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Diego y Patricia posan en el interior del Restaurante Poli en Pancorbo.

Diego y Patricia posan en el interior del Restaurante Poli en Pancorbo.E.m.

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Diario de Castilla y León | El Mundo
Valladolid

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Algunos comieron con sus abuelos y con sus padres el cordero guisado de Araceli, la torrija en el postre y unos pimientos rellenos para chuparse los dedos. Y aunque parezca mentira, son muy pocos los restaurantes rurales que mantengan platos, familia y filosofía como el que hoy sacamos a relucir en Pancorbo, esa localidad burgalesa atravesada por la Nacional 1, por la línea ferroviaria y por la autovía. Su belleza natural y su pasado histórico convierten a Pancorbo en una población que casi todo el mundo conoce. Desde los tiempos de arrieros y carreteros, a la parada obligada de camiones y autobuses y a turistas y viajeros que buscan la salida para comer en Pancorbo. Quién no se ha detenido en este tramo de la Nacional a comer. A todos nos suena el restaurante Poli, a pie de carretera. Más de cincuenta años en las manos de la misma familia y que ha conservado la cocina popular y platos que ya marcaba la abuela Araceli que junto a Hipólito abrieron el restaurante en la carretera tras cerrar la carnicería del pueblo. Hoy, Patricia Isabel y Diego Cadiñano, nieto de Poli, están al frente de un restaurante que sigue doblando con sus menús a diario las mesas del comedor. Y ofrecen platos generosos, reconocibles y mantienen una comanda con más de diez platos a elegir en un menú de 14-15 euros. No hay más que comprobar el ajetreo y el servicio rápido y amable de las camareras, todas mujeres y de la zona. El Poli abre a las siete de la mañana y por lo tanto café, tortilla y bocadillos recientes garantizados. A la hora de la comida siguen llegando a la mesa los guisos de la abuela Araceli en la tercera generación con sus alubias, estofados de lentejas, cocidos y guisos de cordero. En los últimos tiempos, la parrilla aporta nuevas carnes rojas y blancas, secreto, solomillo, abanico y lagarto, entre otras. El bacalao a la riojana, garantizado como las patatas a la riojana. Diego recuerda que su abuelo plantó manzanos y que regalaba las manzanas a la clientela. Por eso, hoy no falta la manzana asada entre los postres. Sin duda una buena elección para comer camino del norte.

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