Diario de Castilla y León

VITICULTURA

«La cosecha Ribera 2026 será mucho más corta que la de 2025»

Rodrigo Martínez es viticultor y formador en Baños de Valdearados

Rodrigo Martínez Martínez posa en sus viñedos.

Rodrigo Martínez Martínez posa en sus viñedos.ECB

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Loreto Velázquez

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Rodrigo Martínez Martínez es un joven viticultor de Baños de Valdearados (Burgos), que compagina la gestión del viñedo familiar y contratos en otras bodegas, con su papel como divulgador y formador. Él lo tiene claro: tras esta vendimia de 2025, especialmente abundante en kilos, la de 2026 será mucho más corta. «El temor a que esta añada fuese escasa por el granizo, las heladas y, luego, el Mildiu, ha hecho que muchos viticultores no hayan tirado uva, y eso ha generado un estrés a la planta, que se va a notar en la siguiente cosecha», advierte.

Esta teoría se basa, además, en la huella que dejó la helada de septiembre. «Quitó muchas hojas, que debían haber aguantado dos o tres semanas, y eso repercute en la planta, porque ha tenido menos tiempo de cargar reservas, por lo que esta campaña partimos de una base más baja».

Mientras muchos viticultores ven los seguros como una obligación ante las inclemencias del tiempo, Rodrigo tiene sus dudas. «Todo depende de la zona, del riesgo de heladas... Yo, en mi caso, no tengo seguro porque mi viñedo es muy pequeño y, aunque este año ha caído un granizo histórico en Baños de Valdearados, suele ser tranquilo. Yo, más que apostar por un seguro, prefiero diversificar el negocio y las fuentes de ingresos».

Formación

Bajo esta perspectiva, la formación se ha convertido en su segundo pilar empresarial. «Colaboro con la Escuela San Gabriel, en La Aguilera, y también formo parte de los formadores del sindicato UCCL, con lo que imparto ponencias, hago talleres prácticos para viticultores o encargos en bodegas. Mi prioridad siempre es inspirar y que vean los trabajos de la viña como una expresión de una filosofía de vida».

Rodrigo ha encontrado así el equilibrio. «Creo que es el camino. No me veo plantando más, porque estoy solo, y rentabilizar sería difícil si tengo que tirar continuamente de externalizar trabajos».

La hectárea familiar que gestiona pertenecía a sus bisabuelos. «Me hice cargo cuando tenía 19 años, porque falleció mi padre. No me vi obligado, porque siempre me gustó y, de hecho, estaba estudiando la carrera Ingeniería agrícola -que luego terminé-, pero no sabía nada de viñedo y tuve que aprender rápido».

Gestionar un viñedo en vaso requiere, además, un esfuerzo extra. «A diferencia de los viñedos en espaldera, que va mecanizado, aquí es todo a mano, y encontrar personal cualificado es harto complicado y, luego, encima, lo tengo en ecológico, que es todavía más difícil».

Él intenta hacer la mayor parte de los trabajos. «Cuido la viña como lo hacían mis abuelos: labro con una mulilla, que es agotador, doy los tratamientos con la mochila y me paso la vida en el suelo entre cepas. Al final, es mejor no echar números de la cantidad de horas que echo aquí, pero he de reconocer que me encanta».

La campaña 2025 ha sido un reto. «Me salvé del hielo, pero el granizó arrasó una parte del viñedo. Afortunadamente, el resto ha ido muy bien y, además, he cerrado un buen precio». Él vende toda la producción, salvo una barrica que la familia hace para los amigos. «Aunque, en este tipo de viñedos viejos, lo normal es que se mezclase uvas tintas y blancas, aquí, en Baños de Valdearados, no hay tanta tradición de mezcla, como, por ejemplo, sí hay en otros municipios como Fuentenebro o Moradillo de Roa».

En un año marcado por el Mildiu, él ha tirado de experiencia. «Solo me afectó a una viña, que, curiosamente, era el primer año que la llevaba, pero estamos en una zona donde no ha habido grandes ataques de Mildiu y no estamos preparados. En Francia, donde estuve trabajando dos años en un chateau, daban 14 tratamientos al año, 10 más de los que doy yo. En mi caso, además, se complica porque estoy en ecológico y solo puedo tratar con cobre para prevenir».

Terminada la vendimia, su consejo pasa «por no tener prisa». «Yo retraso la poda en seco todo lo que puedo. El año pasado, por ejemplo, terminé de podar el 23 de abril, pero hay que tener cuidado, porque, aunque se puede podar hasta que comience la brotación, si llegas tarde y la dejas brotar, la planta perderá fuerza, porque la energía se concentra en las yemas de arriba, que luego vas a cortar. Si te ocurre esto, empezarás el maratón con la lengua fuera».

Por el contrario -insiste-, los que podan excesivamente temprano corren el elevado riesgo de sufrir los estragos de las heladas de primavera de forma más virulenta. «Ahora lo mejor es centrarse en el abonado de otoño-invierno», recomienda.

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