Diario de Castilla y León

SEGOVIA

Madera, piedra y viña vieja

La bodega, perteneciente a Alma Carraovejas, cumple dos décadas de historia con una nueva bodega que evoca su identidad segoviana

Pedro Ruiz Aragoneses, CEO de Alma Carraovejas, y Elena Arranz, responsable de Proyectos del Alma Carraovejas.

Pedro Ruiz Aragoneses, CEO de Alma Carraovejas, y Elena Arranz, responsable de Proyectos del Alma Carraovejas.miguel angel santos

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En Nieva, localidad ubicada al noroeste de la provincia segoviana, se respira la cultura de la verdejo de una manera especial. Las temperaturas frescas de esta zona que se pierde entre un mar de pinares favorecen un blanco con identidad única, procedente de viñedos antiguos, algunos de ellos prefiloxéricos con más de dos siglos de historia. Son cepas plantadas en vaso que sobrevivieron a la plaga por las características del terreno. Los majuelos enraizan a 900 metros de altitud en terrenos arenosos y lenguas de pizarra. Las condiciones climáticas extremas obligan a sus uvas a dar lo mejor de sí mismas.

El viaje hasta la bodega Ossian Vides y Vinos nos recuerda que el verdejo tiene matices, que respira tradición. Aunque la marca nació en 2005 como un reducto de libertad por Javier Zaganini e Ismael Gozalo, no fue hasta 2013 cuando se incorporó al grupo Alma Carraovejas. “Fue una casualidad. Siempre me he sentido un enamorado de los blancos. Nos propusieron el proyecto y la verdad es que hubo una parte emocional muy fuerte”, recuerda Pedro Ruiz Aragoneses, CEO de Alma Carraovejas. Hijo de José María, el mítico hostelero segoviano, Pedro ha sido una figura clave en el desarrollo del grupo bodeguero. Movido por su instinto, convenció a su padre a la aventura de elaborar blancos de guarda. “Para nosotros Ossian supuso abrir la mente una barbaridad. Fue darnos cuenta de que había otro mundo igual de apasionante más allá de la Ribera del Duero”. 

Memoria viva

La incorporación de Ossian a Alma Carraovejas tiene una conexión sentimental con las raíces segovianas de sus fundadores, un trozo de historia que homenajea sus tradiciones, sus pueblos y sus paisanajes. La nueva etapa bajo Alma Carraovejas aportó impulso técnico, económico y humano, permitiendo dar un salto de calidad en la vinificación y en la proyección exterior. Desde entonces, se ha consolidado como sinónimo de verdejo de altura y de expresión pura de terroir segoviano que se eleva a un grand cru francés. En estas dos décadas ha pasado de contar con poco más de 4 hectáreas de viñedo propio a superar las 100 tras un largo proceso de compra de parcelas. “Cuando llegamos, muchas personas querían vender las viñas y poner pinares porque se pagaba más la resina que la uva.

 Nuestra intención era recuperar ese patrimonio vinícola”. Sin embargo, la verdadera joya de Ossian es su viñedo. Un tesoro vivo que se pierde en un radio de 20 kilómetros alrededor de Nieva entre los municipios de Nava de la Asunción, Moraleja de Coca, Santiuste de San Juan Bautista, Bernuy de Coca, Villagonzalo de Coca, Aldeanueva del Codonal, Aldehuela del Codonal, Codorniz, Melque de Cercos y Ochando. “Nos encanta reforzar la idea de que elaboramos ‘vinos de pueblo’. Cada verdejo nos habla de su pueblo, de su origen, de su identidad. Aldehuela sabe a una cosa, Santiuste tiene otros matices”, señala Pedro.

Desde sus inicios, Ossian trabaja en agricultura ecológica, sin herbicidas ni pesticidas (están certificados en las referencias de Ossian y Capitel). En bodega, la intervención es mínima. La idea no es hacer un “vino perfecto”, sino un vino verdadero, sostienen. En este tiempo, sus blancos de guarda se han convertido en un icono de sobriedad, elegancia y estilo. Su portfolio se compone de tres referencias: Quintaluna, su versión más fresca procedente de cepas jóvenes; Ossian, emblema de la bodega; y Capitel, una joya reservada a las viñas más centenarias. Vinifican por parcelas con fermentación espontánea y en su crianza emplean barricas de roble francés.

La bodega cumple veinte años con un nuevo hito, la inauguración de nuevas instalaciones. Un ambicioso proyecto diseñado por el estudio AMAS4 Arquitectos que se emplaza en la bodega original. “La nave de elaboración se nos quedaba pequeña desde el principio. Vimos que había que hacer una nueva bodega”, sostiene Pedro Ruiz Aragoneses, en una visita una vez finalizadas las obras. Su obsesión por la excelencia le ha llevado a buscar el modelo que mejor se adapte a las características del entorno, teniendo en mente dos ejes: sostenibilidad y respeto por el entorno. Fueron Almudena Calvo y Javier Blasco, desde la dirección técnica de Ossian, y manos derechas de Pedro, quienes encontraron la chispa de inspiración. “Durante un viaje a Chile vieron un proyecto basado en madera que les entusiasmó. Nos gustó esa idea y quisimos reflejar todo un concepto basado en la sostenibilidad con el canto rodado, la madera y la pizarra como protagonistas”.  

El alma del lugar

A partir de ahí comenzaron a desarrollar un complejo alejado de toda norma, diferente, fresco, armonioso y cuidadoso en cada detalle. En realidad, el germen del proyecto nace del respeto profundo al genius loci, al espíritu único de Nieva y su entorno, a las gentes de este municipio que no llegan a los 300 habitantes. A sus paisajes. En definitiva, reflejar el alma del lugar. El resultado es una infraestructura que recuerda a un pueblo castellano compuesto por 6 edificios funcionales con una plaza central. Allí se encuentra una de las partes más emotivas del entorno pues llevará el nombre del que fuera compañero de trabajo y parte de la familia de Alma Carraovejas, Jonatan Rubio, fallecido el pasado mes de mayo. “Hemos diseñado un monolito en su memoria”.

La nueva bodega, que será inaugurada el 29 de octubre, ocupa 2.557 m². Cada edificio está destinado a una actividad diferente: recepción de uva, depósitos de acero inoxidable, elaboración y crianza en madera, oficinas, zonas sociales para trabajadores y edificios de maquinaria. “Esta nueva bodega representa la visión que tenemos en Alma Carraovejas de unir el respeto a la tierra con el cuidado de cada proceso. No es solo una mejora de nuestras instalaciones, es una declaración de intenciones sobre el futuro que queremos construir alrededor del vino, apostando por seguir generando valor y desarrollo desde el medio rural”, apostilla. “Es también un agradecimiento y un homenaje a un viñedo único en el mundo, y a las personas que lo hacen posible día a día”, añade.

Su diseño y funcionamiento han sido concebidos para minimizar el impacto ambiental y emplear inteligentemente energías renovables con calderas de pellets o enfriadoras eficientes. “Todas las instalaciones van empotradas en muros y suelo, no están visibles para cuidar la estética. La arquitectura semienterrada ayuda a mantener una temperatura interior constante durante todo el año, mientras que las cubiertas vegetales aportan aislamiento adicional y favorecen la eficiencia energética”, explica Elena Arranz, responsable del departamento de Proyectos de Alma Carraovejas. Los materiales nobles de la zona —como la pizarra de Bernardos (un pueblo segoviano cercano) cobran protagonismo junto con el hormigón blanco texturizado y la madera. Arquitectura, paisaje y memoria se funden en un espacio que guarda equilibrio con el entorno, que respeta la tradición y que cuida hasta la mínima expresión la eficiencia energética.

Ossian, nombre que evoca al legendario guerrero irlandés, no sólo elabora grandes vinos blancos. Rescata la identidad olvidada del verdejo segoviano.

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