VITICULTURA
«La cosecha ha sido buena y las bodegas con las que trabajo respetaron el precio»
Enrique Bonet gestiona 27 hectáreas ecológicas en la cooperativa Santa Eulalia, en La Horra, y ha lanzado su propio vino

Enrique posa en uno de sus viñedos
Enrique Bonet lleva toda su vida en el campo. Comenzó viendo a su abuelo, Julián Bonet, quien fue uno de los fundadores, en 1952, de la cooperativa Santa Eulalia de La Horra. Hoy gestiona 27 hectáreas de viñedo ecológico en el mismo municipio. «Este año ha sido una cosecha buena, de calidad, y las bodegas con las que trabajo respetaron el precio», señala.
Enrique se encarga de las viñas familiares, aunque posteriormente ha ido ampliando, comprando viñedos característicos y plantando. «La mitad del viñedo supera los 70 años de antigüedad. El resto procede de una selección masal realizada a partir de mis viñedos más viejos, un proceso que inicié en 2012 y que continúo empleando para las nuevas plantaciones», detalla.
Pero lo cierto es que no ha sido un año fácil; junto a los desafíos climatológicos adversos se ha unido un invitado con el que nadie contaba en la Ribera del Duero: el siempre temido Mildiu, una enfermedad fúngica que prospera en ambientes húmedos y templados, y que ataca a las hojas, zarcillos y racimos de la vid, provocando, en los casos más graves, una merma de la productividad. «Aquí, en La Horra, nunca habíamos visto mildiu. Dicen que, desde 1985, no había un ataque parecido. Afortunadamente, en mi caso, solo me afectó parcialmente a alguna de las parcelas».
Estar en viticultura ecológica ha supuesto un esfuerzo extra. «En un año normal, trabajar el viñedo en ecológico es muy sencillo. Basta con ser previsor, combatir las malas hierbas con intercepas y prevenir, con azufre o cobre, posibles infecciones fúngicas o plagas de insectos», detalla, sin olvidar el aceite de naranja para combatir ácaros, oidio e incluso Mildiu. El problema llega cuando la presión de mildiu es tan fuerte como ha ocurrido este año en España. «Al final hemos salvado la cosecha, pero ha sido una campaña difícil».
En su opinión, «no parece probable que nos enfrentemos de nuevo a una amenaza tan intensa, especialmente teniendo en cuenta que el mildiu no es endémico de la zona, a diferencia del oídio».
CUBIERTAS VEGETALES
En su opinión, las cubiertas vegetales son una herramienta positiva, de noviembre a mayo. «Ayudan mucho porque protegen de la erosión, mejoran la estructura y retención de agua del suelo, favorecen la biodiversidad en fauna y microbiología, regulan el vigor de la vid y la maduración de la uva, y contribuyen a la agricultura regenerativa, prescindiendo del uso de herbicidas y mejorando la calidad del vino», argumenta.
Enrique ha iniciado un proyecto personal: producir su propio vino. «Además de viticultor soy enólogo y, tras trabajar en Bodegas El Lagar de Isilla durante 18 años, tenía ganas de crear un proyecto de vino propio y en 2023 comencé a elaborar la primera añada de mi vino: Enrique Bonet Viñedo LH, con las variedades Tempranillo, Garnacha tinta y variedades minoritarias blancas. Lo elaboro en la bodega El Lagar de Isilla y, la verdad, es que estoy muy ilusionado».
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Con una producción limitada a 800 botellas en la primera añada, 1.000 en 2024 y 2.100 este año, el resto de uva la sigue vendiendo a sus bodegas de confianza.
A pie de viñedo, y superada la vendimia, ahora toca comenzar las tareas de la poda en seco o poda de invierno. «Lo ideal es retrasarlo todo lo más que se pueda y llegar a febrero, pero cuando dependes de mano de obra no puedes esperar a hacerlo todo en febrero porque luego no encuentras cuadrillas de personal y cada vez es más difícil. Yo, en mi caso, dejo para el último momento los viñedos singulares», señala, sin olvidar el abonado que acaba de terminar. «He echado una mezcla de humus de lombriz con carbón vegetal, de una empresa km0, para conservar la humedad, mejorar los nutrientes y la microbiología del suelo. Es una fórmula que probé el año pasado y que, dado los buenos resultados, he decidido extender este año a gran parte del viñedo».
CUBIERTA VEGETAL
También hará cambios en la cubierta vegetal. «Antes era una cobertura espontánea, pero la diversidad de vegetación de la zona no era la adecuada, así que he optado este año por sembrar plantas que aporten lo que el suelo necesita».
En las zonas más pobres ha sembrado rábano y esparceta, que dan estructura al suelo, mientras que en las zonas de más vigor ha puesto trébol y avena para que compitan por la humedad del suelo. «Hay un sinfín de fórmulas: guisante, mostaza, trébol, veza, rai-grass... Es un mundo muy interesante para el viticultor», señala este enólogo que también es socio de la asociación de enólogos Enoduero.