DE VINOS
La bodega de Alonso

Henar Pinilla, su hijo Alonso, el enólogo Álex Sierra y Rodrigo Ibáñez, en el patio de su bodega Las dos Antiguas
Antigua es una ciudad del antiplano central de Guatemala. Que yo sepa, la viña y el vino no son sus fuertes. Sí lo son sus cervezas y sus tamales, dentro de esa miscelánea de exóticos productos de América Central. Me falta otra Antigua. Para ello aterrizo en la campiña segoviana para que en una bodega de corte familiar que elabora y cría vinos muy interesantes y selectivos me hablen de Santa María de La Antigua, que es uno de los iconos monumentales de la ciudad de Valladolid. El jeroglífico ya se va descifrando. Esas son Las dos Antiguas, que es el nombre de la bodega de Henar Pinilla, enóloga, y de Rodrigo Ibáñez, ingeniero de telecomunicaciones. La historia sigue con sus contrastes. Rodrigo es de Valladolid y se casó con Henar, de Navas de Oro. Que, por cierto, no tiene ni viña ni tradición familiar al respecto en esta localidad segoviana. Pero ambos decidieron construir su pequeña bodega, su lagar y su nave de crianza. Todo con rigor técnico y enológico para que fuera el pueblo de Henar el lugar donde se elaboren y fermenten sus vinos.
La historia de Henar y Rodrigo está llena de aristas y podríamos asegurar que el estar fuera de la órbita de las denominaciones de origen y de las zonas tradicionales de vinos de la región no les ha impedido que todas sus elaboraciones tengan siempre un vínculo con la Ribera del Duero o con Rueda, ya que la procedencia de la uva es de viñedos localizados precisamente en ese ámbito. Sin duda, una apuesta valiente, pues no pasan de 7.000 botellas anuales que se venden prácticamente en la bodega de la calle Real de la villa peguera y a través de su página web.
Las dos Antiguas elabora vinos en cortas partidas. Tempranillos envejecidos en barrica en el caso de los tintos. Y blancos que ellos mismos definen como “raros”. Albillos, verdejos, malvasías y cierto interés por las viejas cepas centenarias en algunos de ellos. Como curiosidad, algún blanco se envejece en una bodega subterránea de Alcazarén. Henar y Rodrigo tienen muy claro su hueco en el mundo del vino y lo más curioso es que reciben centenares de visitas pese a estar fuera de los circuitos del enoturismo. Las instalaciones están bien diseñadas en un marco de decoración rural muy agradable. El joven enólogo malagueño Álex Sierra atiende a diario la bodega. Y Rubén Manchado se encarga de la materia prima que viene de Olmedillo. Pero hay algo que todos debemos tener claro, al menos así me lo dijo él mismo mientras me enseñaba las instalaciones: “la bodega es mía”. Se llama Alonso, tiene 10 años y es el epicentro vital de sus padres, Henar y Rodrigo. El Síndrome de Dravet, una enfermedad rara, le acompaña –en realidad a toda la familia- desde que tiene unos meses. Henar redujo su jornada “al 99%” para darle a Alonso todas las atenciones que necesita. Hoy, Alonso siente la bodega como suya. Te la enseña y no duda en asegurar que es suya.
Y lo cierto es que esta bodega, una perla suelta dentro del collar del vino en la región, no ha querido salir de Segovia y, aunque sus viñas estén Santiuste y Olmedillo de Roa, la fermentación y la elaboración la llevan a cabo siempre en Navas de Oro. Henar es licenciada en Químicas, pero además es de las primeras promociones de enología en la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Palencia. En los inicios de la bodega contó con el apoyo de enólogos como Benigno Garrido y Bertrand Erthard. Las dos Antiguas es la creadora de vinos como La Gavia, Taramuja, Anthos, Origen, Prestigio y Selección.
Los concursos internacionales y los prescriptores se han hecho eco de sus vinos. Hoy me sumo por su valioso cuadro sensorial en todos los sentidos. Suerte.