Diario de Castilla y León

LA POLA DE GORDÓN (LEÓN)

Pastelería de montaña

María Madrigal Pérez regenta este obrador con encanto en la Reserva
del Alto Bernesga que recupera los sabores de antes en dulces artesanos

María es un ejemplo de emprendimiento que ha apostado por la vida rural para realizar su pasión, la pastelería. A la izda, pastas artesanas ‘fontañinas’.

María es un ejemplo de emprendimiento que ha apostado por la vida rural para realizar su pasión, la pastelería. A la izda, pastas artesanas ‘fontañinas’.lp

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Existen obradores que parecen resistirse a la vorágine de la vida actual, al ritmo acelerado, que rinden tributo al quehacer de antes, al olor de mantequilla de montaña y a pastas recién hechas. Personas que cada día rompen con el estereotipo de los modelos de negocio ubicados en grandes urbes. En el corazón de la montaña central leonesa, dentro de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga se encuentra ‘A punto de Nieve’, un pequeño rincón dulce que abrió sus puertas el 8 de septiembre de 2023 casi como un alegato contra la España Vaciada. María del Pilar Madrigal Pérez es una nostálgica de aquellos dulces de antes, una apasionada de la vida de los pueblos con encanto. Se formó en el prestigioso centro privado de pastelería Saper de León creado por Don Santiago Pérez (inventor de las emblemáticas rosquillas de San Froilán). Allí completó los estudios de Pastelería General, Decoración en Chocolate y Panes Artesanos. “En casa de mis padres siempre hubo gusto por lo artesano, por hacer las cosas caseras en familia y disfrutar de los dulces y la comida casera. Me encantaba la pastelería desde siempre. La idea de emprender vino determinado por mis circunstancias personales, soy madre de una niña pequeña, sin apoyo familiar y no podía trabajar en un obrador por el horario laboral (las jornadas arrancan a las 4 mañana); era inviable. Fue una manera de poder conciliar mi vida familiar y laboral y poner en valor los conocimientos adquiridos”, explica.

Como muchos emprendedores buscó una alternativa, un plan B que le permitiera compaginar el oficio con su vida familiar. En La Pola de Gordón, un pueblo con encanto, encontró un lugar con posibilidades de poder adquirir una casa con obrador. En este municipio a orillas del río Bernesga con poco más de 2.800 habitantes empezó de cero su proyecto profesional y de vida. “Compré una casa que estaba en ruinas, tenía tuberías de plomo, empezamos a hacer obras. Entre las reformas y los papeles de las licencias estuve casi un año”, relata.

Su apertura fue casi un acontecimiento. No quedaban obradores en la villa que antaño había vivido otros tiempos dorados, cuando la minería era la principal fuente de riqueza de la zona. Hoy vive del turismo que se acerca a conocer la increíble naturaleza que rodea. “Al principio fue muy bien porque era la novedad, todo el mundo venía a verlo, a probar los productos. De junio a septiembre es la mejor época pero el resto del año es muy duro. Es un pueblo de alta montaña y las condiciones climáticas son duras”, sostiene.

Dentro de su variada oferta, hay dulces que se han convertido en imprescindibles como las tartas Lady Truffa (bizcocho esponjoso, trufa suave y fresas bañadas en chocolate blanco y negro), La Caprichosa (hojaldre caramelizado, crema de pistacho y mermelada de fresa casera, con frutos rojos y azúcar glas), Lemon Pie (base crujiente, cremoso relleno de limón y cobertura de merengue con pistachos picados), Sacher (bizcocho húmedo de chocolate con capas de mermelada de albaricoque, Brownie Truffa (capas de bizcocho brownie y trufa, con bolitas de galleta y chocolate) y de Almendras Estilo Santiago (fina y delicada, con mantequilla y azúcar glas). Además, elaboran magdalenas artesanales, roscones tradicionales y una amplia variedad de dulces que se adaptan a cada temporada y celebración.

Creadora de la fontañinas, pastas del pueblo

Las ganas por mantener la actividad y la vida del pueblo le llevaron a crear las Fontañinas, unas pastas de té con forma triangular que emula una cumbre. “El nombre viene porque están inspiradas en el pico Fontañán, la montaña más alta del pueblo, cada Fontañina tiene forma de pequeña cima nevada con azúcar. Su sabor delicado, su textura suave y su receta tradicional buscan despertar memorias, compartir momentos y celebrar el valor de lo auténtico”.

Fontañinas

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Cada Fontañina abre la caja de los recuerdos a los dulces de las abuelas. Delicadas pastas de almendra artesanas, con una textura tierna que se deshace en la boca, en forma de pequeña montaña, hechas a mano, una a una, con dedicación y saber hacer. “Cada Fontañina nace de un proceso profundamente personal. Desde la elección de los ingredientes hasta el horneado y el empaquetado”.

En su proceso de elaboración no hay maquinaria industrial, ni cadenas de producción. Solo manos expertas, un obrador pequeño en plena montaña leonesa, y un saber hacer que cuida cada paso: mezclar, reposar, cortar, pincelar, hornear, enfriar, empaquetar. Los ingredientes son todos de la zona, donde destaca la mantequilla, de altísima calidad,

Su empaquetado es tan delicado como su contenido, con ilustraciones vintage en formato de caja de cartón o metálica.

Con el tiempo María ha ido ampliando su carta de servicios con caterings para tipo tipo de eventos y cumpleaños. Trabaja para tiendas y restaurantes y también realiza talleres de repostería para niños y adultos. “Me gusta mucho acercar el oficio a los niños, son el futuro. Y con las personas mayores también, contribuyes a dar vida a pueblos y entornos como éste”.

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