Mercado inmobiliario
La venta de vivienda acelera en verano en Castilla y León y se sitúa a un paso del ‘boom’ de 2007
Alcanza el 90% de las ventas registradas en la burbua del ladrillo
La vivienda usada marca máximos y concentra ya el 83% de las transacciones

Vivienda en venta en la localidad berciana de Ponferrada.- CÉSAR SÁNCHEZ
Castilla y León mantiene el tirón inmobiliario frente al frenazo que se aprecia en buena parte de España. La Comunidad cerró 2025 con 36.432 compraventas de vivienda, su segundo mejor registro histórico tras crecer un 18,8%. Y ha iniciado 2026 con ritmo estable: entre enero y julio se contabilizaron 21.078 operaciones, apenas un 0,16% menos que en el mismo periodo del año anterior, frente al retroceso del 2,97% en el conjunto nacional. El impulso de junio y julio –en el que se alcanzaron 3.486 compraventas, el máximo mensual del año– permite a la Comunidad permanecer cerca de los niveles récord alcanzados durante el boom inmobiliario de 2007.
La resistencia del mercado autonómico contrasta con la evolución del conjunto de España, donde las compraventas descendieron hasta julio casi ese tres por ciento, con 408.881 operaciones acumuladas. El retroceso resultó más acusado en algunas autonomías con más actividad inmobiliaria como Madrid (-8,26%), Cantabria (-11,2%) y Baleares (-10%), según los últimos datos de la Estadística de Transmisiones de Derechos de la Propiedad del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Para entender por qué Castilla y León resiste mejor el embate de los tipos de interés elevados y el encarecimiento del crédito que el resto del país, hay que mirar hacia sus fronteras meridionales. La presión inmobiliaria desbocada en la Comunidad de Madrid —donde el precio del metro cuadrado ha expulsado de la capital a clases medias y jóvenes asalariados— ha consolidado un fenómeno estructural de dispersión de la demanda hacia las provincias limítrofes.
Ávila y Segovia, conectadas por alta velocidad y red viaria con la capital de España, se han convertido –junto a Guadalajara y Toledo– en las principales válvulas de escape. El caso abulense es paradigmático: entre 2020 y 2025, la compraventa de viviendas en la provincia se disparó un 151,8%, pasando de apenas 1.125 operaciones en el año del confinamiento a 2.833 en el ejercicio pasado. Lejos de agotarse, la tendencia se acelera en 2026: entre enero y julio, Ávila registra un crecimiento interanual del 9,44% con 1.750 transacciones, situándose a la cabeza del ritmo de avance en la Comunidad.
La evolución de Segovia , a 27 minutos de la estación de Chamartín, deja una estela similar. Tras marcar en octubre de 2024 un máximo mensual histórico con 314 compraventas, la provincia cerró 2025 con 2.887 operaciones —casi el doble que en 2020 (+92,1%)— y mantiene un volumen elevado de 1.644 ventas en los siete primeros meses de 2026. Este flujo constante contrasta con la contracción de la propia Madrid (-8,26% en lo que va de año), confirmando que el comprador no ha desaparecido, sino que se ha visto forzado a desplazar su residencia decenas de kilómetros en busca de precios asumibles.
Más allá de ese dinamismo fronterizo, la columna vertebral del mercado inmobiliario autonómico sigue descansando en sus tres grandes áreas urbanas e industriales. Valladolid, León y Burgos concentran el 54,9% de todas las compraventas que se firman en la Comunidad.
Valladolid encabeza el volumen absoluto con 7.754 transacciones en 2025 (un 20,2% más que el año previo) y acumula 4.197 operaciones hasta julio de 2026. Es, además, la provincia con mayor desarrollo de vivienda nueva de toda la región.
León, por su parte, experimentó un notable salto del 24,1% en 2025, alcanzando las 6.634 operaciones, y suma 3.911 en los siete primeros meses de 2026, consolidando una sólida recuperación de la demanda.
Y Burgos firmó 6.026 compraventas en 2025 (un crecimiento del 17,5%) y contabiliza 3.414 hasta julio de este año, empujada por la estabilidad de su empleo industrial.
En el resto del mapa autonómico, el comportamiento combina la estabilidad de Salamanca (4.577 ventas en 2025 y 2.696 hasta julio de 2026) con repuntes muy significativos en mercados de menor tamaño pero alta tensión local, como Palencia, que crece un 11,95% en los siete primeros meses de 2026 alcanzando las 1.387 transacciones, y Zamora, que suma 1.252 hasta julio.
Por último, Soria, el mercado de menor volumen absoluto de la Comunidad, cerró 2025 con 1.368 operaciones y contabiliza 827 en lo que va de 2026.
Si hay un dato que retrata las distorsiones estructurales del sector en Castilla y León es la composición de la oferta. La recuperación de las ventas no se está sosteniendo sobre la construcción de nuevas promociones, sino sobre un vaciado intensivo del parque residencial existente. En los siete primeros meses de 2026, el 82,89% de las viviendas vendidas en la Comunidad eran de segunda mano (17.472 operaciones), frente a un escuálido 17,11% de obra nueva (3.606 operaciones). Se trata del porcentaje más alto de vivienda usada registrado en toda la serie histórica del INE entre 2007 y 2026 en Castilla y León.
Basta echar la vista atrás unos años para observar que la brecha con el ciclo anterior es abismal. En 2009, la vivienda nueva llegó a representar el 49,88% de todas las ventas de la Comunidad, cuando aún se entregaban llaves de obras iniciadas en los últimos años de la burbuja. En 2007 se situaba en el 35,4% y en 2015 cayó al 22,9%. Hoy en día, la edificación reciente se ha convertido en un fenómeno testimonialen provincias como Palencia, donde la segunda mano supone el 88,3% del mercado. O en Ávila (87,3%), Zamora (86,9%) y Salamanca (86,4%). Tan solo Valladolid, con un 25,5% de obra nueva en 2026, y Soria, con un 22,6%, mantienen cierta cuota de ‘refresco’ residencial.
Las causas de esta atonía en la edificación nueva son múltiples: la paralización prolongada del crédito promotor tras el colapso de 2008, el encarecimiento de los materiales de construcción, la escasez de mano de obra cualificada y la lentitud burocrática en la tramitación del suelo. El resultado es un mercado que se nutre, en su mayoría, de inmuebles usados, envejecidos y a menudo poco eficientes, que son los que se ponen en circulación.
La perspectiva histórica permite dimensionar el alcance de la reactivación inmobiliaria en Castilla y León. En 2014, cuando el sector tocó fondo tras el estallido financiero, la Comunidad registró apenas 14.322 compraventas anuales. De ahí a las 36.432 operaciones cerradas en 2025, el volumen de ventas en la región experimentó una remontada del 154,4%, superando con creces la intensidad de recuperación del conjunto de España, que se sitúa en un 123,2% desde su suelo de 2013.
Esta aceleración ha permitido a Castilla y León recortar distancias con el pico de la burbuja inmobiliaria de forma más acelerada que otros territorios peninsulares. Esas 36.432 transacciones de 2025 equivalen al 90% del máximo histórico alcanzado en 2007, cuando se firmaron 40.464 viviendas. Mientras que autonomías turísticas o insulares han visto frenado su avance por la falta de suelo disponible o regulaciones locales, Castilla y León –impulsada por unos precios más accesibles que la media nacional– mantiene una subida estable que la sitúa a las puertas de rebasar sus máximos históricos de compraventa.
Sin embargo, las cifras de la estadística oficial dibujan una realidad de dos caras. Si para los indicadores macroeconómicos y la actividad patrimonial la intensidad de las compraventas es síntoma de dinamismo, para el ciudadano de a pie el diagnóstico es más complejo. El hecho de que el mercado esté dominado en casi un 83% por la vivienda de segunda mano, combinado con la virtual ausencia de vivienda protegida de nueva edificación en muchas capitales castellanas y leonesas, está tensionando con dureza los precios de adquisición. Los jóvenes de la región, golpeados por salarios medios que crecen a un ritmo muy inferior al de los activos inmobiliarios y por unas exigencias bancarias de ahorro previo que rondan el 20% o 30% del valor de tasación, encuentran serias dificultades para emanciparse.
Al mismo tiempo, la llegada de compradores procedentes de Madrid –que cuentan con mayores ingresos o con el dinero obtenido tras vender pisos más caros en la capital– está encareciendo las viviendas en ciudades como Ávila, Segovia y Valladolid. Como consecuencia, incluso pisos antiguos que necesitan una reforma profunda se venden a precios inasumibles para los sueldos locales. Esto termina expulsando a los residentes de la zona hacia el mercado de alquiler, que tampoco ofrece suficientes opciones y arrastra precios inflados.
El récord de ventas en Castilla y León ofrece así dos lecturas: por un lado, muestra un sector inmobiliario muy activo que resiste bien las turbulencias económicas; por otro, refleja un problema cada vez mayor para las familias locales, que encuentran serias dificultades para acceder a un hogar asequible.