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Tratar infartos «sin dejar huella»

Investigadores del Hospital Clínico Universitario lideran un estudio centrado en la implementación de balones farmacoactivos en las arterias como alternativa a los estents

El cardiólogo Ignacio Amat-Santos y su equipo del Hospital Clínico Universitario de Valladolid

El cardiólogo Ignacio Amat-Santos y su equipo del Hospital Clínico Universitario de ValladolidJUAN GARCIA

Publicado por
María Bausela

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Un cambio de paradigma para tratar infartos «sin dejar huella». La grasa y el colesterol son dos factores comúnmente conocidos como capaces de causar bloqueos o estrechamientos en el flujo de sangre a lo largo de las arterias. Ambos componentes se unen para crear placas que frenan o disminuyen el torrente sanguíneo que pasa por la vía. Un proceso que, en el caso de las arterias coronarias, puede desencadenar problemas graves de salud como la angina de pecho o el infarto agudo de miocardio.

Para tratar esta falta de riego a una parte del músculo del corazón, se procede a realizarle un cateterismo al paciente para desobstruir la arteria en cuestión que ha causado este episodio. Sin embargo, esa limpieza de la arteria no es una garantía segura de que la vía y el flujo sanguíneo que pasa por ella no van a volver a ser objeto de este tipo de estrés, por ello, el tratamiento se completa con la implantación de una prótesis.

Es ahí donde entran en juego los estents, unos pequeños muelles metálicos que mantienen abierta la arteria, impidiendo que se cierre de nuevo. Adicionalmente, además de su función como herramienta para prevenir que se vuelvan a bloquear estas vías, las prótesis contienen un fármaco que se expulsa al cuerpo de forma permanente para evitar la acumulación de placa.

Pese a su facilidad para la instalación, ya que no requiere que se realice una gran incisión, y su utilidad de cara a ayudar a prevenir que se bloquee la arteria coronaria, los estents también cuentan con alguna desventaja, dado que suponen la instalación permanente de la pieza metálica y, en multitud de casos, conllevan el uso de fármacos complementarios que no siempre son bien tolerados por los pacientes.

Ahora investigadores de Valladolid presentan una nueva alternativa para tratar a los pacientes que presentan este bloqueo en sus arterias coronarias con un proyecto que plantea la sustitución de las prótesis por el uso de balones farmacoactivos que se pueden retirar del cuerpo una vez han surtido su efecto.

Esto representa «un cambio de enfoque muy interesante, al permitirnos tratar la enfermedad sin dejar una ‘huella’ permanente en la arteria. Y conlleva ventajas importantes, como reducir complicaciones a largo plazo o evitar tratamientos prolongados. Además, mantiene la arteria más ‘natural’, lo que puede ser clave pensando en el futuro del paciente», explica Ignacio Amat-Santos, cardiólogo, director de la Unidad de Cardiología Intervencionista e investigador del Instituto de Ciencias del Corazón (ICICOR) del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

El proyecto COPERNICAN surge fruto del trabajo diario de este doctor junto con un investigador del Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia, junto al cual realizó una intervención compleja en un paciente.

«Este tipo de colaboraciones resultan muy fructíferas porque permiten establecer diálogos que llevan a que surjan nuevas ideas. En aquel momento estábamos discutiendo el problema que suponía a largo plazo el hecho de implantar un elevado número de estents en un paciente joven, especialmente en el contexto del infarto agudo de miocardio».

En ese caso en el que estaban trabajando, las arterias del paciente en cuestión estaban contraídas, pareciendo de menor diámetro del que realmente tienen en general y, además, presentaban trombos. Por ello, poner el estent podía conllevar que se usen tamaños inadecuados, ya que les resultaba difícil estimar el tamaño correcto y, a largo plazo, «eso conduce a que los estents se vuelvan a estrechar o incluso a que se trombosen bruscamente, causando un nuevo infarto», añade.

Debido a esto, se les ocurrió que los balones con fármacos antiproliferativos «podrían ser la respuesta a ese problema», y decidieron poner en marcha un estudio para demostrar esta hipótesis y «responder a la pregunta de si se pueden tratar determinadas lesiones coronarias sin dejar un implante permanente dentro de la arteria».

Junto con el equipo de Valencia, pusieron en marcha un estudio clínico que ha obtenido una beca europea ‘EHRA for life’ de 3,1 millones de euros. Una financiación que les ha permitido pasar de un proyecto nacional, con la participación de 14 centros españoles, a un proyecto internacional, con la incorporación de otros seis hospitales nacionales y diez centros provenientes de Italia y Francia, sumando un total de 30 centros que participan en la reclutación de pacientes.

En dichos hospitales, aquellos pacientes que llegan con un infarto agudo de miocardio y acceden a participar en el estudio son tratados durante la intervención que realizan para desobstruir la arteria con el implante de estent o mediante dilatación con el balón recubierto de fármaco que retiran posteriormente. Formando dos grupos de seguimiento que son elegidos al azar.

Ambos grupos de personas serán estudiados por el equipo de investigadores durante los tres años posteriores a la intervención de cara a «comprobar que este tratamiento alternativo no solo es viable, sino que puede ser superior en eficacia y seguridad al uso convencional de estents en determinados casos, y reduce la mortalidad y los re-infartos. En el fondo, lo que buscamos es ampliar las opciones terapéuticas y poder elegir mejor qué es lo más adecuado para cada paciente», añade.

En este momento se encuentran en una fase avanzada, con la mitad de los pacientes ya reclutados, unos 700, y esperan completar este grupo de cerca de 1.500 pacientes en 2027 de cara a poder realizar el seguimiento inicial del primer año postintervención en 2028.

Una vez recopilados los datos mediante el seguimiento a largo plazo para entender si esta nueva opción de tratamiento del infarto puede ser comparable o superior al uso de implantes, su siguiente paso será analizar en profundidad toda la información y ver qué resultados han obtenido.

«La evolución de todos los pacientes incluidos en el proyecto es auditada por una empresa externa y vigilada por un comité internacional de expertos independientes que verifica que no haya ningún problema de seguridad. A partir de ahí, si los resultados se confirman, el objetivo es que esta estrategia pueda incorporarse progresivamente a la práctica clínica y a las recomendaciones de las guías», incide el investigador de Valladolid.

Aunque todavía se encuentran en fase de análisis, Amat-Santos remarca que lo que están viendo «es muy alentador». Esto se debe a que los balones farmacoactivos «están mostrando un buen comportamiento, tanto en eficacia como en seguridad a corto plazo. Algo que refuerza la idea de que, en determinados pacientes, podríamos tratar la enfermedad sin necesidad de implantar un estent».

«Abrir la puerta a una medicina personalizada en la que los pacientes reciben lo que realmente necesitan»

Para el paciente, el uso de balones farmacoactivos en las arterias como alternativa a los estents puede suponer «un cambio importante», ya que «poder tratar una arteria sin dejar un dispositivo permanente reduce ciertas complicaciones y puede simplificar el tratamiento posterior», apunta el director de la Unidad de Cardiología Intervencionista e investigador del Instituto de Ciencias del Corazón del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, Ignacio Amat-Santos.

«Cuando se implanta un estent, posteriormente es necesaria la toma de una serie de fármacos que previenen la trombosis, pero también favorecen el sangrado. Gracias a los balones, se podría minimizar el tiempo que esos fármacos se administran a los pacientes, evitando sangrados indeseados.

«Además, esto también abriría la puerta a una medicina más personalizada, en la que no todos los pacientes reciben exactamente lo mismo, sino lo que realmente necesitan».

El proyecto se ve muy marcado por la motivación profesional de Amat-Santos, que lleva 15 años dedicado tanto a la atención de pacientes como a la investigación clínica en enfermedades cardiovasculares.

«A lo largo de mi trayectoria he tenido la oportunidad de cambiar la forma en la que tratamos a muchos pacientes, siempre con la idea de hacer la medicina más eficaz, pero también más segura y menos invasiva.

«Mi trabajo es intentar que lo que investigamos no se quede en el laboratorio o en los congresos, sino que llegue realmente al paciente. Esa vocación de impacto real es la que ha guiado gran parte de mi carrera».

Por ello, el doctor asegura que si este proyecto contribuye a que se «pueda tratar mejor, con menos complicaciones y de una manera más respetuosa con el organismo, habrá merecido la pena.

«Pero, sobre todo, si ayuda a cambiar la forma en la que entendemos el tratamiento de la enfermedad coronaria, será un paso importante hacia la medicina del futuro», concluye.

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