EQUINO
El caballar resiste en Castilla y León entre tradición e incertidumbre
La cría en extensivo del caballo permite sostener explotaciones en zonas de difícil alternativa, pero factores como el lobo, la falta de datos oficiales y la incertidumbre del mercado condicionan su futuro

Ediciones anteriores de la Feria del Ángel y de Caballo celebrada en la localidad de Fuentepelayonja.
En Castilla y León, el sector del ganado equino, centrado principalmente en la producción de carne de potro en sistemas extensivos, es una actividad poco conocida fuera del ámbito rural, pero con un peso real en determinadas comarcas ganaderas. Se trata de un modelo productivo muy ligado al territorio, basado en yeguas criadas en el monte y potros destinados mayoritariamente a la exportación, especialmente a países como Italia o Francia. Sin embargo, su evolución está marcada por la falta de visibilidad, la escasa comprensión social del consumo de carne de caballo y un fuerte contraste entre quienes ven un momento de precios relativamente buenos y quienes alertan de una crisis estructural en desarrollo.
El caballar en Castilla y León se mantiene como una actividad ganadera minoritaria dentro del conjunto agroganadero de la comunidad autónoma, aunque con una implantación territorial significativa en determinadas comarcas rurales del noroeste y áreas de montaña donde la ganadería extensiva sigue siendo el modelo predominante de uso del territorio. Su importancia no se mide tanto en términos de volumen económico como en su capacidad de mantener actividad ganadera en zonas de difícil alternativa productiva, especialmente en espacios de pastos comunales y monte abierto donde otras especies encuentran mayores limitaciones de manejo y adaptación al terreno.
El modelo productivo del equino en la comunidad está estrechamente vinculado a la ganadería extensiva, lo que condiciona de forma directa su estructura, su viabilidad y su evolución económica a medio y largo plazo dentro del sector agroganadero regional. Las explotaciones se basan en el aprovechamiento de recursos naturales como pastos de montaña y superficies comunales, con una intervención humana limitada a momentos concretos del ciclo reproductivo, sanitario y de comercialización de los animales.
Este sistema extensivo permite reducir de forma notable los costes de alimentación del ganado, lo que en teoría mejora la competitividad del sector frente a otros modelos más intensivos, aunque al mismo tiempo incrementa la dependencia de factores externos que escapan al control directo del ganadero. Entre estos factores destacan la climatología, la disponibilidad estacional de pastos y la presión creciente de la fauna salvaje en determinadas zonas del territorio.
En muchas explotaciones de Castilla y León, el ganado equino no constituye la única fuente de ingresos, sino que convive con otras especies como el vacuno de carne dentro de sistemas mixtos de producción. Esta diversificación responde a una lógica de gestión del riesgo económico, permitiendo compensar la variabilidad de ingresos entre distintas actividades ganaderas dentro de la misma unidad productiva familiar.
El peso del equino dentro de estas explotaciones mixtas suele ser complementario, lo que implica que su importancia económica no siempre refleja su relevancia territorial o su función en el mantenimiento del paisaje agrario. En numerosos casos, el caballo de carne actúa como un recurso adicional que contribuye a la sostenibilidad global de la explotación, aunque raramente constituye su base económica.
CENSO
El censo equino en Castilla y León se sitúa en torno a las 70.000 o 75.000 cabezas según estimaciones del propio sector ganadero, lo que convierte a la comunidad en una de las principales productoras de equino a nivel nacional dentro del contexto español. Esta cifra, sin embargo, debe interpretarse con cautela debido a la ausencia de estadísticas oficiales detalladas y desagregadas específicamente sobre la producción de carne de potro.
La falta de información estadística precisa sobre el sector equino dificulta el análisis de su evolución real en el tiempo, así como la evaluación de su impacto económico dentro del conjunto del sistema agroganadero de Castilla y León. Esta carencia de datos limita también la capacidad de las organizaciones profesionales y de las administraciones para diseñar políticas específicas de apoyo o regulación del sector.
La distribución territorial del ganado equino en la comunidad presenta una clara concentración en determinadas provincias, destacando especialmente León como principal área productora, seguida por el norte de Burgos y zonas concretas de Palencia. Estas comarcas coinciden con áreas de ganadería extensiva tradicional donde el aprovechamiento de pastos comunales y montes sigue teniendo un peso estructural importante.
La raza hispano-bretona continúa siendo la predominante en el sistema productivo equino de Castilla y León, debido a su adaptación histórica a las condiciones de manejo extensivo y a su resistencia a entornos climáticos y orográficos complejos. Esta raza se ha consolidado como base genética del sector, manteniendo su presencia en la mayoría de explotaciones dedicadas a la producción de carne de potro.
El sistema de producción del equino en la comunidad se caracteriza por una fuerte dependencia del medio natural, lo que implica que los animales permanecen gran parte del año en régimen extensivo en el monte. Este modelo condiciona tanto la organización del trabajo ganadero como la planificación reproductiva y sanitaria de las explotaciones ganaderas. El manejo del ganado se concentra en momentos específicos del ciclo productivo, especialmente en el periodo de parto y en las fases de recría, cuando los animales son trasladados temporalmente a fincas más controladas para facilitar su seguimiento y comercialización. Esta estructura de manejo es clave para el funcionamiento del sistema extensivo.
La exposición a la fauna salvaje constituye uno de los factores de riesgo más relevantes para el sector equino en determinadas zonas de Castilla y León, especialmente en áreas de montaña donde la presencia del lobo es más frecuente. Este elemento introduce un nivel adicional de incertidumbre en la gestión diaria de las explotaciones.
En este contexto, el responsable de sector equino de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), Raúl Azpeleta, analiza la situación actual del mercado desde una perspectiva relativamente optimista en términos de precios. Afirma que «el año 2025 puede haber sido el mejor año de toda la historia en cuanto a precios», situando el momento actual como una fase de recuperación dentro del sector.
Azpeleta añade que esta evolución positiva no es exclusiva del equino, sino que forma parte de una tendencia general del mercado de la carne en el sector ganadero. En este sentido, señala que «la carne en general ha subido y el sector ganadero se ha visto beneficiado», lo que ha repercutido también en la mejora de las cotizaciones del caballo de carne.
PRECIO
El miembro de UPA destaca además la evolución del valor del animal en el medio plazo, indicando que «un potro vale el doble que hace cinco años», lo que refleja una mejora significativa en la valoración económica del producto en origen dentro de la cadena de producción ganadera.
Desde su perspectiva, el sector atraviesa un momento relativamente favorable en términos de precios, ya que sostiene que «estamos en un momento bueno en cuanto a precios», aunque reconoce implícitamente que esta situación sigue dependiendo de factores externos como la exportación y la demanda internacional.
Sin embargo, esta visión más optimista contrasta con el análisis realizado por la responsable de ganadería de COAG Castilla y León, Verónica Peña, quien ofrece una lectura más crítica de la evolución del sector equino en la comunidad autónoma. Afirma que «en Castilla y León nos mantenemos como una de las principales regiones de equino en España», pero advierte de una predisposición a la baja.
Peña señala que «hay una tendencia muy clara al descenso» en el sector, lo que se traduce en una reducción progresiva del número de explotaciones dedicadas a la producción de equino en diversas comarcas rurales de la comunidad. La representante de COAG añade que «se están reduciendo las explotaciones», lo que refleja un proceso de pérdida de tejido productivo especialmente en zonas donde la ganadería extensiva ha tenido tradicionalmente un peso importante en la economía local.
Asimismo, advierte que «mucha gente está quitando el ganado equino», una decisión que responde a la combinación de factores económicos, ambientales y de rentabilidad que afectan a la continuidad de la actividad en determinadas explotaciones.
Uno de los principales problemas identificados por Peña es la falta de información estadística específica sobre el sector, ya que afirma que «no existe un desglose claro sobre el equino de carne», lo que dificulta el análisis de su evolución real dentro del sistema agroganadero.
En el ámbito de los factores ambientales, la responsable de COAG señala que «el problema más gordo que tenemos aquí es el lobo», situando la presión de la fauna salvaje como uno de los principales elementos de riesgo para la viabilidad del modelo extensivo en determinadas zonas. Peña añade que «los ganaderos están tomando la decisión de dejar de criar equino», lo que refleja un proceso de abandono progresivo de la actividad en algunas explotaciones afectadas por ataques recurrentes de fauna salvaje.
Según su análisis, «raro es la semana que no hay tres o cuatro ataques», lo que genera una situación de incertidumbre constante en la gestión del ganado y condiciona la toma de decisiones productivas.
En el ámbito productivo, el ganadero Mikel Vadillo describe un sistema basado prácticamente en su totalidad en la ganadería extensiva, afirmando que «las explotaciones generalmente son todas de extensivo» y que «se crían en el monte», lo que define la estructura del sector.
Vadillo explica que el manejo del ganado se concentra en momentos clave como el parto, señalando que «cuando vienen a parir se bajan a las fincas y luego el potro va a cebadero o matadero», lo que permite organizar el ciclo productivo dentro del sistema extensivo. Desde el punto de vista económico, el ganadero es claro al afirmar que «lo cierto es que no es rentable», aunque reconoce que en los últimos tiempos ha habido cierta mejora en los precios de mercado.
Vadillo sitúa las cotizaciones en niveles de «2,20 a 2,60 en vivo» y «entre 3 y 4 euros en canal», aunque señala que la evolución general del sector ha sido muy limitada en la última década.El ganadero añade que «desde hace diez años la situación ha mejorado muy poco», lo que refleja un escenario de estancamiento prolongado en términos de rentabilidad económica.
Uno de los problemas estructurales del sector, según Vadillo, es la falta de transparencia en la formación de precios, ya que afirma que «quién marca el precio es un tema un poco tabú», lo que genera incertidumbre en los productores. El ganadero Cesáreo Angulo ofrece una visión aún más crítica del sector equino en Castilla y León, afirmando que «todo está mal ahora» y que «de precio, también mal», lo que refleja una percepción de debilidad estructural del mercado.
Angulo sostiene que «hoy es imposible vivir de ello» y que «hoy no conozco a nadie que viva exclusivamente del equino», lo que refuerza la idea de que se trata de una actividad mantenida principalmente por tradición y vocación. Asimismo, señala que «ahora se está vendiendo entre 2,20 y 2,30 en vivo», lo que supone una reducción respecto a años anteriores en los que los precios eran superiores en el mercado de origen.
RELEVO
El ganadero también destaca el problema del relevo generacional, afirmando que «antes había seis u ocho ganaderos en un pueblo y ahora no queda nadie», lo que evidencia un proceso de despoblación ganadera en el medio rural.
En conjunto, el sector equino en Castilla y León se encuentra en una situación de equilibrio frágil, caracterizada por la coexistencia de una mejora de precios en determinados momentos con problemas estructurales como la baja rentabilidad, la presión del lobo, la falta de relevo generacional y la escasa disponibilidad de datos oficiales.
El modelo extensivo se mantiene como base productiva del sector, pero su continuidad depende cada vez más de factores externos como el mercado internacional, la evolución de la demanda en países consumidores y la capacidad de adaptación de las explotaciones a un entorno cada vez más complejo. El futuro del sector estará condicionado por la interacción entre mercado, territorio y políticas de gestión ambiental, especialmente en lo relativo a la fauna salvaje y al mantenimiento de la actividad ganadera en zonas rurales.
Por su parte, Azpeleta mantiene una vi sión más optimista del futuro del sector, afirmando que «en los próximos diez años vamos a estar mejor», mientras que otros actores del sector advierten de una situación más incierta y vulnerable.
En este contexto, el equino en Castilla y León se mantiene como un sector discreto pero relevante en determinadas comarcas, sostenido por la tradición ganadera extensiva, la vocación de sus productores y la necesidad de mantener actividad en territorios rurales con limitadas alternativas económicas.