Diario de Castilla y León

AVICULTURA

Huevos de colores en el valle de Caderechas: la apuesta de un joven ganadero burgalés

Javier Saiz aprovechará el cambio de lote de gallinas para incorporar un toque diferenciador

Javier Saiz recibirá el nuevo lote de 980 gallinas.

Javier Saiz recibirá el nuevo lote de 980 gallinas.ECB

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Loreto Velázquez

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Javier Saiz montó su granja de gallinas camperas en el año 2019. Ahora, aprovechando el impasse necesario para la renovación del lote, va a incorporar un pequeño grupo de gallinas rojas, Azur, de plumas blancas y olive egger. «Con ellas, además de los blancos, tendré huevos rojos, azules turquesa y verde oliva», explica Javier.

El sabor es igual que un huevo normal, pero estas razas destacan por la particularidad de tintar la cáscara. «Mi idea es mezclarlos con los huevos tradicionales y dar un toque diferenciador».

La nueva cabaña, formada por un total de 980 gallinas, llegará hoy 16 de febrero. «Compro Dekalb white e Isa Brown. Me las trae una empresa de Zaragoza que ya me ha suministrado y son aves de calidad, con muy buena puesta y, además, son tranquilas y dóciles».

Aunque es de Melgosa de Burgos, a la hora de montar la granja se decantó por el valle de Caderechas. «En cuanto lo vi, supe que era el lugar indicado: está cerca de la carretera y es una hectárea pegada al río. Es una explanada llana y he creado un jardín con más de 400 árboles frutales, entre manzanos, cerezos, almendros, pistachos, avellanos y perales».

La inversión rondó los 100.000 euros, que sirvieron para construir la nave, el silo para pienso, adquirir las primeras gallinas y tramitar todo el papeleo. «Además de la finca, compré un local en el centro del pueblo que utilizo para clasificar los huevos, embalarlos y como punto de venta directa a los vecinos», señala.

Reparto

El día comienza con él haciendo el reparto con la furgoneta, mientras las gallinas aguardan en la nave. «Vendo a la comarca del Ebro y Burgos ciudad».

Cuando termina, se activa la actividad en la granja. «Lo primero que hago es revisar los bebederos para comprobar que no hayan perdido agua y que las gallinas estén bien, y ya me pongo a recoger huevos. Lo hago todo manual: echo de comer a las gallinas en 35 tolvas de 20 kilos y reviso cada uno de los 160 nidos, porque cada una va a su ritmo. Cuando ya tengo los primeros huevos, voy al local a clasificar y estuchar y luego, por la tarde, a primera hora, regreso a coger más».

En condiciones normales, estas gallinas están en el parque casi todo el día. Sin embargo, desde noviembre de 2025, las medidas preventivas para evitar la proliferación de la gripe aviar obligan a su confinamiento en naves. «Afortunadamente, la alerta por la gripe aviar me ha pillado cuando iba a retirar el lote de gallinas. Estoy de vacío sanitario, limpiando las naves, y luego me he podido coger unas pequeñas vacaciones que han venido muy bien después de 24 meses seguidos».

Azores y águilas

Pero lo cierto es que, cuando se recupere la normalidad y las gallinas vuelvan al campo, también volverán los águilas y los azores, y no hacen prisioneros. «Cuando las gallinas están fuera, yo aprovecho siempre para limpiar la nave, los nidos y hacer arreglos, pero no les puedo quitar ojo, porque ya he tenido varios sustos con águilas y azores. El año pasado me mataron 30 gallinas y eso no te lo cubre ningún seguro. Al final, es una hectárea y, para ellos, es un bufete libre: en cuestión de segundos clavan las uñas y el pico y, aunque estés al lado, se te muere».

La vida en el exterior también tiene otros peligros, como parasitosis, ácaros rojos, pulgones, garrapatas o parásitos de lombrices, que no matan, pero dejan a la gallina desnutrida. «Con los autocontroles, como las pruebas de Salmonela, que son obligadas, o los análisis del agua que beben, que saco de un pozo que tengo en la finca y que potabilizo para uso ganadero, no he tenido ningún problema».

El último lote duró algo más de dos años. «Llega un momento en el que dejan de poner huevos o ponen muy pocos y, además, a determinada edad son más propensas a coger enfermedades. Hay que cambiarlas».

Unas 77 docenas al día

Las gallinas comienzan a poner huevos cuando cumplen los cinco meses. «Durante dos años tienen buena producción. Yo, las razas que traigo, ponen entre 300 y 320 huevos al año y, en picos productivos, recojo unas 77 docenas al día. Ahora que voy a meter las de colores, ya sé que la olive egger pone menos huevos».

A la hora de alimentarlas, completa con un pienso específico que compra cada dos meses, a granel, en Soria. «Suelo traer 9.000 kilos y el precio depende, porque cambia cada 15 días», señala, consciente de que es el mayor coste.

La única ayuda que ha tenido por ser joven ganadero la terminó de recibir el pasado 20 de enero, cuatro años después de haberla solicitado. «El primer pago lo recibí a los pocos meses, pero me faltaba la mitad de la ayuda», concreta mientras enseña el libro de explotación ganadera, donde debe apuntar los piensos, los kilos que comen, cuántos litros de agua beben al día así como los kilos de estiércol y dónde los lleva.

Aunque sabe que es un trabajo sacrificado, este ingeniero forestal y agrónomo tiene claro que es la vida que quiere vivir. «No me quejo, tiene sus cosas, como todo, pero aquí estamos en libertad, en el campo. Para mi no hay nada comparable».

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