Diario de Castilla y León

SALAMANCA

Los cambios en la calidad sueño

La USAL, el IBSAL y el CAUSA analizan los trastornos del sueño en adultos y sus diferencias por sexo y factores psicosociales para definir los factores determinantes de calidad del sueño

El profesor del Departamento de Enfermería y Fisioterapia, José Ignacio Recio Rodríguez, junto a su equipo de investigación.

El profesor del Departamento de Enfermería y Fisioterapia, José Ignacio Recio Rodríguez, junto a su equipo de investigación.ENRIQUE CARRASCAL

Publicado por
María Bausela

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Conocemos el sueño como una función y necesidad biológica integral para el desarrollo de la vida cotidiana, al restablecer las funciones esenciales para un pleno rendimiento. Este periodo de reposo, determinante para la salud, continúa siendo un enigma desde el punto de vista de la investigación científica, ya que, a pesar de parecer un fenómeno pasivo, genera una gran actividad cerebral y puede conllevar cambios en la presión, la frecuencia cardiaca, la temperatura, etc. Debido a estos factores cuenta con implicaciones directas en el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y trastornos mentales, entre otras patologías.

Según la Sociedad Española de Neurología en 2024 los datos mostraban que el 48% de los adultos del país no tenía un sueño de calidad. Por su parte, la Real Academia Nacional de Medicina de España apuntó durante el Día Mundial del Sueño del año pasado que más de 4 millones de españoles padecen algún tipo de insomnio crónico, el equivalente al 10% de la población nacional.

Para tratar de comprender mejor los cambios en los patrones del sueño en adultos la Universidad de Salamanca (Usal), el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA) han colaborado en una investigación con la que han analizado los trastornos del sueño y sus diferencias por sexo y factores psicosociales para definir los factores determinantes de calidad del sueño.

El estudio, publicado en ‘BMJ Open’, «contribuye a perfilar estrategias más personalizadas de intervención basadas en la evidencia y su enfoque integral, que combina salud mental, hábitos de vida y factores sociodemográficos, refuerza su valor aplicado en el ámbito clínico y de salud pública», explica el profesor del Departamento de Enfermería y Fisioterapia y director del proyecto, José Ignacio Recio Rodríguez.

«El 48% de la población adulta en España presenta problemas de calidad de sueño, pero además un 10% de esas personas tienen un problema cronificado en el tiempo. Basándonos en estos datos empezamos a pensar en cómo contextualizar exactamente qué perfiles de personas podrían mostrar una peor calidad de sueño, y también una mejor calidad de sueño».

Recio Rodríguez remarca que «el estudio de sueño es muy complejo», puesto que no se puede evaluar o analizar como una asociación bidireccional, de tal manera que si se tiene una buena alimentación esto conlleva mejorar la calidad de sueño. «No funciona de esa manera. No puede entenderse como una relación directa, sino como un resultado de múltiples factores que interrelacionan entre sí».

«Una de las principales labores que tienen los investigadores es crear líneas de trabajo que den respuesta a algunas de las posibles lagunas que pueda haber en el conocimiento, y en los últimos cinco años ha habido un empeoramiento de la percepción de la población en cuanto a su calidad de sueño, por ello queríamos ver si se podría llegar a los motivos detrás de porque algunas personas duermen mejor o peor. Nos propusimos identificar cómo influyen diferentes factores como la edad, el nivel de estudios, la salud mental; y otros aspectos relacionados con los estilos de vida, como la actividad física, la alimentación, o la propia habitabilidad de la vivienda, el tipo de clima…».

Para el desarrollo del proyecto seleccionaron un grupo de personas objeto de estudio a las cuales poder realizarles una serie de encuestas acerca de sus hábitos y calidad de sueño. Así optaron por contar con una muestra representativa de la población general, entre 25 y 65 años, de ciudades como Ávila y Salamanca. Estas personas fueron divididas en grupos según su edad de 25, 35, 45, 55 y 65 años con una muestra aleatoria de 100 personas en cada uno de esos bloques de edad, siendo 50 mujeres y 50 hombres.

Cada uno de los participantes respondió a los cuestionarios y se le colocó un dispositivo de medida en su muñeca para estimar su calidad de sueño durante cinco días. Adicionalmente, también se recogió una muestra de su sangre para ver sus niveles de melatonina en plasma a primera hora de la mañana. Dicha información fue volcada en una base de datos con la cual poder hacer un análisis a nivel global, en función de esos posibles determinantes de la calidad de sueño.

Así vieron que entre las mujeres, son aquellas pertenecientes al grupo de 55 años y con baja carga ansioso-depresiva las que presentaron patrones de sueño más estables y eficientes. Mientras que las de 35 años con mayor sintomatología ansioso-depresiva registraron una peor calidad del sueño con más despertares a lo largo de la noche y menor eficiencia.

Por su parte, en los hombres son los mayores de 65 años con estudios universitarios y baja carga ansioso-depresiva los que mostraron una mejor eficiencia del sueño pese a dormir menos tiempo. Mientras que, de nuevo, los de 35 años y con niveles más altos de ansiedad y depresión presentaron una menor eficiencia y más despertares.

De esta manera quieren contribuir a frenar «la falta de información sobre el contexto de sueño, concretamente de la población española, remarcando que este no puede entenderse de forma aislada, sino como el resultado de la interacción entre factores psicológicos, clínicos, sociales y de conducta», incide. Algo que abre la puerta al abordaje del sueño desde una perspectiva personalizada, adaptando las intervenciones según el perfil del paciente.

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