el maíz ha podido implantarse en buenas condiciones en la mayoría de las explotaciones, lo que refuerza las expectativas desde el punto de vista agronómico. No obstante, el sector insiste en que el desarrollo de la campaña dependerá en gran medida de cómo evolucione la climatología en las próximas semanas, especialmente en lo que respecta a temperaturas y precipitaciones.

Sin embargo, el ritmo de la campaña no ha sido completamente lineal. La llegada de borrascas en las últimas semanas ha obligado a paralizar los trabajos en muchas explotaciones, especialmente en aquellas zonas donde el acceso a las parcelas se ha visto dificultado por el exceso de humedad. Este parón ha frenado el avance de la siembra en su fase final, generando cierta incertidumbre sobre los plazos de implantación en algunas fincas.

«Llevamos diez días prácticamente paralizados por la lluvia», señala Poli Castellanos, representante de COAG en León, quien reconoce que este parón ha afectado al ritmo de trabajo, aunque sin comprometer el conjunto de la campaña. Según explica, se trata de una situación habitual en primavera, donde las lluvias pueden retrasar puntualmente las labores, pero que en este caso ha coincidido con la fase final de la siembra

Lluvias

A pesar de estas interrupciones, el grueso de la superficie ya está implantado. Los agricultores coinciden en que la mayor parte del maíz está sembrado y que únicamente queda un porcentaje reducido pendiente, que se completará en cuanto mejore la meteorología.

«Puede quedar un 20% sin sembrar como mucho, pero en cuanto tengamos unos días de buen tiempo se rematará todo», añade Poli Castellanos, representante de COAG en León, quien sitúa el horizonte de finalización de la siembra en torno a mediados de mayo. Este plazo se considera todavía adecuado desde el punto de vista técnico, aunque cualquier retraso adicional podría empezar a afectar al potencial productivo del cultivo.

Las lluvias, además, han tenido un efecto claramente positivo desde el punto de vista agronómico. Aunque han ralentizado el ritmo de trabajo, han contribuido a mejorar las condiciones de humedad del suelo, lo que resulta fundamental para garantizar una buena nascencia del cultivo. En este sentido, el sector valora de forma positiva este aporte hídrico, especialmente en un cultivo tan exigente como el maíz.

«Han venido muy bien para la nascencia porque permiten que la semilla nazca sin necesidad de riego», explica Poli Castellanos, representante de COAG en León, quien subraya que este factor reduce costes y facilita el arranque del cultivo. En muchos casos, estas lluvias evitan tener que realizar riegos de nascencia, lo que supone un ahorro importante en términos energéticos y operativos.

A esta situación se suma un contexto favorable en cuanto a disponibilidad de agua, con los embalses de la cuenca del Duero en niveles muy elevados tras un invierno y una primavera lluviosos. Este factor es clave en un cultivo como el maíz, cuya viabilidad depende en gran medida del acceso al riego durante los meses de verano, cuando las necesidades hídricas son máximas.

«Tenemos los embalses en torno al 95%, así que la disponibilidad de agua para esta campaña es buena», señala Poli Castellanos, representante de COAG en León.

El maíz es, por definición, un cultivo estrechamente ligado al regadío, lo que condiciona de forma directa su distribución territorial dentro de Castilla y León. A diferencia de otros cultivos extensivos más generalizados, su implantación depende en gran medida de la disponibilidad de agua y de infraestructuras hidráulicas adecuadas, lo que explica su concentración en determinadas zonas de la Comunidad.

En este contexto, la provincia de León vuelve a consolidarse como el principal núcleo productor de maíz en Castilla y León, concentrando una parte mayoritaria de la superficie cultivada. Esta posición dominante no es circunstancial, sino el resultado de décadas de desarrollo del regadío, modernización de explotaciones y especialización técnica por parte de los agricultores, que han en contrado en este cultivo una base sólida para su modelo productivo.

«Podemos estar hablando de unas 75.000 hectáreas en la provincia de León», señala Arsenio García, representante de ASAJA en León, quien insiste en el peso estructural del cultivo dentro de este territorio. Esta cifra sitúa a León muy por delante del resto de provincias de la Comunidad, hasta el punto de concentrar más del 60% de la superficie total de maíz.

A nivel autonómico, la superficie total ronda las 112.000 hectáreas, según los últimos datos disponibles, lo que confirma la importancia del maíz dentro del conjunto de cultivos de regadío. Esta cifra refleja una cierta estabilidad en los últimos años, sin grandes incrementos ni descensos, lo que indica que el cultivo ha alcanzado un cierto equilibrio dentro de la estructura agraria regional.

Tras León, las provincias de Salamanca y Zamora ocupan el segundo escalón en cuanto a superficie, aunque a una distancia considerable. En ambos casos, el maíz tiene una presencia relevante, pero sin alcanzar el peso estructural que presenta en León, donde forma parte central del sistema productivo y de la planificación anual de muchas explotaciones.

Rendimiento

Es un cultivo que aquí se ha adaptado muy bien, lo entendemos y sacamos producciones muy altas», explica Arsenio García, representante de ASAJA en León, en referencia a la especialización alcanzada en su provincia. Este conocimiento técnico acumulado permite optimizar el manejo del cultivo y alcanzar niveles de producción elevados de forma sostenida.

Desde el punto de vista agronómico, el maíz destaca por su elevado potencial productivo, especialmente en condiciones de regadío modernizado. Se trata de un cultivo intensivo, que requiere una gestión precisa de factores como el riego, la fertilización y el control de plagas, pero que, bien manejado, ofrece rendimientos muy superiores a otros cultivos

En las principales zonas productoras de Castilla y León, las producciones medias se sitúan habitualmente en niveles elevados, lo que convierte al maíz en una de las opciones más productivas dentro del sistema agrario regional. 15.000 kilos por hectárea», señala Arsenio García, representante de ASAJA en León, en referencia a los rendimientos habituales en explotaciones tecnificadas. Estas cifras sitúan al maíz como uno de los cultivos más productivos de la Comunidad, siempre que se mantengan las condiciones adecuadas de manejo y disponibilidad de recursos.

El adelanto de la siembra registrado este año podría incluso contribuir a mejorar estos rendimientos, al permitir que el cultivo aproveche mejor el ciclo vegetativo y las horas de radiación solar durante los meses clave de su desarrollo. Este factor es especialmente relevante en un cultivo cuyo crecimiento está estrechamente ligado a la temperatura y la luz.

«Todo lo que adelantes en siembra repercute en producción», explica Poli Castellanos, representante de COAG en León, quien subraya que el calendario es una herramienta clave en la gestión del cultivo. Unos días de ventaja pueden traducirse en una mayor eficiencia en el desarrollo vegetativo y en una mejora del rendimiento.

En este sentido, el maíz se ha convertido en un cultivo altamente tecnificado en Castilla y León, especialmente en las zonas de regadío modernizado, donde los agricultores aplican estrategias avanzadas para optimizar recursos y maximizar rendimientos. El riego es, sin duda, uno de los elementos más determinantes en el desarrollo del cultivo. «Es un cultivo muy exigente en agua», recuerda Arsenio García, representante de ASAJA en León, quien insiste en que la rentabilidad del maíz está estrechamente vinculada al coste del riego. En aquellas zonas donde el agua es cara o limitada, el cultivo pierde competitividad frente a otras alternativas.

El encarecimiento de los insumos ha sido progresivo, pero especialmente intenso en el último año, afectando de forma directa a elementos clave como los fertilizantes, el gasóleo o la energía necesaria para el riego. Este aumento de costes no ha ido acompañado de una subida equivalente en los precios de venta, generando un desequilibrio que está reduciendo de forma notable los márgenes de los agricultores y obligando a replantear estrategias.

«Estamos haciendo la siembra más cara de la historia», advierte Arsenio García, representante de ASAJA en León, quien sitúa el foco en el fuerte incremento de los fertilizantes nitrogenados. Según explica, estos insumos han experimentado subidas muy acusadas en poco tiempo, lo que ha elevado de forma directa el coste por hectárea y ha tensionado la rentabilidad del cultivo desde el mismo momento de la siembra.

El impacto económico de este encarecimiento es especialmente significativo en el caso del maíz, un cultivo intensivo que requiere importantes aportes de nutrientes para alcanzar su potencial productivo. «Solo en fertilizante estamos hablando de unos 1.200 euros por hectárea», detalla García, una cifra que ilustra el peso que tienen estos insumos en los costes de la explotación.

Desde COAG coinciden en este diagnóstico y subrayan que el incremento de costes es generalizado, «El gasóleo ha pasado de 0,85 a 1,25 euros y los fertilizantes han subido muchísimo», señala Castellanos.

Rentabilidad

Este escenario obliga a los agricultores a elevar considerablemente el nivel de producción necesario para cubrir costes, lo que incrementa la presión sobre el cultivo y reduce el margen de maniobra ante cualquier incidencia. En la práctica, esto implica que solo con rendimientos elevados se puede aspirar a mantener la rentabilidad, lo que no siempre es posible en función de las condiciones de cada campaña.

«Hay que sacar entre 14.000 y 15.000 kilos por hectárea para no perder dinero», explica Arsenio García, estableciendo un umbral claro de viabilidad económica. Este nivel de producción, aunque alcanzable en condiciones óptimas, no está garantizado en todos los casos, lo que introduce un componente adicional de riesgo en la gestión del cultivo.

En algunos casos, la exigencia es incluso mayor. «Para cubrir costes hay que pasar de las 16 toneladas por hectárea», añade Poli Castellanos, lo que evidencia hasta qué punto se ha elevado el listón productivo necesario para equilibrar las cuentas.

A esta presión productiva se suma un mercado que no está respondiendo a la evolución de los costes. Las cotizaciones del maíz se mantienen relativamente estables en las lonjas de Castilla y León, sin reflejar el incremento de los insumos, lo que genera una desconexión evidente entre el esfuerzo del productor y el precio que percibe por su producto.

«El precio está en torno a 213 euros por tonelada», señala Arsenio García, en referencia a los valores actuales en el mercado regional. Se trata de un nivel que aporta estabilidad, pero que resulta insuficiente para cubrir los costes actuales, lo que sitúa a muchas explotaciones en una situación de rentabilidad muy ajustada o incluso negativa.

«Por debajo de 250 euros por tonelada no es rentable», subraya el representante de ASAJA, marcando el umbral mínimo necesario para garantizar la viabilidad del cultivo. Desde COAG, esta cifra se sitúa en torno a los 260 euros por tonelada, lo que refleja la presión existente sobre los márgenes.

Con la siembra prácticamente finalizada, todas las miradas están puestas en la evolución del mercado de cara a la cosecha. La incertidumbre es elevada y el sector teme que los precios no repunten lo suficiente como para compensar el incremento de los costes. «No sabemos cómo vamos a vender en noviembre o diciembre», reconoce García.

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