Diario de Castilla y León

Información frente al cáncer de mama

Investigadores vallisoletanos trabajan para obtener datos multifactoriales que permitan predecir el tratamiento idóneo para cada paciente / Su idea es reducir el tiempo de actuación, los efectos secundarios y el riesgo de recaída

Lucía Álvarez y Laura Senovilla en el Instituto de Biomedicina y Genética Molecular de Valladolid. PHOTOGENIC

Lucía Álvarez y Laura Senovilla en el Instituto de Biomedicina y Genética Molecular de Valladolid. PHOTOGENIC

Publicado por
Estibaliz Lera

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Sitiar al tumor y dejar cada vez menos posibilidades de actuar. Uno de los últimos movimientos en aterrizar en el arsenal terapéutico es la información. Sí, datos que pueden cambiar el curso de esta enfermedad que en 2020 transformó la vida a 2.3 millones de mujeres en el mundo. 

El cáncer de mama triple negativo representa entre el 10 y el 20% de todos los cánceres de mama invasivos. Se caracteriza por no expresar receptores hormonales, ni el receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano. Es frecuente en mujeres jóvenes menores de 40 años y tiende a crecer y extenderse muy rápido, por lo que, las opciones de tratamiento son escasas y suele tener un peor pronóstico. La probabilidad de supervivencia a cinco años es del 65%, frente al 86% de media en el cáncer de mama global.

En la actualidad el principal tratamiento recomendado sigue siendo la quimioterapia neoadyuvante, es decir, la paciente recibe quimioterapia para reducir el tumor y luego se procede a la cirugía. Sin embargo, estos tumores son muy diferentes entre ellos, y estas diferencias son la causa del fracaso de los tratamientos. Además, tiende a reaparecer con más frecuencia que otros tipos de tumor de mama. No obstante, si no reaparece en un plazo de cinco años, este riesgo disminuye. Pero si va acompañado de metástasis, la tasa de supervivencia es mucho menor, en torno al 11%.

De manera global, 700.000 mujeres murieron de cáncer de mama en 2020. Por esta razón, la comunidad científica tiene claro que los marcadores pronósticos utilizados no son suficientes para determinar el tratamiento más adecuado. Las recaídas son el principal obstáculo al que se enfrentan los clínicos y se deben, sobre todo, al desarrollo de resistencia a los fármacos administrados. 

En este sentido, investigadores del Instituto de Biomedicina y Genética Molecular (IBGM) de Valladolid trabajan para obtener datos multifactoriales que les permitan predecir el tratamiento idóneo para cada paciente. Para ello colaboran con la Unidad de Patología Orgánica de la Mama del Hospital Clínico Universitario de la capital, que le va a proporcionar muestras de enfermas con esta dolencia. «Estas muestras las vamos a utilizar para estudiar parámetros genéticos, metabólicos e inmunológicos, así como la capacidad de resistir a diferentes tratamientos y de generar metástasis», asegura la investigadora Lucia Álvarez, antes de apuntar que este estudio es complejo y de larga duración. 

Es verdad, comenta, que una vez que hayan podido recopilar todos estos datos, junto con las características clínicas de las pacientes, podrán identificar marcadores biológicos (biomarcadores) en estas personas que les ofrezcan la posibilidad de tomar decisiones terapéuticas más precisas y personalizadas tanto en cánceres primarios como recurrentes. 

En su opinión, esta hoja de ruta guiará a cada enfermo hacia un tratamiento optimizado y personalizado, que evitará el sobretratamiento, minimizará los efectos secundarios y mejorará tanto el tiempo libre de enfermedad como la supervivencia. No hay que olvidar, indica, que, en los últimos quince años, se han llevado a cabo numerosos estudios sobre el genoma, las proteínas o el sistema inmune dirigidos a encontrar nuevos biomarcadores de estos tumores . «Aunque los estudios llevados a cabo son muy pertinentes, cada uno de ellos se ha centrado en un único aspecto. Hasta ahora, no existe una investigación tan exhaustiva que considere tantas variables simultáneamente en una misma muestra como la que proponemos nosotros», sostiene Álvarez.

Respecto a las ventajas, la investigadora del IBGM deja claro que, una vez que hayan identificado los nuevos biomarcadores capaces de predecir el tratamiento más adecuado, podrían, en colaboración con los hospitales, analizar las muestras de las pacientes en el momento del diagnóstico o cirugía en base a estos biomarcadores para predecir la terapia que más se adecúa para cada enfermo. Esto, a su parecer, posibilitará reducir el tiempo de actuación, los efectos secundarios, el riesgo de recaída y aumentará la tasa de supervivencia.

Todo empezó, tal y como relata, a raíz de Laura Senovilla, su directora de tesis, quien ha contribuido con sus trabajos al avance en el campo de la inmunología del cáncer, identificando biomarcadores que favorezcan el reconocimiento y eliminación de las células tumorales por parte de las células del sistema inmune. «En estos estudios vio cómo la presencia y liberación de ciertas proteínas favorecían la resistencia a determinados fármacos y cómo el metabolismo de las células tumorales son claves en el desarrollo y crecimiento de los tumores». Con esta información encima de la mesa decidieron dar un paso al frente, ya que consideraron que todos estos procesos no son individuales, sino que están relacionados y, por eso mismo, van a estudiar todas estas características a la vez.

El proyecto, que arrancó en junio, cuando la Asociación Española Contra el Cáncer concedió a Lucía Álvarez la beca para realizar la tesis doctoral, tiene como meta contribuir a mejorar las propuestas terapéuticas de estas pacientes mejorando las estadísticas. Además, quieren aplicar esta metodología a otros tipos de cáncer como, por ejemplo, los glioblastomas y, para ello, ya cuentan con la colaboración del Servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico Universitario de Valladolid. 

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