Las muertes por ahogamientos en Castilla y León se duplican en cinco años
La Comunidad encara la nueva temporada de baño con 30 víctimas el año pasado y es el territorio no costero con más fallecidos
Protección Civil considera que "el reto es lograr un cambio en el comportamiento del ciudadano"

Operativo de búsqueda en el embalse de La Almendra
En los calendarios, primavera; en el ambiente, verano. Y cuando el sol acecha, las aguas se convierten en el refugio ante el abrasante calor, desde las piscinas hasta los ríos y embalses. Aunque la temporada de baño aún no ha comenzado oficialmente –con junio aún en el horizonte–, Castilla y León ya encara esos meses de chapuzones con una constante que no cambia: ser la región no costera con mayor número de ahogamientos mortales.
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Si esa etiqueta no cambió en el último año fue porque registró hasta 30 muertes, más del triple que hace cinco años (9) y muy distanciada de comunidades como Extremadura (2), La Rioja (4), Navarra (4), Madrid (5), Aragón (7) o Castilla-La Mancha (10), todas ellas con el rasgo común de que no tienen litoral. Es más, sus cifras son superiores a territorios que sí tienen costa, como Cantabria (13), País Vasco (14), Asturias (15) o Murcia (20), mientras se queda lejos de otros como Baleares (35), Cataluña (59), Comunidad Valenciana (61), Galicia y Andalucía (98), los líderes nacionales.
La treintena de fallecimientos por ahogamientos ocurridos en Castilla y León suponen la tercera cifra más alta registrada por la Escuela Segoviana de Socorrismo, cuyo último proyecto de investigación se enfocó en un recopilatorio de los incidentes y muertes acontecidos desde el 2013 hasta el 2025. Así, en este prolongada línea temporal, la Comunidad también se coloca en la misma posición que la del verano pasado, es decir, como la región no costera con el mayor número de personas fallecidas en el agua, con un total de 253. O lo que es lo mismo, con 19 víctimas mortales por cada año analizado.
En una detallada radiografía del trabajo de investigación del que se hace eco este periódico, sólo los años 2016 y 2019 superan los trágicos números registrados el año pasado, con 36 y 32 muertes, respectivamente. De hecho, pese a «cierta variabilidad anual, probablemente asociada a factores ambientales, climáticos y de exposición», no hay año en el que no se registre un caso de ahogamiento mortal, por lo que se descarta que «se traten de episodios excepcionales o anecdóticos». Y en 2026 la casilla ya está tachada, después de que un niño de tres años cayese a una piscina de la vivienda familiar en la que se encontraba en la localidad de Villaralbo, en Zamora, sin lograr su reanimación por parte de los equipos sanitarios desplazados.
«Este comportamiento indica que el riesgo no se concentra en un único episodio o en un año en concreto, sino que responde a patrones estructurales de uso del medio acuático interior», destaca el informe elaborado por expertos en ahogamientos en España. Este fenómeno, según explican, se debe al propio contexto territorial de Castilla y León, con más 45 embalses, una extensa red fluvial y numerosos afluentes, lo que convierte el ahogamiento en un riesgo estructural, no circunstancial. «No es que la situación sea curiosa, en realidad, es que no hay ninguna conciencia del problema del ahogamiento, en general, y, en particular, en Castilla y León, ya que la sensación es que los ahogamientos se producen principalmente en las zonas costeras y en las playas», afirma Luis Miguel Pascual Gómez, profesor de salvamento acuático y responsable de la investigación en ahogamiento.
Por localización de las muertes por ahogamiento en la Comunidad desde 2013 y hasta 2025, más del 86% se produjeron en ríos (68,1%), especialmente en zonas de baño no reguladas o de uso recreativo informal; embalses (12,2%), caracterizados por grandes láminas de agua, orillas irregulares, cambios bruscos de profundidad y ausencia frecuente de vigilancia; y otros sistemas de manejo del agua (6,1%). El resto se distribuyeron por piscinas públicas con vigilancia (4,5%), piscinas domésticas (3,6%), contenedores de agua o fuentes (1,6%), piscinas privadas no vigiladas (1,6%), aguas interiores sin vigilancia (0,8%), puertos y embarcadores (0,4%), y bañeras (0,4%).
En cuanto al perfil de edad de las víctimas mortales, el análisis extrae que el ahogamiento no afecta de forma homogénea a todas las edades, con una parte significativa de casos concentrados en el rango entre los 70 y 79 años, como también entre los 50 y 54. Ante ello, la Escuela Segoviana de Socorrismo explica que esa circunstancia en la población adulta y de mayor edad resulta coherente con el envejecimiento progresivo, el uso recreativo de entornos acuáticos naturales y la posible concurrencia de factores de riesgo personales. Así, es en los ríos donde se concentran las víctimas adultas y, en muchas casos, sin vigilancia; mientras en los embalses destaca la mortalidad de la población de mayor edad, por las actividades de ocio y pesca que allí se suelen realizar.
«Muchas personas se bañan en lugares que no conocen, sin información sobre profundidad, corrientes o posibles obstáculos. Al mismo tiempo, el exceso de confianza –especialmente entre quienes saben nadar o han visitado previamente la zona– lleva a subestimar peligros reales. No olvidemos que los entornos naturales sufren variaciones continuas por lo que conocer una zona previamente, no exime de hacer una valoración basada en las condiciones actuales en la zona. Esta combinación incrementa notablemente el riesgo», explica Irene Cortés, directora general de Protección Civil y Emergencias de la Junta de Castilla y León.
A la vista, el agua aparentemente inmóvil de un río y de un embalse puede parecer la mejor opción para buscar el alivio ante las temporadas calurososas, pero hay reside el riesgo, en su sobreestimación. «Los ríos presentan corrientes variables, fondos irregulares y obstáculos ocultos, mientras que los embalses añaden gran profundidad, temperaturas muy bajas en capas inferiores y dificultades para salir del agua», afirma Cortés, que apunta «un riesgo especialmente elevado» en los segundos entornos mencionados debido a su cambio de escenario entre una campaña de baño y otra por las variaciones durante el año hidrometeorológico.
En el análisis de los factores de riesgo también se concluye que en las víctimas de los grupos de mayor edad es más frecuente la presencia de antecedentes médicos, limitaciones físicas o circunstancias que reducen la capacidad de reacción ante una emergencia acuática, como son los accidentes fortuitos o las pérdidas de equilibrio; mientras que en los jóvenes se asocian más con las conductas de riesgo y con la sobreestimación de las propias capacidades. «Los expertos recomiendan informarse previamente sobre la idoneidad de la zona para el baño, seleccionar las zonas habilitadas para el baño, evitar hacerlo en solitario, entrar al agua de forma progresiva, no consumir alcohol y respetar cualquier señalización existente», señala la directora general de Protección Civil y Emergencias de la Junta , sin olvidarse de la evaluación de las condiciones del entorno, las propias físicas y la utilización de elementos de protección adecuados y homologados.
Mayor formación
Uno de los hallazgos más relevantes del informe resalta que la primera intervención en la mayoría de los casos de ahogamiento no es profesional, con un 63% de primeras ayudas prestadas por ciudadanos corrientes y un 28% por familiares o amigos, mientras que la cifra cae el 5% en el caso de socorristas. Al no saber intervenir los primeros intervinientes, el fallecimiento se potencia, también debido a la inexistencia de recursos materiales para utilizar en esa primera intervención y por el alto el tiempo de respuesta de los servicios de emergencia.
El informe de la Escuela Segoviana de Socorrismo incluye toda una serie de recomendaciones y medidas sencillas y factibles, como implementar un sistema permanente de gestión del riesgo, un ‘semáforo de seguridad’ para ríos y embalses, o un mapeo y refuerzo del equipamiento y del uso del DEA en zonas acuáticas.
Para Luis Miguel Pascual Gómez «no se está haciendo nada en el ámbito del ahogamiento» en Castilla y León, por lo que también ve una solución a la reversión de los ahogamientos a través de la formación «desde las edades más tempranas para crear una conciencia ciudadana de que el ahogamiento es un problema prevenible, evitable y en el que tenemos que aprender a realizar una intervención del ‘primer minuto’, que es la que salva vidas si se hace eficazmente». Un hecho, el de la formación, en el que coincide Irene Cortés, que traslada a su vez que «el principal reto, sin embargo, sigue siendo lograr un cambio real en el comportamiento de los ciudadano».